"Nieve de otoño" (libro 3)

Capítulo 4: Los primos MiraValle.

El director nos da la bienvenida en representación de los dueños de la escuela. El mantener la postura correcta mientras este habla es cansador, siento que voy a dormirme porque ya lleva casi treinta minutos moviendo la lengua sin parar. Soy la única que se siente en desventaja, mis demás compañeros están distraídos en sus celulares mientras que a mí me faltan diez días para volver a tener el mío. Palmeo mis mejillas para mantenerme despierta, dejo de lado mis penurias y me enfoco en mi mejor amigo quién acaba de subir al estrado.

Ni siquiera me percaté que lo habían llamado.

Por ser el número uno de la escuela, le toca dar palabras de ánimo a los nuevos estudiantes. Las palabras le salen con tanta naturalidad que cualquiera pensaría que tomó clases de oratoria, si supieran que solo se dedicaba a jugar videojuegos en las vacaciones mientras que yo sufría en aprender ecuaciones.

Él curva sus labios hacia arriba formando una sonrisa, los suspiros de sus admiradoras no tardan en aparecer, incluso las de primer año se sonrojan y tratan de disimularlo. El atractivo de Marcelo Valenzuela no pasa desapercibido de nadie, digamos que tiene el paquete completo para ser perfecto: Alto de cejas pobladas, nariz respingada, ojos azules profundos, cabello de color cobrizo con un toque acaramelado y unos labios carnosos.

—Es todo un papacito. —menciona una chica de la clase “B”.

—Este es el último año en que lo veremos. —dice su amiga que está delante de ella— ¿Lo harás?

—Por supuesto, él será mío.

¡Cielos! Al parecer, las declaraciones de amor le caerán como gotas de lluvia.

Por fin, la presentación por ser el primer día de clases culmina, nos mantenemos formados y en orden hasta poder oír las indicaciones de nuestras auxiliares. Mi aula sigue siendo el “A” en donde también se encuentra Marcelo y mis dos mejores amigas.

— ¡Avancen! —grita mi auxiliar Anabel con mucha autoridad— ¡Nada se servicios higiénicos! ¡De frente a sus aulas!

Algunos se quejan cruzando sus piernas, es como si hubiera extrañado castigarnos durante estos tres meses. Me concentro en hacerle caso y no tropezarme, miro por todos lados y no hallo a mi mejor amigo. Tal vez, aun continue con los altos mandos, escuchando miles de consejos en lo que debería hacer a partir de ahora para tener un futuro prometedor.

Como si no fuera suficiente la presión de sus padres…

Me sumergí tanto en ello que termino por chocarme con la espalda de mi compañera de adelante, ella voltea y me mira apenada cuando debería ser yo quién le pida disculpas.

—Lo siento, he tenido que detenerme porque se ha caído una chica. —dice y puedo entender mejor su expresión.

—No te preocupes.

Me salgo de la fila para poder fijarme, pero nuevamente todos avanzan, por lo que no le doy más importancia y continúo.

Entro al aula y rápidamente me ubico en mi sitio respectivo en donde Renata, una de mis mejores amigas ya se encuentra esperándome con una enorme sonrisa en el rostro.

—Te extrañé, estúpida. —me abraza dejándome sin aire— Es increíble que hayas dejado que tu mamá te decomise el celular.

—No tenía opción, lo que hice no estuvo bien.

—Y todo por salvar a su Machi… —habla Dulce, mi otra mejor amiga quién se ubica detrás de nosotras— Ese cuero solo te mete en unos problemas.

—Es como mi…

—Hermano. —dicen las dos al mismo tiempo, me irrita su forma de pronunciarlo.

— ¡Ya párale con eso y háganse novios, por Dios! —menciona Renata— Te he dicho miles de veces que eso de los mejores amigos no funciona.

—Pues nosotros si funcionamos. —hago una mueca— Y mejor ya cánsate de lo mismo, no quiero que me arruines el primer día.

—Y hablando de él, ¿Dónde está?

Las tres chequeamos alrededor y su ausencia es muy notoria. No digo que sea él payaso del circo, pero es quién más sobresale de los chicos. Mis ojos se percatan en uno de sus mejores amigos.

— ¡Oliver!

Exclamo y él alza su mirada, sus ojos verdes combinan perfectamente con su cabello chocolate. Le hago una señal de que se acerque y por suerte, no se opone.

—Qué bonita manera de saludarme. —mira a mis amigas— Siempre tan hermosas.

Ruedan los ojos.

— No dejas de ser un maldito casanova.

—Este casanova sigue esperando por ti. —toma la mano de Dulce— Es el último año, preciosa… ¿No crees que ya es momento de darme el sí?

—Así fuera el fin del mundo… No, gracias. —se suelta de su agarre.

—Ni modo, seguiré con mis cinco novias.

Él da un suspiro como si aquello lo entristeciera mientras que a nosotras nos va a dar un ataque, pero el de golpearlo. Sabemos de su mala reputación, el de tener ligues por montones, aprovechando su buen atractivo para que las mujeres cedan ante él. Y pensar que yo estuve a punto de caer ante sus coqueteos hasta que… Marcelo intervino.

—No queremos hablar de tu harem, Oliver. —cambio de tema— ¿Has visto a…?

—No. —me corta y pone mala cara— Solo me hablas para preguntarme por él, es aburrido.

—Pensé que eran “Uña y mugre”.

—Ya no tanto. No le gustó que salga con dos hermanas a la misma vez. —finjo que voy a vomitar— ¿Qué?

—Eres un puerco.

—Quizás esté con mi amorchi. —se incluye Renata y saca su móvil de su bolsillo— Le enviaré un mensaje.

— No creo.

La puerta se abre de golpe y de esta entra el profesor Casas quién nos enseña historia. Para que sea el primero en mostrarse ante nosotros, solo significa una cosa:

—Soy su nuevo tutor. —todos nos acomodamos bien en nuestros asientos— Espero hayan tenido unas buenas vacaciones porque créanme que desde ahora no descansarán. Su mente estará ocupada en pensar qué es lo quieren para su futuro porque de eso dependerá de que ustedes mismos se hagan valer en esta sociedad. —él saca una hoja y un lapicero— Veamos cuántos han asistido el día de hoy… —lo deja a un lado— Pero antes, debo presentarles a unos alumnos nuevos.



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En el texto hay: romance, primer amor, chick lit

Editado: 27.01.2022

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