No Apto para menores

Capítulo Especial

No podía estar tranquila, me sentía impotente y seguía preguntándome por qué lo hizo, era mi mejor amiga, la única que realmente tuve. Después de todo lo que pasamos e hicimos, le importó más un hombre. Lo peor es que tendría que verla a diario en la escuela, era inevitable que no me cruzara con ella.

Tras lo ocurrido nos sentamos a desayunar, mis padres intercambiaban las miradas. Cuando mi padre iba a hablar, mi mamá le tomó la mano, apretándose en señal de que sería mejor permanecer en silencio.

Al final era lo mejor, sé que en algún momento mi madre profundizaría en este tema...pero por ahora, su silencio me ayudaba.

Al terminar agarré mis cosas y subí al auto, repasaba lo sucedido, preguntándome si había hecho algo mal. Cómo si la culpable de todo esto, hubiese sido yo.

Entré al salón de clases y, para mi sorpresa, Laín estaba sentado en donde normalmente iba Lis. Lo miré brevemente y este, en respuesta, me dedicó una sonrisa.

—Eres más alto y grande que yo, si te sientas frente a mí, me cubrirás por completo y no podré ver el pizarrón —dije parándome a su lado y poniendo mi mochila en mi asiento.

—¿Te cambio el lugar? —preguntó, aunque era obvio que debía hacerlo.

Normalmente, la presencia de Laín no solía agradarme, pero en ese momento era la única persona con la que podía hablar sin tener que dar los detalles de lo ocurrido.

Después de un rato, Allison llegó, vio a Laín en su lugar e hizo el ademán de acercarse, pero al ver mi cara prefirió sentarse en otra parte. Al parecer no tenía vergüenza alguna.

Las clases transcurrieron con normalidad: maestro explicando las cosas, revisado apuntes, gente chismeando y demás. Yo no podía estar concentrada, mi mirada a casa segundo se cernía sobre Allison.

—Pequeña, déjala, no vale la pena que te tortures así.

Él tenía razón. Últimamente, él siempre la tenía.

—¿Quieres ir al boliche después de clase, Sofí? Así te despejas y te olvidas de las cosas por un rato —sugirió Laín.

No era lo mejor, pero sin duda eso me ayudaría. Una mente ocupada no piensa en tonterías.

—Claro —respondí.

—Chicos, guarden silencio —ordenó el profesor.

En los breaks que teníamos, me la pasé hablando con Laín, una plática real, y me di cuenta de que no era tan mala persona como pensaba. Simplemente debía darme la oportunidad de conocerle.

Que triste que hubiese sido a raíz de esto.

Cuando salimos de la escuela, le mandé un mensaje a mi madre.

<< Iré al boliche con Laín, mamá.>>

<<Primero vengan a comer, Sofí, después tu padre los llevará.>>

—Primero hay que ir a comer —dijo Laín sonriéndome y viendo por encima de mi cabeza, le entusiasmaba mucho la comida.

Tomamos el camión y llegamos a mi casa, cuando entramos, mi madre inmediatamente lo recibió con calidez y lo hizo sentarse en la sala mientras yo subía a mi habitación a dejar mis cosas.

Revisé mi celular y tenía varios mensajes de Lis y de un número desconocido.

<<Yo lo siento tanto, créeme que siempre te ame de buena manera, y aún lo hago. No fue la intención que te enteraras así, pero ella...ella es especial y...>>

Dejé de leer.

Estaba cien por ciento seguro que ese era Eduardo. Eran tal para cual.

Los bloqueé y eliminé a Allison de todas las redes sociales que teníamos en común.

Mi madre cocinó carne con salchicha, guacamole y tortillas. Cuando nos sentamos a la mesa, la cara de Laín era de felicidad absoluta.

En toda la comida estuvo hablando con mis padres sobre cosas triviales, les contó varias cosas y a lo que quería dedicarse cuando terminara la universidad. Cuesta admitirlo, pero para mí fue una plática agradable.

Estuvimos sentados un rato en la sala mientras mi padre terminaba de hacer una trabajo en la laptop una vez estuvo listo, nos pidió subir al auto para dejarnos en el boliche. Laín me miró.

—Teníamos una salida pendiente al cine, no sé que tanto te agrade la idea de ir hoy al cine y mejor mañana al boliche. ¿Qué opinas, pequeña?

—Uy, me agrada esa idea—respondió mi padre entusiasmado como si el fuese el que iba a salir.

—Está bien, vamos—dije sin más.

Mi entusiasmo no era palpable en el aire, no me sentía comprometida, lo juro. Genuinamente, quería salir con Laín.

Mi padre nos dejó en el centro comercial más cercano.

La función más próxima era una película de terror.

—¿No te dará miedo?—preguntó Laín mirándome con atención. No era una pregunta con burla. Estaba atento a mi contestación.

—Sí me dan miedo, pero me gusta verlas aún así. No sé como explicarlo—dije encogiéndome de hombros.

Después de comprar las entradas y un combo pareja nos dirigimos a la sala donde sería la función. Tristemente la película más de terror parecía de risa.

—Ya nada asusta hoy en día, no hay ninguna película que sea lo suficientemente buena —dijo Laín quejándose cuando salimos de la sala tomando sutilmente mi mano.

Esta vez no me solté de su agarre, era relajante cuando se comportaba de una manera amigable.

Cuando llegamos a mi casa y le entregué su mochila, Laín se despidió.

Entré a mi habitación y acomodé todas mis cosas, fui al baño a lavarme los dientes y después me fui a la cama, me sentía cansada física y mentalmente. Me acosté y empecé a masajear la sien, el celular vibró, lo tomé de la mesa y vi un mensaje de Laín.

<<¿Puedo quedarme contigo?>>

Pensé un momento, quizá quería aprovecharse de la situación que estaba pasando, pero algo me decía que esta vez no era así. Solo quería ser mi apoyo. Tecleé rápidamente.

<< Sí >>

<< Voy para allá, solo pasó a comprar algo.>>

Después de media hora, Laín entró por la ventana, momentáneamente ninguno dijo nada, en ese instante las palabras estaban de más.



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En el texto hay: romance juvenil, secretos, apuestas

Editado: 15.10.2026

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