Nilo "Ojo Dragón"

LA PLUMA

Al día siguiente, Nilo despertó con los pies todavía fríos por el robo de los calcetines de Gris. Se vistió rápido, se pasó los dedos por el pelo enmarañado y corrió detrás de Xavi, que ya salía de la habitación con el mate en una mano y un cuaderno en la otra.

—Apúrate —dijo Xavi—. La profesora Zyca no perdona los atrasos. Mi guía me lo advirtió.

—¿Quién es la profesora Zyca?

—La de hechizos. Dicen que una vez convirtió a un estudiante en rana. Por llegar tarde.

—¿En rana?

—En rana. Estuvo tres días croando en el estanque.

Nilo apuró el paso.

El aula de hechizos estaba en la torre más alta de La Orden. Las paredes eran de piedra gris, pero estaban cubiertas de fórmulas flotantes que se movían solas, como si nadaran en el aire. Los pupitres eran de madera negra, y en cada uno había una pluma blanca, una taza con tinta brillante y una vela apagada.

Los estudiantes ya estaban sentados. Nilo y Xavi encontraron dos lugares juntos, cerca del fondo. Ivanovik les hizo un gesto desde la fila de atrás. Tenía al loro Martillo escondido dentro de la polera. Se movía.

—Silencio—susurró Ivanovik a su pecho.

—Agg cállate cállate —respondió el loro.

La puerta se abrió con un golpe seco.

La profesora Zyca entró como si el aula le quedara pequeña. Era alta, muy alta, con el pelo canoso recogido en un moño apretado y unas gafas redondas que reflejaban la luz. Su túnica era negra, sin adornos, y en su mano llevaba una varita tan delgada que parecía una aguja.

—Silencio —dijo.

El silencio llegó antes de que terminara la palabra.

Zyca recorrió el aula con la mirada. Sus ojos eran grises, afilados, como dos cuchillas. Cuando pasaban por encima de un estudiante, el estudiante se encogía.

—Soy la profesora Zyca —dijo, con una voz cortante que no admitía réplicas—. En mi clase, no se llega tarde, no se habla sin permiso, y no se convierte a los compañeros en ranas. Eso lo hago yo.

Alguien tragó saliva.

—Para entrar en confianza —continuó, apoyando la varita en la mesa—, les contaré una historia. Una leyenda urbana que ronda esta escuela desde antes de que ustedes nacieran.

Los estudiantes se inclinaron hacia adelante.

—Hay un hombre y un animal —dijo Zyca, con voz baja pero clara—. Muchos dicen que el animal es un león. Que el hombre es formidable. Que juntos salvarán el mundo de la magia. O que lo destruirán.

El silencio se hizo más profundo.

—Nadie sabe cuál de las dos cosas será. Pero la leyenda dice que el hombre ya está aquí. En esta escuela. En este salón, quizás. Y el animal… el animal vendrá.

Sus ojos recorrieron el aula. Nilo sintió que la miraban a él, pero no estaba seguro.

—Por ahora —dijo Zyca, recuperando su tono cortante—, concéntrense en no hacer el ridículo. Primera tarea: hacer flotar la pluma.

"Hay un hombre y un animal. Muchos dicen que es un león. Que juntos salvarán el mundo de la magia. O que lo destruirán. El hombre ya está aquí. En esta escuela. El animal vendrá."

Nilo miró su pluma.

Era blanca, pequeña, inofensiva. Parecía fácil.

Alrededor suyo, los estudiantes comenzaron a susurrar y a mover las manos sobre las plumas. Una a una, las plumas empezaron a flotar. Algunas temblaban. Otras subían rectas. Una dio una vuelta campana y se posó en la cabeza de un chico, que no se atrevió a moverse.

Xavi levantó la suya sin esfuerzo. La pluma flotó a la altura de sus ojos, como un pajarito dócil.

—Fácil —susurró, guiñando un ojo.

Ivanovik, desde atrás, frunció el ceño. Su pluma no flotaba. Se sacudía. Vibraba. De repente, explotó en una nube de polvo blanco.

—No cuenta —dijo Ivanovik.

—Sí cuenta —respondió Zyca sin mirarlo.

La clase se rió.

Nilo se concentró. Apoyó las manos sobre la mesa, cerró los ojos, e intentó.

La pluma no se movió.

Lo intentó de nuevo. Nada.

—Vamos —murmuró—. Solo flota.

Apoyó las manos con más fuerza. Cerró los ojos con más fuerza. Intentó con más fuerza.

La pluma brilló. Vibro. Y de repente, se convirtió en un pedazo de madera del tamaño de una moneda.

Plock.

Cayó sobre la mesa con un sonido patético.

La clase estalló en risas.

—¡Es madera! —gritó alguien.
—¿Qué clase de mago hace madera con una pluma?
—¡Un carpintero!

Nilo sintió que la cara se le quemaba.

—Silencio —dijo Zyca, y el silencio volvió—. La magia natural es impredecible. Algunos tardan más. Algunos producen madera. Sigan intentando.

Nilo bajó la cabeza. Madera, pensó. Hice madera con una pluma.

La tinta de las plumas era pegajosa, como caramelo derretido. Nilo manchó su uniforme nuevo al limpiarse los dedos. Más tarde, en el baño, no supo cómo funcionaba el grifo mágico. Intentó girarlo a la derecha, a la izquierda, apretarlo, jalarlo. El grifo se rió literal, soltó una risita metálica y luego lo mojó entero, de la cabeza a los pies. Nilo salió del baño con el uniforme pegado al cuerpo y el pelo chorreando. Un estudiante mayor le dio una palmada en la espalda. "Bienvenido a La Orden", dijo.

Nilo vio a la chica de las gafas redondas. Estaba tres filas más adelante, con el pelo rizado recogido en un moño bajo. Su pluma flotaba como si fuera lo más natural del mundo, subiendo y bajando al ritmo de su respiración. La profesora Zyca se acercó a su mesa y asintió con aprobación.

—Bien, Scarleth. Muy bien.

La chica bajó la mirada y se sonrojó. Un sonrojo intenso, que le subió desde el cuello hasta las orejas.

Scarleth, pensó Nilo. Se llama Scarleth.

Después de clase, Nilo la alcanzó en el pasillo.

—Disculpa —dijo, trotando para ponerse a su altura—. Cómo hiciste lo de la pluma?

Scarleth se detuvo en seco. Lo miró por un segundo. Abrió la boca. Cerró la boca. Nada.

Se fue caminando rápido.

Nilo se quedó con la mano extendida. Xavi apareció a su lado, masticando una manzana.



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En el texto hay: magia, escuela, aventura accion

Editado: 27.05.2026

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