Los aventureros a distancia no perdieron tiempo y comenzaron a disparar, mientras los magos mantenían su magia reservada, esperando el momento adecuado para atacar. El dragón lanzó un rugido ensordecedor y extendió sus enormes alas, despegando y volando sobre el estadio. Los aventureros intentaron seguir el plan inicial: dispararle a las alas para derribarlo. Pero los ataques no tuvieron efecto. Lanzaron cadenas en un intento de detener su vuelo, pero fueron destruidas con facilidad, como si fueran hilos.
León, quien no había ingresado con el primer grupo, utilizó su rifle y comenzó a disparar. Otros aventureros cercanos, también con armas de largo alcance, siguieron su ejemplo, creando una lluvia de balas sobre el dragón. Sin embargo, el daño seguía siendo mínimo, salvo los disparos de León, que impactaron con fuerza, aunque no la suficiente para derribarlo.
El dragón rugió una vez más, volando en círculos alrededor del estadio. Con un profundo respiro, lanzó una poderosa ráfaga de fuego. La multitud de aventureros, debido a su número, no pudieron esquivar el ataque a tiempo. Los tanques levantaron sus escudos y otros aventureros usaron su magia de protección, creando barreras para mitigar el impacto. Pero la potencia del ataque fue devastadora.
El dragón, al detener su ataque, alzó la cabeza hacia el cielo y se elevó aún más, preparándose para una nueva fase de la batalla. Una batalla aérea. Con un rugido que hizo temblar los cimientos del estadio, abrió grietas dimensionales a su alrededor, como si estuviera accediendo a su propio inventario. De estas grietas comenzaron a salir una cantidad abrumadora de esferas robóticas blancas, tantas que cubrieron el cielo por completo.
Los aventureros en el suelo observaron la escena con incredulidad. Las esferas se alinearon en formación, y por un momento, todos detuvieron sus ataques, sin saber cómo proceder ante un enemigo que ahora estaba fuera de su alcance.
—¡Todos los voladores, ataquemos! ¡No nos dejemos intimidar! —gritó un aventurero desde las alturas.
—¡Los que tengan armas de largo alcance, disparen! ¡Debemos derribar al dragón! —dijo otro aventurero.
Un gran número de aventureros voladores se lanzó al cielo, mientras los que tenían armas de largo alcance apuntaban cuidadosamente al dragón, disparando sin cesar, y con cuidado para no herir a sus compañeros.
Las esferas seguían saliendo del inventario dimensional del dragón hasta que el cielo quedó completamente cubierto. Entonces, el dragón dio un rugido final, y las esferas se dispersaron en todas direcciones, atacando a los aventureros desde el aire con rayos que disparaban desde cualquier parte de su cuerpo.
Los aventureros voladores se vieron forzados a combatir estas esferas en pleno vuelo, mientras el dragón se protegía con unas cuantas que giraban a su alrededor, formando un halo que cubría su cuerpo, manteniéndolo en el centro de esta barrera. Las esferas no solo atacaban a los aventureros en el aire, sino también a los que estaban en el suelo, dispersándolos por todo el estadio. A pesar de que las esferas no eran tan poderosas como el dragón, seguían siendo lo suficientemente resistentes como para poner a prueba las habilidades de los aventureros, quienes utilizaban su magia y armas para intentar destruirlas.
Los grupos se dispersan cada vez más, quedando pocos en el estadio. León es uno de los que se quedó, ya que su poder de ataque es lo suficientemente fuerte para enfrentar al dragón. Sin embargo, le resulta difícil acertar golpes directos, ya que las esferas interrumpen su trayectoria. Estas esferas son lo suficientemente resistentes como para soportar sus impactos, a pesar de poseer un ataque elevado. Si bien su poder es considerable, los demás aventureros no tienen la misma facilidad. Cada esfera requiere el esfuerzo de todo un grupo.
León logra destruir una esfera después de cinco disparos con su rifle, pero esto lo distrae de su objetivo principal. Las esferas comienzan a llegar en grupos, obligándolo a cambiar su rifle por Omega y Gamma.
—¡Si esto sigue así, comenzará a morir gente! —grita con gran preocupación, observando cómo sus amigos y el resto de los aventureros luchan en una situación cada vez más complicada, rodeados por una cantidad abrumadora de enemigos de nivel jefe.
Los aventureros entran en modo defensivo, rodeados por las esferas que se amontonan a su alrededor. No pueden dar un paso sin encontrar varias esferas frente a ellos, y al voltear atrás, la situación es la misma. De los ciento veinticinco mil aventureros que ingresaron al inicio, muchos murieron en las primeras semanas. Sin embargo, con el tiempo, la adaptación y las estrategias hicieron que la tasa de muertes disminuyera. Aun así, la situación actual es peor que al principio. Cada enemigo es de un nivel superior al de los aventureros, y requiere de todo un grupo para ser vencida.
La estrategia del grupo se basa en la defensa. Mientras la mayoría se enfoca en protegerse de los constantes ataques de las esferas, unos pocos atacantes intentan causar daño. Es una estrategia algo ortodoxa, pero funcional. Sin embargo, los resultados son pobres. Con gran esfuerzo, logran vencer a una esfera, solo para que otra tome su lugar. Parte de la estrategia es distraer a las esferas para que los atacantes puedan enfocarse en una a la vez. Los magos reservan su maná tanto como pueden, así que muchos optan por empuñar un arma o utilizar un escudo, reduciendo su consumo de energía. Aquellos con armas a distancia encuentran la estrategia efectiva, pero los que manejan espadas se concentran en defender y atacar solo en el momento preciso.
El dragón continúa volando sobre el área, atacando a los aventureros que se crucen en su camino. No se ha alejado demasiado del estadio, parece que ha elegido esta zona para el enfrentamiento final. Sus ataques principales provienen de las esferas que giran a su alrededor, lanzando rayos láser a cualquier aventurero que logren detectar. Los aventureros que tienen la habilidad de volar se ven forzados a bajar, ya que las esferas no les permiten maniobrar en el aire con libertad. Saben que, si caen, es una muerte segura, así que prefieren la seguridad del suelo para continuar contraatacando.