ALESSANDRO SANTORO
Cada paso que doy se siente como si estuviera corriendo un maratón y me estuviese esforzando para ganar. Y lo digo porque mi corazón late tan rápido ante ese grito de horror que provino de mi madre, que juro que no quiero salir.
Sin embargo… creo que ya la he cagado mucho para rematarla escapando.
«Aunque no es mala idea», secunda el diablillo en mi hombro. Me detengo tomándome del barandal de las escaleras.
«Pero, siempre es bueno reivindicarse… ¡Muchacho tú puedes!», el ángel habla ahora. Yo sacudo mi cabeza con rapidez y muevo mis brazos, tratando de darme energía.
¡Vamos Alessandro! ¡Nada puede ser peor de lo que ocurrió en esa sala de conferencias!
(…)
Sostengo el papel blanco con un gran sello rojo, mientras que la saliva atascada en mi garganta no permite tragar y mi madre se encuentra recostada en una silla, recibiendo aire de parte de algunas de las mujeres de servicio.
Mis manos tiemblan mientras sigo leyendo atónito el bendito título “Notificación de Citación Judicial”
“Por medio de la presente de hace de notificar que el señor Alessandro Massimo Santoro, portador del DNI 156 XXX XXX, es citado a las puertas de esta honorable Corte el día xx/xx/2022 a los fines de rendir declaración sobre los cargos que el Estado legítimo ha interpuesto. Delitos del Acusado: Incitación al Desorden Público, Tráfico y Consumo de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas”
Bajo la hoja sin lograr terminar de leer aquello que dice la carta.
—¡Tengo un hijo delincuente! —el lamento de mi progenitora me hace mirarla con ojos desorbitados a la par que me exalta por sus incoherencias.
—¡Yo no soy un delincuente! ¡No sé lo que está ocurriendo! —toco mi cabello con confusión, mis manos tiemblan y mi cuerpo no se queda atrás. Los nervios hacen brotar de mi una carcajada animada, a la par que todos en la sala me miran como si estuviera loco.
»Aquí debe haber una camara escondida… ¡No es posible que esto me esté pasando a mí! —chillo mirando a los alrededores, efusivo y esperanzado porque alguien suelte carcajadas y confiesen que esto es una broma de mala muerte.
Mis risas cesan y mis gestos pasan a la perpetración cuando las miradas de reprobación caen sobre mi con todo su peso. Trago saliva mirando a mi padre, ese que me mira mientras niega con un brillo de decepción que me congela el alma.
—No tengo palabras para describir la decepción que siento ahora mismo… —empieza a hablar y enseguida yo empiezo a negar con mi cabeza una y otra vez.
—No…
—No sé en qué falle contigo… ¿Qué hice mal? —me interrumpe en un susurro, moviendo sus manos a la par que me mira con sus ojos bien abiertos
—Primero, dejar que naciera —la culebra venenosa habla y yo le lanzo una mirada de desprecio.
—¡Cállate Lorena, cállate! —mi padre se exalta al punto que sus venas se marcan en su frente.
—¡Basta! —ladro yo, dispuesto a irme y pensar en toda esta porquería que ahora mismo parece ser el fondo del precipicio.
—¡No me voy a callar! ¡Esto es más de lo mismo! ¡Le perdonas todo porque es el intocable! ¡El machoman que heredará la fortuna cuando no merece ni medio peso! ¡Cuando…! —su boca se cierra con fuerza ante el halón de brazo que le propina mi padre.
—¡Pero suéltalo! ¡Suelta todo ese veneno que al final te está carcomiendo y matando todita! ¡Serpiente! —la incito y señalo, ella se torna roja, tan roja que creo que explotará.
Yo sonrío, le miro con soberbia mientras ella se muerde la lengua por dentro.
—Cállense los dos, hagan bendito silencio por solo unos segundos mientras pienso como solucionar esta clase de mier… —suspira con falsa paz, tocando el tabique de su nariz con pujanza—, esta situación.
Él se marcha llevándose a mi hermana del brazo, yo suelto todo el aire contenido en mis pulmones para mirar a mi madre, quien sigue blanca como papel.
—Fuera todos —murmuro tomando la revista para seguir echándole aire. El peso de mis acciones cae sobre mi espalda cuando la observo en este estado.
Editado: 01.09.2022