Niñero por obligación

Episodio 5: "Escarabajo"

 

ALESSANDRO SANTORO

 

Respiro mirando a mi abogada, tratando de ahuyentar de mi cabeza aquella tranquilidad que sostener sus odiosas y pequeñas, pero muy diminutas manos causaron cuando las tenía sostenidas.

 

Me pierdo por un segundo de todo lo que hablan en el juicio, lo cierto es que me aferro al hecho de haber sentido aquello simplemente porque me siento solo al no tener a nadie de mi familia o amigos apoyándome.

 

Ella ni siquiera me parece atractiva. Es muy pequeña y sin delicadeza, toda mi concentración vuelve cuando escucho la bendita palabra;

 

—¿…? ¿Niñero? —fijo mi vista en la jueza, quien me observa desde su estrado con gestos de ¿burla?

 

—Así es, niñero. El señor Alessandro se ha caracterizado por ser un tío amoroso y muy cuidadoso. Estoy segura de que, siendo niñero de sus dos sobrinos, demostrara a la sociedad que no es el peligro que todos piensan —afirma sagaz, yo asiento ante sus palabras. La jueza me sigue estudiando y yo le doy un intento de sonrisa que termina en una triste mueca que muy a mi pesar no puedo disimular.

 

(…)

 

—¿Me estás diciendo que ahora cuidaras a tus sobrinos? ¿Tú? —mi padre me señala con incredulidad y yo asiento con simpleza.

 

—Eso fue lo que mi abogada público logro conseguir para mí —respondo con sequedad a medida que empaco mi ropa dentro de la maleta.

 

—Es interesante ver como tratas de cuidar a otros cuando no sabes ni hacerlo contigo —yo detengo mi acción para mirarle. No puedo explicar los sentimientos que me dominan.

 

—Creo que ya está bien de subestimarme ¿No crees?

 

—¿Subestimarte? —replica. —Yo no te estoy subestimando, te estoy diciendo la verdad, Alessandro. ¿Qué clase de abogado propone algo tan estúpido? ¿Es que acaso no vio el video?

 

—Esa abogada fue la única que estuvo ahí y me defendió y a capa y espada sin conocerme ni un ápice. No me quejo, ciertamente fui su primer defendido y como ves —extiendo mis brazos—, no termine detenido, al menos.

 

—¡Estamos hablando de Nicci Santoro y Lucas Santoro! ¡Los diablillos de Italia!

 

—Dos niños no son motivo suficiente para causarme temor —dejo en claro—. Y para que sepas, que durante estos 6 meses no estaré viviendo aquí. Posiblemente, venga paulatinamente a buscar mis cosas a medida que las requiera —informo dirigiéndome al cajón en busca de mi ropa interior.

 

—¿Ya hablaste con Gretta?

 

—Sí, ella saldrá de viaje de negocios con su esposo y estuvo dispuesta a ayudarme.

 

—De verdad ella está loca.

 

—¿Loca? —mi gesto se extraña.

 

—Mira, eres mi hijo y te amo —me señala, ya sé que saldrá con una de las suyas—. Pero nada más un loco es capaz de dejarte cuidar a sus hijos —sus palabras salen sin precaución. Yo detengo mi actividad para cerrar mis puños.

 

Pienso en reclamar, en discutir su punto personal… pero lo cierto es que estoy agotado.

 

—Entonces supongo que si está loca —susurro dándome vuelta para encararlo—. El juicio de hoy fue bastante agotador. Mañana pasaré por tu oficina antes de empezar mi labor. Por ahora déjame descansar.

 

—Lamento por no ir al juicio, pero tenía muchas cosas que hacer y…

 

—Papá, ya estamos un poco viejos para las mentiras —le interrumpo—. No fuiste al juicio porque no querías aparecer en ninguna de las fotografías donde figuro entrando y saliendo de la corte —suspiro con pesadez.

 

»Escucha, sé que esta vez fue la gota que reboso el vaso y creo que ya estoy pagando todo el karma que es posible. Pero no necesito que me mientas para tratar de hacerme sentir mejor, ni siquiera hagas el esfuerzo porque te sale fatal —murmuro dejando mi propia habitación para bajar hacia el invernadero y fumar un cigarrillo. Lo necesito, justo ahora no estoy para pensar en mis errores o en mi reputación manchada.

 

Tomo mi teléfono celular, dispuesto a llamar a mi exnovia con la cual tengo encuentros clandestinos de vez en cuando.

 

»Hola —saludo cuando me coge la llamada.

 

—¿Alessandro? ¿Qué haces llamándome? —su voz impresionada no me pasa desapercibido.




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