"Nieve de otoño" (libro 3)

Capítulo 6: El chico que no sonríe.

Si pensé que no sería atrapada junto con Marcelo, pues estuve completamente equivocada. Para nuestra mala suerte había ingresado la profesora Arcata, la encargada de enseñarnos el curso de religión. El que no la conoce pensaría que es un pan de Dios a simple vista, pero para nosotros era como la esposa del demonio. Si llegabas tarde a su clase, te dejaba afuera; si no tenías tu tarea lista, te jalaba con un 05; y si no traías tu biblia, te hacía rezar veinte aves marías. Todos ya conocían su estilo de castigo, por lo que no dudé en persignarme cuando la auxiliar nos mandó a llamar a su oficina.

No sé si se debió al primer día o por la presencia de mi mejor amigo y es que la amonestación que nos indicaron solo fue de mantener el aula limpia al culminar las clases. Me quedé incrédula e iba a indagar más, pero Marcelo me tapo la boca y prácticamente me saco de allí sin dejar de pedir disculpas por nuestro comportamiento.

Y… aquí estamos.

Este sería nuestro tercer día como los encargados de la limpieza en dónde voy a tener que admitir que mis compañeros son unos asquerosos, he encontrado chicles pegados debajo de la mayoría de los pupitres.

— ¿Será que no saben leer? —amarro la bolsa de basura— En las reglas del aula dice: “Botar sus porquerías en el tacho”. No está escrito así, pero qué más da.

—Mejor no reniegues porque te vas a arrugar. —frunzo el ceño— ¿Ves? Tu frente parece de abuela.

—No estoy para bromas.

— ¿Quién ha dicho que estoy bromeando? —le aviento la bolsa— Tranquila, Gabu.

Y dale con el cambio de vocal.

Decido ignorarlo, concentrándome en dejar todo impecable. Mi cabeza es un desastre porque no he podido concretar lo de la fiesta de bienvenida y solo quedan dos días para hacerlo… ¡Dos días! Siento que en cualquier momento voy a desfallecer, llevándome a mi mejor amigo a la tumba.

El sonido de unos golpes en la puerta nos interrumpe, no tengo ganas de atender a nadie, pero en vista de quién se trata, estoy obligada a posar mis ojos en ella. Paris Candiani luce como modelo de revista deportiva, ya que está usando el atuendo del equipo de voleibol.

Como anhelo estar en su lugar, pero me toca recoger lo que esta ensucia.

—Necesito que me entregues tus apuntes sobre lo que se hará en la fiesta de bienvenida. —ella se enfoca en mi— En vista que estás ocupada debido a tu mal comportamiento, el tutor me lo ha encargado a mí.

—Nadie estaba a cargo de nada. —respondo en mi defensa— Se supone que todos darían ideas.

—El profesor Casas dice que tú eres más responsable que los demás, aunque ahora no sabe lo que te pasó. —su mirada se desvía a Marcelo— Es una lástima que un chico tan guapo tenga que pasar por esto.

— ¿Me lo dices a mí?

— ¿Hay otro chico guapo?

—Tengo un nombre por si no lo sabes, así como yo sé que te llamas Paris.

—Al parecer estás pendiente de mi porque ese nombre no es nada común. —se coloca un mechón detrás de la oreja, está coqueteando con él. Cielos.

—También sé el de tu hermana. —ella hace una mueca— el de tu primo, el de Gabriella —me señala y luego enarca una ceja— ¿En verdad quieres que te los mencione a todos?

—No es necesario. No me interesan los demás, ya que solo estoy enfocada en ti. —Qué directa— De seguro no esperabas a que te lo dijera.

—Bueno, tengo que admitir que eres la primera chica atrevida que conozco.

— ¿Eso te gusta?

Marcelo trata de contener su risa y yo no sé porque carajos tengo que presenciar esto. Se suponía que solo iba a recoger mi cuadernillo y ahora solo está mirándolo como si quisiera comérselo. Ni con los ojos disimula, menos con sus labios algo carnosos que no deja de mojarlos. Comprendo que esté bien guapo, pero… ¿No está siendo demasiado exagerada?

Camino hacia mi pupitre y saco el bendito cuadernillo para entregárselo en su mano. Ella me mira sorprendida porque me he atrevido a tocarla, si cree que es intocable pues conmigo se equivocó.

— ¿No te está esperando el tutor? —digo en tono molesto— Deberías volver, ya que nosotros estamos tratando de terminar para irnos.

— ¿Te atreves a…?

—Serás nieta, sobrina o no sé qué de los dueños de este colegio, pero no tienes ningún derecho en distraernos con cosas que pueden esperar. —cruzo mis brazos— A menos que estés tan desesperada por atraparlo para que asista contigo a la fiesta.

— ¿En qué momento he mencionado eso? —resopla, luego me estudia con la mirada— Escuché que eres su mejor amiga, solo que no imaginé que lo celabas tanto.

— ¿Celar?

Los dos decimos al mismo tiempo.

Él luce incrédulo mientras que yo trato de pensar porque estoy mostrando este tipo de actitud. O sea, sí me jode que esta venga a quitarnos el tiempo porque muero por llegar a casa a ver mi serie favorita de las cuatro, y estoy segura de que a Marcelo también le interesa largarse de aquí…

¿Pero que dé a entender que estoy celosa? ¡No hay forma!

Quiero negarme, sin embargo, Marcelo se me adelanta diciéndole que no hay nada de malo en querer apoyarnos como buenos amigos, que ella lo vea de otra forma es su maldito problema.

—Gaby conoce mis gustos y sabe perfectamente que no saldría contigo. —siento que lo está empeorando todo al ver a Paris con el rostro desencajado— Si se metió en nuestra conversación fue porque quiso evitarte mi rechazo.

— ¿Estás jodiéndome no? —él me mira confundido— Porque no recuerdo que me haya declarado.

—Ah ¿no? Entonces nada pasó. —esboza una sonrisa y continúa aseando las mesas— Por cierto, dile a Elle que no se esconda de nosotros, y al profesor Casas que nuestra idea era la de una fiesta de disfraces.

— ¿Algo más?

Él niega.

Paris nos fulmina con su mirada para luego darse la vuelta, no avanza solo nos muestra su espalda recta.

—Espero que no haya comentarios fuera de contexto.



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En el texto hay: romance, primer amor, chick lit

Editado: 27.01.2022

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