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Eran casi las siete de la noche cuando Ronan regresó al castillo. Venus lo observó desde la ventana empañada. El piloto bajó del coche con el rostro serio, empapado por la lluvia; su cabello castaño oscuro y su ropa estaban completamente mojados.
Ella se apartó en cuanto él entró a la casa.
—Venus…
—¿Cómo le fue con el asunto del chisme? —preguntó con evidente preocupación.
Ronan avanzó unos pasos hacia ella, sacudiéndose el abrigo antes de colgarlo en el perchero.
—Mi equipo se está encargando de eso. No conviene que yo me enfrente a los medios cuando la competencia está tan cerca, así que por ahora solo puedo esperar.
—Tal vez sea lo mejor…
—Sí —hizo una breve pausa—. También estuve buscando a la persona que ha estado reuniendo información sobre mí. Es evidente que alguien se ha estado metiendo en mi propiedad para averiguar cosas, pero no he encontrado rastro alguno. Eso lo complica todo. Además, he estado concentrado en otros asuntos y bajé la guardia. Pero quien sea que esté pasando información a ese editor de mierda, me las va a pagar.
Venus bajó la mirada y tragó saliva.
Todo se estaba saliendo de control.
—No están diciendo cualquier cosa de mí Venus, me tratan como si fuera un degenerado —continúo.
Era verdad que su editor se había excedido. También se sorprendió cuando leyó el chisme.
—Sé que le pido mucho, pero por favor trate de calmarse.
Él resopló y se frotó las sienes.
—¿Y mis hijas?
—En… en la habitación —se obligó a sonreír—. Jugamos adentro todo el día, como usted pidió. Les ayudé a bañarse, cenaron y ya están listas para dormir. Bajé a prepararles una taza de leche caliente.
El rostro de Ronan se suavizó.
—Gracias, Venus. En medio de todo, me alegra tenerte con nosotros —acercó la mano y le acarició la mejilla. El corazón de Venus dio un salto; ese gesto fue cálido y tranquilizador—. Tengo la sensación de que estos rumores apenas están empezando y, con la competencia encima, voy a necesitarte más que nunca cerca de mis hijas cuando yo no pueda estar.
Apartó la mano y ella sintió el vacío de inmediato.
Pero lo que más le dolió fueron sus palabras. Ronan realmente estaba comenzando a confiar en ella… en la misma persona que estaba ayudando a manchar su imagen.
Por primera vez, Venus sintió culpa. Se preguntó si lo que estaba haciendo valía la pena y si ese ascenso realmente justificaba todo.
Más tarde, estaban en la habitación de las trillizas. Las pequeñas bebieron la leche tibia que su padre y la niñera les llevaron y se acomodaron para escuchar un cuento.
Las tres lobitas se acurrucaron en la cama, con Venus a un lado y Ronan al otro, rodeándolas como una familia.
Ronan comenzó a contar el cuento y Venus lo observó en silencio, igual que las niñas.
Fue en ese momento cuando lo entendió del todo. Mientras él les hablaba con dulzura y las hacía reír hasta que les dolían las mejillas, se dio cuenta de que Ronan era un hombre excepcional.
Y por primera vez desde que todo comenzó, ya no estuvo segura de lo que estaba haciendo.
¿De verdad un ascenso valía más que la tranquilidad de un padre y sus hijas?
***
Semanas después.
El inicio de la competencia rumbo al Gran Premio de Abu Dabi finalmente estaba a la vuelta de la esquina.
Durante las últimas semanas, Venus apenas había cruzado palabra con Ronan. Él había estado completamente absorbido por los entrenamientos, reuniones importantes, entrevistas y por intentar contener el desastre que había provocado aquel chisme sobre su vida personal, uno que varios medios no tardaron en explotar para generar aún más polémica.
Al final, la situación con él estaba más o menos controlada, pero Venus no lograba sacudirse la incomodidad de saberse la causa de todo aquello.
Ya no era solo culpa por Ronan, sino también por las pequeñas, con quienes se encariñaba más y más cada día.
Era inevitable, aunque sabía que en algún momento tendría que marcharse y que, con toda seguridad, no volverían a verse. Mucho menos si Ronan llegaba a descubrir quién era ella en realidad y lo que había buscado desde el principio.
El jet privado aterrizó en Australia, donde ya los esperaban la prensa y cientos de fanáticos armados con cámaras y gritos eufóricos, especialmente de las mujeres.
Venus avanzó con las niñas hacia una de las camionetas, mientras Ronan se quedaba unos minutos más diciendo algunas palabras y saludando a la gente.
—Qué feo —murmuró Lilith, mirando por el cristal polarizado del vehículo.
Venus le apretó la mano con suavidad.
—Su padre es muy famoso. Esta no será la primera vez que las reciban así —dijo con calma—. Traten de acostumbrarse, mis pequeñas, porque esto apenas comienza.
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Editado: 13.02.2026