Niñera para las Trillizas del Lobo

CAPÍTULO 1

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Venus se ajustó los binoculares para ver mejor los alrededores del viejo castillo de Ronan Voss. Ese hombre tenía que estar ocultando algo: un romance prohibido, un secreto oscuro… tal vez incluso un cadáver enterrado en el jardín. Si lo descubría y lo exponía, finalmente podría dar el salto que tanto había esperado en su carrera. Ser presentadora en el canal de noticias más importante del país era su sueño; ya estaba cansada de limitarse a informes del clima, servir café y hacer mandados de sus superiores.

—Si quieres ascender, consigue una gran noticia de Ronan Voss —le había propuesto su editor días atrás, por eso estaba ahí.

Venus miró de nuevo, pero no sucedía nada. Dejó escapar un suspiro frustrado. Era el segundo día que lo espiaba desde las sombras. Tal vez, como decían, el ex campeón de F1 solo se dedicaba a sus hijas desde que enviudó y no había nada jugoso que reportar.

¿Por qué no pudieron asignarle a alguien más? Algún político corrupto, una estrella pop con adicciones, cualquier cosa menos el hombre más hermético del país.

Desde que se filtró la información sobre su posible regreso al circuito, todos los medios estaban preparando especiales y homenajes. Lo querían como un héroe, un viudo admirable, un padre perfecto que regresaba del infierno.

Pero su jefe no quería eso.

Él quería un escándalo. Algo que lo manchara.

Venus sospechaba que alguien más estaba interesado en destruir la imagen del piloto, y que su jefe solo estaba siguiendo órdenes más altas. No estaba segura del por qué hacía eso, pero la verdad le daba igual. Si arruinar a Ronan Voss le aseguraba el ascenso, no iba a cuestionarlo.

—Es suficiente. Tengo que acercarme un poco más —gruñó para sí misma, bajando del árbol.

Al mismo tiempo, las trillizas: Lilith, Caliza y Anelise salieron a jugar cerca del lago mientras su padre terminaba de seleccionar a su futura niñera.

Seis de siete lobas habían llegado desde las montañas Avarok para encargarse de cuidar a sus pequeñas ahora que él iba a volver a las carreras, pero Ronan no estaba seguro de a cuál elegir… o quizá aún no estaba convencido de hacer este cambio en su vida después de cuatro años dedicándose por completo a cuidar de sus hijas.

—No te acerques tanto, Anelise, te vas a caer —advirtió Lilith.

La pequeña de cuatro años se agachó a lanzar piedritas al agua, sin prestar atención.

Mientras tanto Venus hizo una pequeña parada y trepó a otro árbol. Se aferró a él como mono y volvió a mirar con los binoculares. Al estar más cerca, por fin pudo distinguir algo en la ventana. Había varias mujeres jóvenes formadas en hilera, todas con el rostro inexpresivo, y frente a ellas estaba él: Ronan Voss, con ese cabello castaño oscuro impecablemente peinado, una camiseta de mangas cortas que se pegaba justo donde debía y dejaba a la vista un brazo fuerte y marcado por un tatuaje intrincado que serpenteaba desde el hombro hasta el antebrazo, mientras el otro quedaba limpio, tenso y definido por puro músculo.

Venus se quedó mirando más tiempo del que debería.

—Si que está bueno ese hombre —murmuró para sí—. ¿Pero qué estará haciendo con esas mujeres? Acaso será algún tipo de pervertido que colecciona mujeres? Si vive en un castillo creyéndose rey en pleno 2026 no me sorprendería que tuviera un haren.

Sacudió la cabeza para despejarse. Esas ideas no le servían para crear una historia.

Siguió espiando hasta que en un momento su vista se alejó del castillo y se detuvo en la orilla del lago. Vio a las Trillizas que jugaban y no pudo evitar sonreír. Eran unas niñas preciosas de cabellos brillantes y ojos que robaban corazones sin proponérselo.

Miró más allá y fue cuando notó que algo cayó al agua. ¡Mierda era una de las Trillizas!

Las otras se pusieron a gritar, presas del pánico. Y algo en ella se activó. Sin pensar, saltó del árbol y salió disparada al lago para salvar a esa niña.

Adentro, Ronan seguía dudando sobre a cuál elegir cuando de repente, comenzó a sentir algo extraño. Se llevó una mano al pecho: algo estaba mal con sus pequeñas.

Su oído se volvió más agudo y los gritos de las niñas llegaron en pequeños murmullos desesperados.

"¡Papi!"

"¡Ayúdanos!"

No esperó otro segundo. Salió disparado en su busca.

Venus llegó a la orilla del lago con la respiración agitada por la carrera. Dejó su mochila con sus cosas a un lado, quitándose los zapatos y se arrojó al agua para salvar a la niña.

—¡Anelise! —gritó el lobo al llegar y ver que no estaba con sus hermanas.

Sus ojos recayeron en el lago y apenas alcanzó a ver que algo se hundía.

—¡Papi, Anelise se cayó al agua! —lloriquó Caliza sujetándose de su pierna.

—¿Papá, mi hermana está muerta? —lloriqueó la otra.

Él se quedó un segundo paralizado y con el corazón acelerado. Esa idea lo desgarraba por dentro. Su pequeña.

—No. No —negó, tratando de separar a sus otras hijas para lanzarse al agua, pero justo en ese momento la vio.

Una extraña salió del agua, cargando en sus brazos a su pequeña Anelise, inconsciente. Al verla sintió que su corazón se detenía un segundo.

Se precipitó hacia ellas.

Venus todavía con la adrenalina ardiendole en la sangre dejó a la pequeña en el suelo y comenzó a darle respiración hasta que la pequeña despertó y escupió el agua, y sollozó.

Ronan cayó en el suelo a su lado y rápidamente la abrazó.

—Mi vida... Todo está bien, papá está aquí —dijo desesperado mientras la niña se aferraba a él. Las otras dos pequeñas también se abrazaron a su padre, sollozando.

Venus se acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja, apartándose un poco y frunció el ceño cuando notó que la extraña piedra de su pulsera se había roto, le faltaba un pedazo, seguramente pasó cuando se lanzó al agua. Su madre iba a matarla... claro si antes no lo hacía Ronan Voss.




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