Nilo "Ojo Dragón"

ARBOL SUSURRANTE

Esa noche, Nilo soñó.

No era un sueño normal, de esos que se olvidan al despertar. Era un sueño vívido, caliente, con olor a humo y a madera quemada.

Estaba en el patio central de La Orden. Pero no era el patio que conocía. Las torres estaban derrumbadas, sus piedras esparcidas como dientes rotos. Los jardines flotantes habían caído al suelo, aplastados, con sus flores marchitas y negras. Las cascadas invertidas corrían al revés, pero el agua era gris y espesa, como ceniza líquida.

En el centro, flotando sobre los restos de la fuente de luz, una sombra se movía. No tenía forma definida. Era una mancha negra que se expandía y se contraía, como un pulmón gigante respirando fuego.

La sombra se giró.

No tenía cara. Pero Nilo sintió que lo miraba. Lo miraba a él. Directamente a él.

Extendió una mano hecha de sombra y humo, y apuntó.

—Tú —dijo una voz que no era voz, sino un pensamiento metido a la fuerza en su cabeza—. Tú eres la llave.

Nilo quiso correr. Sus pies no se movían.

La sombra voló hacia él. Rápido. Oscura. Fría y caliente al mismo tiempo.

—Tú serás la perdición.

Despertó con un grito ahogado.

---

La habitación estaba a oscuras. La respiración de Xavi sonaba profunda y tranquila desde la cama de al lado. Afuera, la luna entraba por la ventana, pintando el suelo de plata.

Pero Gris no dormía.

Estaba sentado en el alféizar de la ventana, con la cola enroscada alrededor de las patas y los ojos fijos en la oscuridad exterior. Sus orejas se movían, atentas a sonidos que Nilo no podía escuchar.

—Despertaste —pensó el gato, sin girarse.

—Tengo un mal sueño.

—Lo sé. Gritaste. No fuerte. Pero yo escucho todo.

Nilo se sentó en la cama. La sábana estaba pegada a su espalda por el sudor. El pecho le latía rápido, como si la sombra del sueño todavía lo persiguiera.

—Gris —dijo—. ¿Qué haces despierto?

El gato se giró lentamente. Sus ojos verdes brillaban en la penumbra.

—Huele a cuervo.

—¿Cuervo?

—Sí. Los cuervos tienen un olor especial. Huelen a muerte vieja. A pluma mojada. A algo que no debería estar aquí.

Gris saltó del alféizar y caminó hacia la cama. Se acurrucó en el pecho de Nilo, justo donde el corazón latía más fuerte.

—Algo anda mal —pensó—. No sé qué. Pero no me gusta.

Nilo lo acarició. El pelo de Gris era suave y cálido. Poco a poco, el latido de su corazón se fue calmando.

—¿Crees que el sueño era real? —preguntó.

—Los sueños no son reales. Pero lo que los causa, a veces sí.

No durmieron más esa noche. Se quedaron juntos, mirando la ventana, esperando que el amanecer borrara el olor a cuervo.

---

"Tú eres la llave. Tú serás la perdición."

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Al día siguiente, Nilo estaba agotado. Las ojeras le dibujaban medias lunas moradas debajo de los ojos, y la sopa del desayuno no le bajaba bien. Cada vez que parpadeaba, veía la sombra apuntándole.

En clase de teoría de la magia, el profesor hablaba de las diferencias entre los tipos de energía mágica. Nilo no escuchaba. Su mirada se perdía en la pizarra, en las fórmulas flotantes, en las motas de polvo que bailaban en la luz.

—...por lo tanto, la magia natural es la más cercana a la esencia de la vida —decía el profesor—. ¿Alguna pregunta?

Nilo no levantó la mano.

Pero alguien lo miró.

Tayron, dos filas más adelante, giró la cabeza y le clavó los ojos. No era una mirada cualquiera. Era una mirada de odio contenido, de esos que hierve por dentro pero no explota porque todavía no es el momento.

—Los magos naturales —dijo Tayron en voz alta, sin dirigirse a nadie en particular— son los más peligrosos. Porque usan la vida para hacer daño.

El profesor alzó una ceja. —¿Una opinión interesante. ¿Podrías fundamentarla?

—Mi fundamento está en mi pasado —respondió Tayron, y volvió a mirar a Nilo—. Pero no es necesario compartirlo con toda la clase.

Nilo sintió que la sangre le subía a la cara. Quiso levantarse. Quiso decir algo. Quiso gritar que él no era como ese hechicero que había matado a su familia. Que él nunca había lastimado a nadie. Que solo quería aprender.

Pero las palabras no le salían.

—Nilo —susurró Xavi a su lado—. Respira.

Nilo apretó los puños debajo de la mesa.

—Tranquilo —insistió Xavi—. No le respondas. No ahora.

Puso una mano en el hombro de Nilo. No fuerte. Solo un contacto. Un ancla.

Nilo respiró. Exhaló. Apretó los puños. Los soltó.

—Está bien —murmuró—. Estoy bien.

Tayron no volvió a mirarlo. Pero Nilo sintió su mirada en la nuca durante toda la clase.

Un botón del uniforme de Nilo se cayó en medio de la clase. Rodó por el suelo, pasó entre las piernas de los estudiantes, y se detuvo justo a los pies del profesor Nyxen, que estaba al fondo del aula observando la clase nunca se perdía una oportunidad para vigilar. El profesor se agachó, recogió el botón, y se lo devolvió a Nilo sin decir una palabra. Pero sonrió. Un poco. Como si ese pequeño gesto fuera un mensaje secreto: "Sigue adelante. Yo te veo."

La tarde con los amigos

Después de las clases, Nilo no quería estar solo. Xavi lo notó.

—Vamos a la torre de roca —dijo—. Ivanovik nos debe una venganza.

—¿Una venganza de qué?

—La última vez jugamos a las cartas y perdió. Dijo que nos iba a aplastar. Pero no especificó cuándo.

Encontraron a Ivanovik en el gimnasio de la torre de roca, entrenando solo. Tenía una piedra enorme suspendida en el aire frente a él, concentrado, con el rostro tenso.

—Agg entrenar entrenar —dijo el loro Martillo, posado en una barra de hierro.

Ivanovik dejó caer la piedra. Pum. El suelo tembló un poco.

—Llegaron —dijo, limpiándose el sudor de la frente—. Vengan. Les voy a mostrar algo.

Los llevó a una terraza oculta en lo alto de la torre de roca. No era un mirador oficial. Era un saliente de piedra al que solo se podía llegar trepando por una escalera de mano oxidada. Gris protestó desde la mochila.



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En el texto hay: magia, escuela, aventura accion

Editado: 27.05.2026

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