Nexus Parte I V: La Singularidad

…No es el tiempo.

Pero Josefina y Marianne sabían que la evolución era un proceso demasiado tardado, largo y tedioso que tenía sus fallas entonces no podían esperar para al final todo se vaya al carajo por una mutación que no pudieron controlar.

Controlarlo y acelerarlo era parte importante pero ¿Qué rumbo seguir? ¿Qué adaptaciones buscar? Ese era el trabajo más largo. Al final el punto era seguir siendo humanos, sin importar nada.

Ambas mujeres trabajaron en sus momentos libres, dentro del laboratorio del mismo hospital, lo que le permitía a Marianne también verificar el estado de su mamá y conseguir una que otra muestra.

—Los aparatos de este hospital son tan lentos— Dijo Josefina dejándose caer en su lugar, mientras esperaba que la electroforesis avanzara. Se terminó recargando en su mano con una mueca.

—Sabes que la electroforesis no depende del aparato, o sea, no siempre— Marianne se encogió de hombros.

—Lo sé, aun así está bastante obsoletos pese a ser el hospital más grande de la ciudad. Supongo que todo va para la guerra— Dijo Josefina soltando un largo suspiro— Al final lo único que importa es la guerra.

— ¿Estas contra la guerra?

—Es más complicado que eso— La mujer giro el rosto hacia Marianne— Odio el desperdicio de vidas, toda la vida es valiosa porque ahora mismo no sabemos lo lejos que podemos llegar.

—Ya veo…

—Como tú— Josefina se movió con su silla de ruedas hacia su compañera— Mírate, antes solo te centrabas en aburridos experimentos con gases venenosos y ahora ¡Buscas la cura del cáncer!

—Supongo que tiene razón.

—Yo siempre tengo razón— Dijo la mujer regresando a su lugar— Por cierto, como está tu mamá, hoy no la pude visitar.

—Si me dijo, me pidió que te saludara. Parece que te tomo cariño aunque menciona que fumas mucho.

—No he fumado cerca de ella— La mujer negó algunas veces.

—Lo sé, pero desde su cuarto te puede ver en tu lugar especial— Marianne se encogió de hombros.

—Ah, cierto, debe de estar en su rango de visión— La mujer regreso el rostro a la mesa— Ahora quiero fumar.

—No deberías seguir haciéndolo, preocupas a mamá— Marianne no pudo evitar reírse al decirlo.

—Puede que me lo piense, pero solo por ella— Josefina también se rio.

Pero como siempre, el peor enemigo de un científico que busca cambiar algo, es el tiempo, no es el gobierno buscando acapararlo todo, no es la falta de visión, es el tiempo y su inevitable paso.

Marianne estaba frente a la tumba de su mamá, en aquel día soleado, casi como si fuera una broma cruel. No aguanto más que unos meses pese a lo rápido que ambas mujeres trabajaban.

Siguió empeorando.

—Debimos quedarnos más tiempo en el laboratorio, lo siento— Josefina estaba a un lado de Marianne mirando la lápida de aquella dulce mujer que le dijo que debía fumar menos. No lo dejo pero admitió que había llegado a fumar menos.

­—La verdad es que no hubiésemos podido hacer más— Admitió la mujer negando con la cabeza y sonriéndole a su compañera con cierta tristeza— A veces no podemos hacer nada incluso si nos esforzamos mucho.

Josefina le pego en la cabeza— El punto es no dejar de intentarlo ¿No te parece? Dime ¿Seguiremos trabajando juntas en eso?

—Yo ya no tengo razones para hacerlo…

— ¿De qué hablas? Hay más gente allá afuera sufriendo de cáncer y de otras horribles enfermedades y con la guerra en puerta, sufrirán de muchas cosas más ¿No crees que si llegaste tarde aquí, podrás llegar a tiempo allá?

Marianne le miro con atención.

—Supongo que tienes razón.

—Recibí una propuesta del ejercito enemigo— Dijo la mujer manteniéndose cerca de Marianne quien le miro con una ceja levantada, un tanto perturbada por sus palabras— Financiación enorme con el fin de seguir investigando, quieren armas pero me dejaron hacer lo que quisiera con lo que sobraba.

— ¿Bromeas? ¡Es muy peligroso!— Le dijo Marianne negando varias veces con su cabeza.

—Me dijeron que podía traer a gente de confianza y solo pude pensar en ti ¿No lo ves? Crearnos armas pero también podríamos crear sus curas, podríamos crear y avanzar a la humanidad a un nuevo nivel— La mujer esbozo una larga sonrisa.

En ese momento Josefina Mengele se transformó en el Ángel de la muerte pero Marianne no lo sabía.

Y desde ese momento Marianne entendió que lo mejor que podía hacer era ser ella misma el sujeto de prueba. Ella entendía mejor que nadie las palabras de Josefina sobre el valor de la vida.

—Aún tengo fe en ti, Amapola— Dijo Marianne mientras le apuntaba con mi espada— Si te rindes, podría capturar a tus amigos como nuestras mascotas. Odio tener que desperdiciarte ¿Sabes?

Hela trato de matarla desde atrás con sus dos espadas pero la mujer evito los cortes con su mano con facilidad, sin girar el rostro, fue entonces que pudo ver entre sus cabellos un ojo.

La mano de la mujer se dobló hacia atrás para sacar unas enormes uñas que le pegaron a Hela en el pecho, atravesando sus ropas y haciéndola sangrar y pese a que Hela quería aprovechar esto, la mujer se apartó muy rápido, lanzándola lejos.




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