Era consciente de lo complicado que sería enamorarme de él, que solo tenía que enfocarme en su amistad, en que éramos mejores amigos, cómplices, mi buen recaudo de secretos, pero… ¿Cómo no flecharme ante ese par de ojos color zafiro?
Lo conozco desde los cinco años, hemos compartido miles de aventuras y me ha reconfortado al secar mis lágrimas cuando obtenía alguna regañada por parte de mis padres.
Juro que traté de guardar estos tontos sentimientos, sin embargo, el simple tacto de sus labios contra los míos rebasó con todo lo que tanto había luchado, pensando que él también sentía lo mismo que yo…
Creyendo que Marcelo Valenzuela Navarro también se había fijado en mí en plena nieve de otoño.