Con la estrategia definida, cada uno toma su posición. Karina, usando a Gatler, comienza a disparar hacia las grietas del dragón, buscando sus puntos débiles. Duncan sustituye a un aventurero que se retira y se enfrenta al enemigo en la primera línea. Megan, junto a los magos, lanza conjuros de trueno, aprovechando que el dragón es metálico y los ataques eléctricos tienen mayor efecto.
En el aire, los aventureros voladores siguen reduciendo el número de esferas, destruyendo tantas como este a su alcance. El dragón, cada vez más debilitado, llega a un diez por ciento de su HP en la barra roja.
La batalla parece estar a punto de concluir cuando, de repente, las esferas restantes comienzan a moverse nuevamente. Se fusionan entre ellas, formando golems de aspecto tosco, con brazos y piernas hechos de múltiples esferas blancas. Cada uno mide alrededor de cinco metros de altura.
Los golems descienden al suelo, rodeando al dragón como guardianes. Al mismo tiempo, algunas esferas se desprenden y comienzan a reparar al dragón, enfocándose en su cuello, uno de sus puntos más críticos.
—¡No dejen que lo reparen! —grita un aventurero desesperado.
Otro aventurero da nuevas órdenes.
—¡Francotiradores, enfóquense en las esferas que están reparando al dragón!
Los golems, con su presencia imponente, exhiben una barra de HP verde sobre sus cabezas. Encima de la barra aparece un nombre: Guardián.
—¡Guerreros, reagrupense! Debemos destruir a los golems. ¡Francotiradores, concéntrense en destruir las esferas que están reparando al dragón! —grita un líder de escuadrón, tomando el control de la situación.
Megan toma el liderazgo de un grupo de magos, dirigiéndose hacia uno de los golems.
—Debemos destruir primero a los golems —dice mientras observa su entorno—. Busquen guerreros y tanques, necesitamos cubrir todas las posiciones.
Uno de los magos asiente sin decir palabra y se apresura a buscar refuerzos. Megan, mientras tanto, se prepara para lanzar su ataque más fuerte.
—¡Llamarada! —grita con toda su fuerza, liberando una poderosa onda de fuego que envuelve al golem.
Los magos que la acompañan se unen a su ofensiva.
—¡Bola de fuego! —exclaman al unísono, sumando sus conjuros a la ráfaga de ataques.
El fuego envuelve al golem, reduciendo su barra de HP considerablemente. Poco después, los guerreros y tanques llegan y se lanzan al combate directo, cubriendo a los magos, que guardan distancia para conservar su mana. La batalla se intensifica, mientras el resto de los aventureros emplean estrategias similares, enfocándose exclusivamente en los golems y dejando al dragón temporalmente fuera del combate, aunque sigue siendo reparado por las esferas. Los francotiradores disparan incesantemente contra ellas, pero por cada una que destruyen, otra toma su lugar para continuar con la reparación.
Los golems no se quedan pasivos. A pesar de su aparente torpeza, lanzan puñetazos y patadas que, aunque lentos, tienen un gran impacto. Su alta defensa los convierte en oponentes difíciles de derrotar, pero al igual que el dragón, parecen tener ataques limitados, lo que permite a los aventureros ir reduciendo su HP lentamente. Con el paso de las horas, la batalla se vuelve más feroz, pero ninguno de los golems ha caído. Para empeorar la situación, el dragón ha recuperado aproximadamente un veinte por ciento de su HP, aunque sigue siendo vulnerable a los ataques.
Finalmente, el primer golem alcanza el punto crítico: su barra de HP llega al color rojo. De repente, detiene su movimiento y cambia su patrón de ataque. Las esferas en su cuerpo se reconfiguran, formando cañones en sus brazos, y comienza a disparar rayos láser. Los aventureros reaccionan rápidamente, protegiéndose, pero la batalla se vuelve mucho más peligrosa.
—¡Cuidado con el láser! —grita un aventurero, esquivando uno de los disparos.
En otro frente, otro golem alcanza su HP crítico y se transforma en una enorme bola rodante que embiste a los aventureros. Mientras rueda, genera un escudo frontal que también dispara un rayo láser continuo. Los tanques, previendo el impacto, activan escudo y barrera para soportar el ataque, pero la presión constante los obliga a cambiar de posiciones y retirarse para recuperarse.
El agotamiento empieza a hacer mella en los aventureros. Megan y Duncan se ven obligados a regresar al campamento donde está León para reponer fuerzas, mientras Karina, aunque aún no ha agotado sus municiones, se prepara para retirarse también cuando se quede sin balas. Si lo hace, tendrá que unirse a la batalla cuerpo a cuerpo.
Megan observa a su equipo con atención.
—Deténganse, no ataquen más —ordena, levantando la mano—. Si seguimos atacando, cambiará su patrón nuevamente. Debemos prepararnos.
Un aventurero preocupado pregunta:
—¿Cómo nos preparamos? No sabemos qué forma tomará.
—Tanques y guerreros, usen escudo y barrera —responde Megan, pensativa—. Magos, prepárense para un ataque de viento. Si se vuelve más rápido, debemos reducir su movilidad.
Uno de los guerreros asiente y murmura:
—Tendré que usar mi carta de triunfo.
Megan lo mira, intrigada.
—¿De qué hablas?
El guerrero sonríe, sin dar más detalles.
—Ya lo verás.
Mientras tanto, otro aventurero, con su escudo levantado, grita con esfuerzo:
—¿Pueden apurarse? ¡No sé cuánto más podré resistir!
Otro mago cercano también habla.
—Yo también tengo una carta más que jugar.
Megan sonríe, aceptando que aún tiene mucho que aprender de sus compañeros.
—Lo entiendo... Muy bien, ¡continúen el ataque! Reduzcamos su HP y estén preparados para lo que venga.
Cuando la barra de HP del golem baja a rojo, su forma cambia drásticamente. Se convierte en una extraña bestia alada hecha de esferas blancas. Toma vuelo y ataca desde el aire, lanzándose en picada sobre los aventureros, y luego alejándose para disparar rayos láser desde su pico. Su ataque es continuo, solo se detiene cuando da la vuelta para repetir el ciclo.