Nilo "Ojo Dragón"

COMPAÑEROS

Al día siguiente, el profesor Nyxen apareció en el gimnasio con una sonrisa que no le llegaba a los ojos. Era una sonrisa de esas que prometen sufrimiento.

—Hoy —dijo, cruzando los brazos sobre su pecho enorme—, trabajarán en parejas.

Los estudiantes murmuraron. Nyxen alzó una ceja. El murmullo cesó.

—Las parejas serán al azar. No se eligen. No se cambian. No se lloran.

Sacó una bolsa de cuero negro y metió la mano. Extrajo dos papeles.

—Ivanovik con Martina.

El loro Martillo, posado en el hombro de Ivanovik, gritó: "Agg Martina Martina". Ivanovik lo miró con resignación. "Cállate."

Otro par de papeles.

—Xavi con Sofía.

Xavi suspiró aliviado. Sofía era una chica de magia de agua, paciente y callada. Mejor que otros compañeros.

Otro par.

Nyxen metió la mano otra vez. Sacó dos papeles. Los leyó en silencio.

El gimnasio se quedó en silencio absoluto.

—Nilo con Tayron.

Nilo sintió que el suelo se ablandaba bajo sus pies. Al otro lado de la sala, Tayron apretó los puños. Sus nudillos se pusieron blancos. Su mandíbula se tensó como una cuerda a punto de romperse.

—¿Puedo cambiar? —preguntó Tayron, con la voz ronca.

—No —respondió Nyxen.

—¿Puedo hacer el ejercicio solo?

—No.

—¿Puedo...

—No. Las piernas se rompen. Las reglas, no.

Nyxen los miró a ambos. Primero a Tayron. Luego a Nilo.

—La tarea es simple. Mover esa roca.

Señaló una piedra enorme en el centro del gimnasio. Era del tamaño de una mesa, gris, rugosa, con vetas negras que parecían venas. Debajo, un círculo pintado en el suelo. La roca tenía que salir del círculo.

—No pueden tocarla con las manos. Solo magia. Si usan las manos, pierden. Si se rinden, pierden. Si se pelean, pierden y además corren veinte vueltas al gimnasio.

—¿Veinte? —preguntó alguien.

—Treinta —corrigió Nyxen, sin mirar.

Tayron se acercó a la roca sin mirar a Nilo. Caminaba como si el suelo le perteneciera, pero sus hombros estaban tensos. No quería estar allí.

—Yo puedo solo —murmuró.

—Nadie puede solo —dijo Nyxen desde atrás.

Tayron extendió las manos. Cerró los ojos. Su magia de fuego era intensa, cálida, pero no violenta. Una onda de calor recorrió el aire. La roca tembló. Se levantó un par de centímetros. Tayron apretó los dientes.

La roca se movió un poco. Un poco más.

Y se detuvo.

Tayron lo intentó otra vez. La roca no se movía. Sostenía el peso, pero no avanzaba. Sus brazos temblaban. El sudor le corría por la frente.

—No puedo —dijo, entre dientes.

—Nadie puede solo —repitió Nyxen.

Tayron bajó las manos. La roca volvió a caer con un golpe sordo. Pum.

Cosas cotidianas: El loro Martillo voló hasta la roca y se posó encima. "Agg pesada pesada", gritó. Ivanovik fue a buscarlo. El loro se subió a su cabeza. "Agg montaña montaña". Ivanovik lo ignoró.

La oferta de Nilo

Nilo caminó hacia la roca. Tayron lo miró con odio. Con miedo. Con algo que no sabía nombrar.

—Si no trabajamos juntos —dijo Nilo, con voz calmada—, no vamos a moverla nunca.

—No necesito tu ayuda —respondió Tayron, escupiendo las palabras.

—Y yo no necesito que me odies —dijo Nilo, sin apartar la mirada—. Pero aquí estamos.

Tayron lo miró fijamente. Por un momento, Nilo creyó que iba a escupirle. O a gritarle. O a pegarle.

Pero no.

Tayron bajó la cabeza. Apretó los puños. Los soltó.

—Una vez —dijo, sin mirarlo—. Hacemos esto una vez. Después, cada uno por su lado.

—Está bien.

—No significa nada.

—Lo sé.

—De verdad. Nada.

—Lo sé.

Tayron levantó la cabeza. Lo miró a los ojos. Algo cambió en su expresión. No era amistad. Ni siquiera respeto. Era algo más pequeño. Unas grietas en el muro que había construido alrededor de sí mismo.

—Vamos —dijo Tayron—. Tú empujas desde arriba. Yo levanto.

—¿No sería mejor que yo levante y tú empujes? —preguntó Nilo.

—No. Mi magia es fuego. Puedo sostener peso. La tuya es tierra. Puedes moverla.

Nilo asintió. No sabía si Tayron tenía razón, pero aceptó.

Se colocaron frente a la roca. Tayron extendió las manos. Una onda de calor recorrió el aire. La roca se levantó, temblando, un poco más alta que antes.

—Ahora —dijo Tayron, con la voz tensa.

Nilo apoyó las manos en el suelo. Cerró los ojos. Escuchó la tierra. No como antes, sin miedo. Escuchó de verdad.

La tierra respondió.

El suelo debajo de la roca se inclinó suavemente, como una ola lenta. La roca rodó un poco. Luego otro poco. Luego más.

Tayron caminaba al lado, manteniendo la roca suspendida. Nilo caminaba detrás, moviendo el suelo a su paso.

La roca llegó al borde del círculo. Vaciló. Un momento de duda.

—Empuja —dijo Tayron.

—Estoy empujando.

—Empuja más fuerte.

Nilo apretó las manos. Cerró los ojos con más fuerza. La tierra gimió. El suelo se inclinó más.

La roca salió rodando del círculo y cayó al suelo con un pum que hizo vibrar el gimnasio.

Silencio.

Luego, Nyxen aplaudió. Una sola vez. Dos palmadas secas.

—Bien —dijo—. Siguiente pareja.

Los estudiantes murmuraban. Algunos miraban a Nilo y Tayron con sorpresa. Otros con respeto. Otros con curiosidad.

Tayron no dijo nada. Se dio la vuelta y caminó hacia el otro lado del gimnasio.

—Tayron —lo llamó Nilo.

Tayron se detuvo. No se giró.

—Esto no significa nada —dijo Nilo, repitiendo sus propias palabras.

Tayron no respondió. Pero sus hombros se relajaron un poco. Muy poco. Casi nada.

Luego siguió caminando.

Después de la clase, los estudiantes fueron a las duchas. El agua caliente caía en cascadas de vapor, y el ruido de las cañerías ahogaba las conversaciones.

Nilo se duchó en una esquina, lejos de los demás. No quería molestar. Tampoco quería que lo molestaran.

Tayron entró más tarde. Eligió la ducha de enfrente. Apenas se veían a través del vapor.



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En el texto hay: magia, escuela, aventura accion

Editado: 27.05.2026

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