LA COCINA DE LUMA
La cocina huele a pan viejo y té caliente.
Todo está en calma… excepto la carta.
Está sobre la mesa.
Se mueve.
Muy poquito.
Como si respirara.
Nilo la mira con desconfianza.
—Abu… —dice lento—. Esa carta está viva?
—Tal vez —responde Luma mientras sirve té—. Está nerviosa.
La carta se sacude.
—ESO NO AYUDA —dice Nilo.
Luma dobla la carta con cuidado exagerado, como si fuera frágil.
—Llévala a la señora Elma por favor —dice—. Vive cerca del molino.
—¿Y qué dice la carta abu?
La carta late.
Luma lo mira por encima de la taza.
—No es para ti.
—¿Y si es peligrosa?
—Entonces no cambiará porque la leas —responde tranquila.
—Eso suena… filosófico.
—Eso suena a desayuno —dice ella—. Anda.
Cuando Nilo toma el sobre, este tiembla más fuerte.
—¿Siempre hacen eso las cartas?
—Solo las que pesan —dice Luma.
—Pero no pesa…
—Por fuera.
– EL CAMINO DE TIERRA
Nilo camina.
Cada paso, la carta vibra un poco.
—Tranquila —le dice—. No voy a abrirte. Creo.
La carta se calma.
Un gato gris aparece sentado en medio del camino, limpiándose una pata.
—Buenos días jovencito—dice el gato.
—Buenos días —responde Nilo, normal—. Espera… ¿hablaste?
—Sí. ¿Y?
—ehh Nada… sigo acostumbrándome.
El gato mira el sobre.
—Eso no es pan.
—Es una carta.
Nilo le muestra la carta
—Si señor gato
—Importante —agrega Nilo.
La carta se sacude fuerte.
—Uy —dice el gato—. Eso fue miedo.
—¿Miedo de quién?
—De todos.
—No voy a abrirla.
—Nadie dijo que debías —responde el gato—. Solo dije que podrías.
—Eso es peor.
El gato sonríe.
—¿Sabes cuántas cartas nunca se abren?
—No lo sé señor gato.
—Yo tampoco. Pero las que se abren… nunca se olvidan.
La carta empieza a vibrar.
—¡Oye! —dice Nilo—. ¡No la asustes!
—Ella ya estaba asustada —dice el gato—. Tú solo la acompañas.
—No me ayudas en nada señor gato, mejor sigo mi camino
—Esta bien joven, ve pero verás que no te podrás resistir a la tentación!.
—Si si lo que usted diga señor gato. Adios
- BAJO EL ÁRBOL
Nilo se sienta.
—Solo quiero asegurarme de que no sea algo horrible.
Abre el sobre un poquito.
La carta se encoge, como si se escondiera.
—Ok, ok, ya, perdón, perdón.
Cierra rápido.
Una chica flotante pasa girando lentamente, boca abajo.
—Si no la lees —dice— siempre te quedará la duda.
—¿Siempre aparecen personas así cuando uno tiene alguna duda?
—Solo cuando la duda es interesante —responde ella, girando—.
—No es interesante. Es estresante.
—Exacto.
La carta late.
—No es mía —dice Nilo—. No es mía.
—¿Y si nunca se entera? —pregunta la chica—. ¿No te sentirás responsable?
—¿Responsable de qué?
—De no saber.
—¡Eso no es un crimen!
—Todavía —dice ella sonriendo.
El gato reaparece.
—Si no la abres —dice— podrías estar evitando algo.
—¿Y si la abro y empeoro todo?
Silencio.
La carta vibra lento.
—Mira —dice la chica—. Solo un vistazo.
—No —dice Nilo—. Eso nunca es “solo”.
—Me tengo que ir, adiós, ah y usted señor gato ya no me siga.
—Tu sabes que los gatos somos curiosos "miau"
– EL MOLINO
El molino gira. Cruje.
Nilo toca la puerta.
—¿Carta? —pregunta una voz desde adentro.
—Sí, vengo a entregar una carta
La puerta se abre.
La señora Elma lo observa con calma profunda.
—¿La leíste?
Nilo traga saliva.
—No señorita.
Elma asiente.
—Gracias.
—¿Gracias?
—Por no mirar donde no te tocaba.
Le entrega el sobre.
En cuanto lo suelta, la carta deja de moverse por completo como si sintiera calma Juanito a la señora Elma.
—¿Está… bien? —Nilo preguntando sobre la carta
—Ahora ya está bien.
EL REGRESO
Nilo camina más liviano.
El gato aparece caminando a su lado.
—¿No quieres saber qué decía?
—Un poco.
—¿Mucho?
—Antes sí.
—¿Y ahora?
—Ahora no tanto.
El gato sonríe.
—Eso se llama crecer . No es bonito pero te acostumbras.
—¿Siempre se siente así?
—No —dice el gato—. A veces se siente muuuucho peor jeje.
La chica flotante aparece a lo lejos, saludando.
—Algún día abrirás una carta —grita—.
—¡Lo sé! —responde Nilo—. ¡Pero hoy no!
Nilo camina a casa solo
El sol empieza a bajar.
El camino se vuelve naranja.
Nilo camina en silencio.
El gato gris aparece a su lado, caminando como si siempre hubiera estado ahí.
—¿Me estás siguiendo? —pregunta Nilo.
—No —dice el gato—. Camino.
—Pero… es mi camino.
—Muchos caminos creen eso.
Silencio.
—¿Siempre haces esto? —pregunta Nilo—. Aparecer cuando alguien duda.
—No —responde el gato—. A veces aparezco cuando alguien no abre algo.
—Ah…
Caminan un rato.
—¿Te molestó no saber qué decía la carta? —pregunta el gato.
Nilo piensa.
—Un poco… pero más me molestaba abrirla.
El gato asiente.
—Eso es nuevo en ti.
—¿Cómo sabes?
—Porque antes habrías mirado —dice—. Aunque fuera un poquito.
Nilo sonríe.
– FRENTE A LA CASA DE LUMA
Nilo y el gato llegan al final del camino.
El sol se despide y pinta todo de naranja.