Ni Amigos, Ni Desconocidos

Capitulo Once: Bomba

Estuve manteniendo la sonrisa en el rostro durante casi toda la noche. Reía cuando era necesario, hacía algún comentario ingenioso si la conversación comenzaba a apagarse e incluso me unía a las bromas de Dominic cuando veía que Adhara empezaba a observarme más de la cuenta. No era especialmente mala fingiendo, nunca lo había sido, pero conocía a mi mejor amiga desde hacía demasiados años como para no saber exactamente cuándo comenzaba a sospechar que algo no estaba bien. Cada vez que notaba aquella mirada preocupada sobre mí, inventaba cualquier tontería, soltaba una carcajada un poco más fuerte de la necesaria o desviaba el tema hacia Lucas, el trabajo o el karaoke. Funcionaba... al menos por un rato.

Había conseguido convencerme de que quizá la noche terminaría siendo exactamente lo que necesitaba. Dominic seguía paseándose entre las mesas saludando a prácticamente todo el mundo, algunos clientes ya comenzaban a desafinar sobre el escenario con un entusiasmo digno de admiración y Adhara no dejaba de reír cada vez que alguien destrozaba una canción que conocíamos. Poco a poco el nudo que llevaba instalado en el pecho desde hacía días parecía aflojarse apenas un poco.

Hasta que la puerta volvió a abrirse.

No levanté la vista de inmediato.

Lo hice únicamente porque varias personas saludaron al mismo tiempo.

Y entonces los vi.

La maldita tríada divina.

Lucas entró primero, vestido de manera completamente informal, con unos vaqueros oscuros, zapatillas blancas y una camisa azul marino remangada hasta los antebrazos. Se veía relajado, como cualquier otro viernes entre amigos. Detrás de él apareció Martín, quien parecía haber interpretado el concepto de "ropa casual" de una forma completamente distinta al resto de la humanidad. Llevaba una chaqueta clara perfectamente ajustada, varias pulseras adornando una muñeca, el cabello impecablemente peinado y esa sonrisa descarada que anunciaba incluso antes de abrir la boca que había llegado dispuesto a coquetear con todo aquello que respirara.

Y finalmente... Alejandro.

Mi respiración vaciló durante apenas un segundo.

Vestía exactamente igual que casi siempre cuando no tenía reuniones importantes: unos pantalones oscuros, una camiseta lisa de color beige cubierta por una chaqueta ligera y unas zapatillas blancas impecables. Nada llamativo. Nada extravagante. Colores neutros. Líneas sencillas. El cabello perfectamente acomodado como si el viento hubiera firmado un contrato comprometiéndose a no desordenárselo jamás.

Era irritante.

Profundamente irritante.

¿Cómo podía alguien verse tan bien intentando pasar completamente desapercibido?

Desvié la mirada antes de que él pudiera descubrirme observándolo.

Demasiado tarde.

Sentí sus ojos sobre mí incluso antes de volver a levantar la vista.

Lucas fue el primero en encontrarme. Durante apenas un instante nuestras miradas se cruzaron y sin necesidad de decir una sola palabra, me dedicó una expresión cargada de disculpa. Casi pude escuchar lo que estaba pensando.

"No pude evitar traerlo."

Le respondí con una sonrisa pequeña apenas perceptible, intentando hacerle entender que no tenía por qué disculparse, despues de todo eran mejores amigos desde la infancia segun me habian contado, y yo apenas era su amiga (si es que se podia llamar asi) porque era el novio de mi mejor amiga. Él soltó el aire con discreción y enseguida caminó hacia Adhara quien prácticamente se lanzó a abrazarlo en cuanto estuvo lo suficientemente cerca.

Mientras tanto, Martín ya había comenzado a hacer exactamente lo que todos esperábamos.

—Bueno... —se frotó las manos con una sonrisa llena de picardía mientras recorría el local con la mirada—. Veamos quién va a enamorarse de mí esta noche.

Alejandro soltó una risa baja.

—Me preocupa más la cantidad de demandas que podrías recibir.

—Qué poca fe me tienes.

—La experiencia habla por sí sola.

Martín negó dramáticamente con la cabeza mientras seguía inspeccionando el karaoke en busca de alguna posible víctima de sus encantos.

Alejandro incluso respondió un par de comentarios más.

Asintió.

Sonrió.

Se rió de alguna tontería que Martín dijo.

Pero no hacía falta ser especialmente observadora para darse cuenta de que su atención no estaba realmente allí.

Porque aunque fingiera escuchar la conversación... No dejaba de mirarme. y yo hacía exactamente lo contrario.

Me concentré en remover el hielo de mi bebida con la pajilla una y otra vez fingiendo un interés absolutamente desmedido por unos cubitos de hielo que comenzaban a derretirse. Miré hacia el escenario. Después hacia Dominic. Luego a una pareja que discutía amistosamente por la siguiente canción. A cualquier parte.

A cualquier lugar menos a él. Sin darme cuenta mis dedos rozaron el anillo que volvía a descansar sobre mi mano izquierda.

Lo había vuelto a usar dos días después de aquella conversación, no porque de pronto hubiera desaparecido toda la confusión que llevaba dentro ni porque mi corazón hubiera dejado de reaccionar cada vez que recordaba aquella noche. Lo había hecho por Sebastián.

Porque después de pensarlo durante horas comprendí que él no merecía cargar con las consecuencias de una historia que nunca había provocado. Sebastián era amable, paciente, atento y respetuoso. Nunca me había exigido sentir algo que todavía no podía ofrecerle, jamás me había presionado para comportarme como su prometida y aun así seguía tratándome con una delicadeza que muchas personas solo demostraban después de años de relación.

Se merecía al menos ese pequeño gesto de respeto.

Quizá había llegado demasiado tarde o quizá Alejandro había llegado demasiado temprano. Ya ni siquiera sabía cuál de las dos opciones dolía más, porque estaba segura que si Sebastián hubiera aparecido un par de años antes en mi vida probablemente me habría enamorado de él.




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