Una semana había pasado desde aquel día en las orillas del reino.
Una semana de silencio. De miradas perdidas. De noches en vela donde Nilo cerraba los ojos y volvía a ver la sonrisa de Draxler, los cuerpos ardiendo, el anciano que se arrastraba.
Gris se había quedado a su lado cada noche, acurrucado en la almohada, sin decir nada. Solo estaba. A veces eso bastaba.
La abuela no había vuelto a mencionar el tema. Seguía horneando pan cada mañana, barriendo la cocina, canturreando canciones de escarabajos sin sombrero. Pero Nilo notaba que a veces lo miraba un poco más de la cuenta. Como si estuviera despidiéndose de algo que aún no se había ido.
Esa mañana, el sol entraba tibio por la ventana de la cocina. Nilo desayunaba avena con miel sin ganas. Gris lamía un cuenco de leche con parsimonia. La abuela fregaba unos platos.
Toc, toc, toc.
Alguien llamó a la puerta.
No era un golpe normal. Era seco, pausado, con una cadencia que sonaba a ceremonia.
La abuela se secó las manos en el delantal y abrió.
En el umbral había un hombre altísimo. Su piel era oscura como la tierra mojada después de la lluvia. Llevaba un sombrero de ala ancha, tan grande que le cubría medio rostro. Solo se veía su mandíbula, firme, y un par de labios que no esbozaban ninguna expresión.
Detrás de él, un caballo negro como el azabache esperaba inmóvil. Su montura era roja, de un rojo intenso que parecía latir. El animal no resoplaba. No movía la cola. Parecía una estatua de pesadilla.
El hombre inclinó ligeramente la cabeza. Sacó de su capa un sobre de papel grueso, color marfil, sellado con un emblema que la abuela no reconoció: un círculo partido por una línea vertical, y dentro, una llama y una pluma cruzadas.
—Para Nilo —dijo el hombre. Su voz era grave, como piedras rodando en una cueva profunda.
La abuela tomó el sobre con desconfianza. Sus dedos arrugados lo sostuvieron como si pudiera explotar.
—¿Quién lo envía?
El hombre no respondió. En lugar de eso, hizo una reverencia. Una reverencia profunda, inclinando el torso, llevando una mano al pecho. Un gesto de respeto antiguo, de esos que ya nadie usaba.
Luego se giró, montó el caballo negro con un solo movimiento, y partió al trote. El sonido de los cascos se perdió en el camino polvoriento.
La abuela cerró la puerta con el pie. Fue a la cocina y dejó el sobre frente a Nilo, que lo miraba como si fuera una serpiente dormida.
—Ábrelo —dijo ella.
Rompió el sello. Dentro había una carta escrita en una caligrafía elegante, con tinta dorada que brillaba al sol.
CARTA DE ACEPTACIÓN — LA ORDEN
Por la presente, se notifica a Nilo (hijo de [???], nieto de Iris) que ha sido admitido en la prestigiosa Escuela de Magia La Orden.
Fundada hace nueve años por el Consejo de los Cinco Pétalos, La Orden tiene como misión formar a la nueva generación de magos, brujos, hechiceros y afines en el control, la ética y la expansión de sus dones mágicos.
Se ha detectado en usted un potencial mágico latente de categoría Impredecible. Según nuestros registros (y el testimonio de fuentes confiables), usted ha manifestado los siguientes fenómenos:
· Revitalización de materia inerte (madera convertida en arbusto).
· Lanzamiento de un Empuje Divino sin entrenamiento previo.
· Resistencia a la magia tipo fuego
Estas habilidades, aunque inestables, demuestran una afinidad mágica poco común.
La Orden ofrece un programa de seis años, dividido en tres ciclos:
· Básico (años 1-2): control de la magia interna.
· Intermedio (años 3-4): aplicación en combate y resolución de conflictos.
· Avanzado (años 5-6): especialización y dominio.
El curso comienza el próximo 1 de otoño. Las vacaciones de invierno serán desde el 20 de diciembre hasta el 5 de enero. El resto del año, los estudiantes residirán en las instalaciones.
Si acepta, diríjase al centro del Reino Numberg en los próximos tres días. Allí encontrará un caballo dorado que lo llevará a nuestra sede. No lleve más de una maleta. Los materiales serán proporcionados allá.
Tenga en cuenta que la magia no es un juego, Nilo. Es un compromiso con el mundo y con usted mismo.
Atentamente,
Maestro Nuñez
Director de La Orden
PD: Los familiares parlantes están permitidos bajo supervisión. Hemos sido informados de su gato.
Nilo terminó de leer la carta en silencio. Luego la leyó otra vez. Luego otra.
Gris, que había saltado a la mesa para leer por encima de su hombro (aunque no sabía leer, pero miraba con intensidad), pensó:
—No entiendo nada. Pero sale mi nombre. ¿Eso es bueno?
—¿Esto es en serio? —preguntó Nilo en voz alta.
La abuela se sentó frente a él. Tenía los brazos cruzados y la mirada clavada en la carta.
—¿Tú qué sientes? —preguntó ella.
—No sé. Miedo. Emoción. Más miedo.
—Eso es normal. Las cosas importantes siempre dan miedo.
Nilo la miró. —¿Tú sabías de esta escuela?
La abuela dudó. Era una duda breve, casi imperceptible, pero Nilo la captó.
—He oído hablar de ella —dijo al fin—. Hay quienes dicen que es un lugar bueno. Quienes dicen que es un nido de ambiciones. Yo creo que es… una oportunidad.
—¿Una oportunidad para qué?
—Para que no tengas que enfrentar solo a los siguientes males.
El silencio se metió en la cocina como un cuarto invitado. Gris se lamió una pata nerviosamente.
Nilo pensó en la semana anterior. En cómo se había sentido impotente. En cómo el Empuje Divino no había servido de nada contra el villano. En cómo el rey había llegado tarde y la voz misteriosa los había salvado.
—No quiero volver a quedarme de brazos cruzados —dijo Nilo, con una voz más firme de la que había usado en días.