Niñera para las Trillizas del Lobo

CAPÍTULO 2

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Victoria Delacour, una mujer de larga cabellera rubia ensombrecida por algunas canas y ojos avellana que parecían haber perdido su brillo con el paso de los años, estaba limpiando su jardín de narcisos y tulipanes cuando vio a su hija llegar en la motocicleta.

Venus se quitó el casco y bajó de su pequeño medio de transporte. Muy eficiente en su última misión de vigilar a Ronan, la había tenido bien oculta entre arbustos y ramas secas por si tenía que escapar.

—Cariño, finalmente regresas a casa —dijo su madre, yendo a recibirla. La estrechó entre sus brazos y le besó la frente.

—Solo estuve fuera dos días, mamá...

—Aun así, sabes que me preocupo cuando no tengo noticias tuyas.

—Estaba trabajando. Ahora más que nunca debo enfocarme si quiero ganar más dinero y ahorrar lo suficiente para poder comprarte tu casa.

Se apartó y caminaron adentro.

—A mí no me interesa que me compres nada.

—Pero yo quiero hacerlo. Toda la vida hemos vivido arrendando y apenas saliendo el mes —dejó su mochila en el suelo y se sentó en la encimera. Su madre se lavó las manos antes de servirle la comida

—. Has trabajado mucho y me has apoyado en mi sueño de ser periodista, aunque no te gustaba mucho que me dedicara a esto.

—Siempre me ha parecido un trabajo donde hay que exponerse mucho y estar en riesgo de que algún loco pueda hacerte daño.

—No tendrían por qué, solo revelamos verdades al mundo. ¿Qué hay de malo en eso?

—Que tal vez no siempre dicen la verdad. Muchos medios a veces agrandan los rumores y perjudican a inocentes. Pero sé que tú no haces eso y que solo das el clima, así que trato de no alterarme.

Venus bajó la mirada al plato que su madre acababa de servirle, sintiendo una leve punzada de culpa.

Por supuesto, ella no conocía lo que su hija estaba haciendo esos últimos días, como tampoco podía saber que acababa de conseguir un trabajo como niñera para infiltrarse en la vida de su objetivo y lograr ese ascenso.

—Mamá... —murmuró, dudando un segundo.

Victoria se dio vuelta.

—¿Sí?

—Pues quería contarte que estoy en una nueva misión. Es muy importante y tendré que ausentarme unas semanas.

—¿A dónde irás ahora?

—A Zúrich —mintió—. Mi editor me encomendó documentar algo y por eso estaré fuera. No sé exactamente cuánto tarde. Después voy a estar ocupada en otras cosas, así que casi no nos veremos en un tiempo.

Su madre suspiró con nostalgia.

Venus tragó saliva, esperando escuchar un "no vayas" o "será demasiado tiempo sin verte". Siempre habían estado juntas y nunca se separaban por tanto tiempo, pero era necesario para lograr su objetivo. Y no podía decirle la verdadera razón; ella no le permitiría hacer algo así.

—Asegúrate de llevar todo lo esencial y estar abrigada los días lluviosos —dijo de pronto con resignación, aunque su voz delataba preocupación.

Venus la miró sintiendo un nudito en la garganta.

—¿No estás molesta?

Su madre le acarició la mejilla, negando.

—Ya no eres una niña —le dijo con nostalgia—. A veces me cuesta aceptarlo, pero tengo que entender que ya creciste y tienes que hacer tu vida. Solo prométeme que te vas a cuidar y, si pasa algo raro que te haga sentir que algo anda mal, por mínimo que sea, regresa a casa.

Venus asintió y la abrazó con fuerza.

—Por supuesto, mamá —le dio un beso tronado en la mejilla—. Te amo.

—Y recuerda tener la pulsera contigo en todo momento.

Ella se tensó.

—C-claro... —rió nerviosamente—. Aunque no entiendo por qué es tan importante. Solo es una pulsera vieja.

—Venus —reprochó su madre.

—Vale. Vale —se rindió—. Siempre la tengo conmigo, solo bromeaba, no podría perder o dañar algo tan valioso que me dio mi padre en mi nacimiento. Es lo único que tengo de él. Y sé que es muy importante para ti que no pierda esto.

Se apartaron después de unos segundos y Victoria se puso de pie conteniendo las lágrimas que el recuerdo de esa pulsera le traía, pero se obligó a mantener la calma. Su hija no podía saber ese gran secreto que le había ocultado durante tantos años.

—Lávate las manos antes de comer —le recordó queriendo pensar en otra cosa, y Venus asintió con una risita.

Después de cenar juntas, su madre la ayudó a empacar. Y antes de acostarse, habló con su editor para ponerlo al tanto de su nuevo plan, algo que él aprobó con entusiasmo. Acordaron mantenerse en contacto constante.

Más tarde, mientras dormía, Venus comenzó a tener sueños extraños y perturbadores. Se despertó varias veces durante la noche, incapaz de descansar por completo, así que a la mañana siguiente se levantó con ojeras marcadas. Aun así, no permitió que el cansancio apagara la emoción que le provocaba lo que estaba por venir.




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