"Toda leyenda tiene un origen... pero el origen de la Gran Montaña jamás pudo ser explicado."
Desde tiempos tan antiguos que ni los libros más viejos lograban recordar, el mundo conocía una sola verdad: la montaña siempre había estado ahí.
Nadie sabía cuándo apareció. Nadie conocía quién la había creado. Simplemente existía, elevándose por encima de todas las demás montañas, como si intentara tocar el cielo. Su enorme cumbre permanecía oculta entre nubes eternas y una tormenta de nieve que nunca parecía detenerse.
Con el paso de los siglos comenzaron a surgir incontables leyendas.
Algunos afirmaban que era una obra de los dioses; otros creían que había nacido de una antigua catástrofe. También existían quienes aseguraban que, en la cima, descansaba un secreto capaz de cambiar el destino del mundo.
Sin embargo, ninguna de aquellas historias pudo ser demostrada.
Lo único que todos sabían era que la montaña inspiraba tanto admiración como temor. Su inmensa altura, el frío extremo y el misterio que la rodeaba la convirtieron en el lugar más peligroso y fascinante jamás conocido por la humanidad.
Aun así, hubo quienes decidieron desafiarla.
No importaba cuántas expediciones desaparecieran ni cuántas vidas fueran reclamadas por sus heladas laderas. La curiosidad del ser humano era más fuerte que el miedo. Año tras año, aventureros, exploradores, mercenarios y guerreros emprendían el ascenso con la esperanza de convertirse en los primeros en conquistar la cima.
Sin embargo, muy pocos lograban regresar.
Los sobrevivientes relataban historias difíciles de creer. Hablaban de criaturas nacidas del hielo, de tormentas que parecían tener voluntad propia y de gigantescos guardianes que protegían los secretos de la montaña. Algunos incluso aseguraban haber encontrado extraños cristales ocultos entre la nieve, minerales desconocidos que desprendían una energía jamás vista y que podían fortalecer a quien aprendiera a utilizarlos.
Muchos consideraron aquellas historias simples delirios provocados por la altura y el frío. Pero, conforme pasaban los años, las pruebas comenzaron a acumularse. Los cristales encontrados por algunas expediciones demostraban que, más allá de las nubes, existía un mundo completamente distinto al que la humanidad conocía.
Fue entonces cuando los gobiernos y las grandes organizaciones decidieron establecer campamentos permanentes a lo largo de la montaña. Aquellos refugios servirían para abastecer a las expediciones, atender a los heridos y ofrecer un lugar seguro antes de continuar el ascenso.
Aun con toda esa preparación, el objetivo seguía siendo el mismo.
Alcanzar la cima.
Pero nadie lo había conseguido.
Porque cuanto más alto se ascendía, más cruel se volvía la montaña.
El aire desaparecía poco a poco.
El frío congelaba hasta el último aliento.
Y los peligros que aguardaban entre la nieve parecían aumentar con cada paso.
Sin importar los sacrificios...
La montaña jamás permitió que un ser humano descubriera el secreto que ocultaba en su cumbre.