Iván, con el sudor recorriéndole el cuerpo tras la dura batalla, observó con incredulidad cómo el sol ascendía sin efecto alguno. La protección que siempre habían tenido, la debilidad natural de los zombis ante la luz solar, había desaparecido por completo.
La horda seguía moviéndose por toda la zona, incansable. Un grito desgarrador resonó cerca.
—¡Nooooo! —gritó María al ver cómo un zombi mordía a Yara y varios más se acercaban para devorarla.
Con un esfuerzo titánico, María intentó correr en su auxilio, pero otro zombi la alcanzó y la derribó, clavándole los dientes en el tobillo.
Iván, todavía aturdido por lo que ocurría, reaccionó y corrió hacia Yara, quien se encontraba en el mayor peligro.
Mientras corría, el tiempo pareció ralentizarse a su alrededor. Por un instante fugaz, recordó las calles de su barrio en Madrid después de un partido de fútbol, caminando junto a un amigo. De pronto, un automóvil perdió el control. Sin pensarlo, empujó a su amigo con todas sus fuerzas para salvarlo… pero no tuvo tiempo de apartarse él mismo. El impacto brutal llegó como un relámpago.
Luego, la imagen de la calavera flotante en aquel lugar vacío, y el primer encuentro con Yara.
Su compañera, que ahora estaba en peligro mortal.
Iván corrió con desesperación, sintiendo que no llegaba a tiempo. Los zombis derribaron a Yara al suelo. María, ignorando el zombi que le mordía la pierna, extendió las manos y lanzó su magia:
—¡Cura!
La luz cálida alcanzó a Yara en el instante preciso. Sus heridas se cerraron por un momento, pero los zombis que estaban sobre ella volvieron a morder con ferocidad, arrancando carne fresca. Las heridas reaparecieron casi al instante.
Iván, jadeando con fuerza, eliminó con furia al zombi que se interponía en su camino. El golpe fue tan brutal que el monstruo se desintegró en el aire antes de tocar el suelo, dejando caer una semilla brillante que voló directamente hacia él. Iván la absorbió por instinto y, sin detenerse, abrió sus estadísticas y asignó el punto de distribución a Agilidad, elevándola a 4.
Su velocidad aumentó ligeramente, lo suficiente para alcanzar a su compañera.
Con una patada poderosa apartó al zombi que mordía el hombro de Yara. Empuñando sus dos estacas, atacó al resto con movimientos rápidos y precisos, clavándolas en los cráneos hasta atravesarlos. Una de las estacas se rompió en el impacto; ahora solo le quedaba una.
Yara permanecía consciente, pero su cuerpo estaba cubierto de mordidas profundas y piel arrancada. No tenía fuerzas para moverse y yacía a merced de los monstruos.
María tampoco estaba mejor. Ignorando el dolor de las mordidas en sus piernas, se arrastraba por el suelo mientras intentaba llegar hasta su amiga. Ya no tenía maná ni monedas para pociones. Buscaba desesperadamente las monedas caídas entre los escombros, pero no eran suficientes.
Su barra de HP había bajado a 1. Seguía recibiendo mordidas, pero ya no pensaba con lógica: solo quería salvar a Yara.
Yara, sangrando por la boca y con varias partes del cuerpo desgarradas, también tenía su HP en 1. El dolor era insoportable, pero por alguna razón seguía con vida.
Iván, cubierto de heridas múltiples, luchaba sin rendirse. Sabía que si volvía a desmayarse, los tres estarían perdidos. Era la única línea de defensa que les quedaba.
En su mente solo repetía una súplica silenciosa:
—Alguien… ayuda… cualquiera, por favor…
María logró llegar hasta Yara y tomó su mano con fuerza.
—No te rindas… —dijo entre lágrimas y angustia.
Los zombis que mordían sus piernas la soltaron momentáneamente después de haber arrancado gran parte de la carne, dejando el hueso visible, y se arrastraron hacia otra parte de su cuerpo.
Yara, con un esfuerzo supremo, extendió su mano temblorosa y mostró unas monedas que había logrado recoger.
María no lo pensó dos veces. Las tomó con manos temblorosas y abrió la tienda. Compró una poción de maná que la llevó hasta 12 puntos (la poción restauraba 10 y aún le quedaban 2).
Extendió las manos hacia Yara de inmediato.
—¡Cura!
La luz cálida envolvió el cuerpo de su amiga. Lentamente, las heridas comenzaron a cerrarse y la piel se regeneró por completo.
Yara se levantó tan rápido como su cuerpo se lo permitió. Tomó una estaca y la clavó con fuerza en la cabeza de un zombi que mordía a María. Luego retiró con un jalón brutal a los otros dos que la atacaban y acabó con ellos.
María usó Cura en sí misma. Sus heridas sanaron rápidamente y su piel volvió a estar intacta.
Con esfuerzo, se puso en pie. Junto a Yara, corrieron en auxilio de Iván.
Al ver que sus compañeras se levantaban, Iván sintió un profundo alivio, pero no bajó la guardia ni un segundo.
Siguió peleando con ferocidad, clavando su estaca en las cabezas de los zombis. Los enemigos caían más rápido ahora, pero la cantidad seguía siendo abrumadora.
María clavó su estaca en un zombi cercano mientras Yara se acercaba a Iván todo lo posible.
Por un breve instante, los tres volvieron a estar juntos, con fuerzas renovadas.
María usó Cura en Iván, restaurándolo por completo.
Más enemigos los rodeaban, pero lucharon con obstinación. María no eliminaba muchos, pero se había convertido en un apoyo crucial.
Poco a poco, la cantidad de zombis disminuyó. La noche había terminado y ya no surgían más del suelo. Con la gran cantidad de aventureros presentes en la zona, los monstruos restantes fueron eliminados lentamente.
Finalmente, María dio el último golpe en la cabeza de un zombi cercano. En esa área ya no quedaba ninguno, aunque a lo lejos aún se veían combates.
Esta vez no bajaron la guardia. Mientras recogían las monedas del suelo, permanecieron alerta.
Iván encontró una barra de hierro, probablemente un ítem dejado por algún enemigo. No la había visto antes por la intensidad de la batalla.