—¡¿Quieres explicar por qué me mentiste?!
Abro mis ojos de inmediato, sobresaltado. Durante unos segundos estoy desorientado, sin reconocer mi propia sala. Mierda, ¿en qué momento me quedé dormido?
La televisión sigue encendida y transmitiendo algún episodio de la serie. En el sitio donde Aiden estaba sentado solo se halla la funda del traje, la bolsa de regalo y el celular del rubio.
—¿Quieres bajar la voz? Es casi media noche.
Reconozco la voz de Erick.
—¡Exactamente, es casi media noche y quiero saber dónde estabas! Tengo tu estúpido mensaje donde decías que estabas aquí y que estabas a punto de irte a dormir.
Creo que la discusión se escucha en la cocina. ¿Cuánto tiempo llevarán hablando? Maldición, ¿por qué me quedé dormido aquí? Si me asomo, uno de ellos podría verme y qué incómodo sería eso.
Detesto admitirlo, pero debí escuchar a Aiden y haberme ido a dormir a mi habitación.
—No pensé que fueras a venir tan tarde.
—¡¿Y por eso me mentiste?!
Sabía que Erick estaría en un apuro más tarde. Debería sentir pena por él, pero no la siento en lo absoluto, en parte porque ignoró mis mensajes y llamadas. Además, estas son sus consecuencias por guardar secretos y omitir información.
—Lo siento, ¿bien? No debí mentirte, pero ¿a qué viniste?
—¡Para salir! —Replica.
—¿Salir? Por Dios, Aiden, cuando te envié el mensaje ya era muy tarde. ¿A dónde se supone que vamos a salir a esta hora?
Aiden no responde enseguida. Casi puedo adivinar que debe estar haciendo uno de sus gestos hilarantes.
—Al karaoke —revela, con un tono serio, como si la respuesta fuera evidente —. ¿Olvidaste que fecha es?
Erick tampoco responde de inmediato. Y con él no sé que gesto debe estar haciendo.
—Aiden....Sí, discúlpame, yo…
—¡No puedo creer que lo hayas olvidado! —lo interrumpe—. Ahora lo entiendo, es por eso que no mencionaste nada en todo el día. Creí que estabas planeado una sorpresa o algo así. ¡Hasta pensé que Hugo y Alfredo me habían invitado a esa estúpida cafetería para distraerme!
Yo tampoco tengo mucho aprecio o estima al lugar donde trabajo, pero es inevitable que no me sienta un poco ofendido por ese menosprecio.
—Obviamente nunca llegó la sorpresa, por eso planeé algo de último momento —continúa—. ¡Todavía te traje un maldito atuendo para que no tuvieras que preocuparte!
—Aiden, por favor, perdóname —dice Erick, su voz se oye suave, afectuosa—. Te juro que no fue mi intención.
—¿Qué pasa contigo? Últimamente desapareces, ignoras mis mensajes, cancelas las citas y ahora olvidas nuestro aniversario.
Frunzo el ceño y me levanto del sofá despacio para evitar hacer ruido. Me pego a la pared para acercarme a la esquina y poder verlos.
Dudo un segundo antes de asomar la cabeza. Aiden se dio cuenta cuando quise espiarlo, ¿qué tal si me descubre de nuevo? No podré enterrar mi cara bajo la tierra para ocultar mi vergüenza.
Al diablo, viví años con cuatro hermanas y dos padres conflictivos. Mi habilidad para escabullirme y espiar sin ser detectado debe seguir intacta. Lo de antes solo fue un descuido, no estaba concentrado.
Asomo la cabeza y me sorprendo al ver la cocina vacía. Ya que el lugar está desolado, me atrevo a entrar. ¿Si no están aquí, entonces dónde?
—Ya te dije que lo siento. Déjame compensarlo, por favor.
—¿Cómo vas a compensar esto?
Me dejo guiar por la voz de Aiden, a diferencia de mi novio, él está casi gritando.
—Todavía no me has dicho por qué me mentiste —continúa diciendo el rubio—. Vine hasta aquí esperando tener una noche agradable contigo y descubro que no estás y que mentiste. ¿En dónde estabas?
Camino con sigilo por el pasillo que conduce hacia las habitaciones. La de Erick tiene la puerta entreabierta con una ligera ranura.
Alto, esto es incorrecto. Da igual lo mucho que desee averiguar el significado de ese aniversario, no debería entrometerme, si lo hago, Aiden tendría todo la razón llamarme metiche y lo último que quiero es darle la razón a ese malnacido.
Tal vez de nuevo estoy malinterpretando las cosas y Aiden sea de esas personas que les gusta celebrar los aniversario amistosos. Estoy seguro que Anahí también lo haría. Solo estoy sobrepensando.
—Aiden, cielo…
¿Disculpa?
No, no, debí escuchar mal. Erick únicamente me llama así a mí. Me aproximo a la puerta y acerco un ojo para intentar ver por la ranura.
—Escucha, aún podemos salir al karaoke, a cenar o dónde tú quieras —dice mi novio—. Todavía podemos celebrar nuestro aniversario.
—Olvídalo, me voy a casa.
Mi pulso se acelera cuando Aiden se voltea, amenazando con descubrir que estoy del otro lado, sin embargo, Erick lo toma de las manos para evitar que se vaya.
—Por favor —insiste, baja el tono de voz—. No dejes que el día termine así. Sé que me equivoqué, pero… son seis años. Seis años no se celebran todos los días.
Aiden suelta un suspiro y, por un segundo, me parece percibir que sus labios le tiemblan. Erick no lo suelta, al contrario, entrelaza sus dedos con los de él.
—Nunca habías olvidado un aniversario—dice Aiden, y esta vez su voz no tiene veneno, sino una decepción profunda—. Tú no eres de olvidar. Jamás he tenido que recordarte una fecha importante.
—Y te juro que no tendrás que hacerlo nunca más —alza las manos de Aiden y besa el dorso de ambas.
¿Qué demonios…?
Muerdo el interior de mi mejilla para silenciar los insultos que deseo expresar.
Ese acto definitivamente no debería hacerlo con un amigo. Me da igual su maravillosa historia de amistad. Esto ya es inaceptable.
¿Dejé pasar el abrazo y los besos en la frente pero no puedo tolerar que le bese las manos?
Desde luego que no.
¿Qué es esa mierda de demostración de afecto?
Aiden suelta una risa y se acerca más a Erick, invade su espacio de una manera que me resulta asfixiante ver. Extiende una mano y le acomoda el cuello de la camisa. Sus ojos recorren el rostro de Erick con una mezcla de adoración y odio.