Él no es normal
¿Qué se creía este tipo? Esto no era un campo de batalla, ninguno de los dos era un soldado, pero ahí estaba, con los brazos cruzados, mirándome fijamente. Tal era su grado de competitividad que ni siquiera parpadeaba...
Un grito a lo lejos rompió la tensión que se empezaba a formar entre los dos.
—¡Sofí!
Volteé rápidamente y vi a Eddy corriendo hacia mí mientras agitaba una mano. Su cabello negro se movía con el viento y los anteojos se le deslizaban un poco sobre su nariz. Una sonrisa se dibujó en mi rostro sin que pudiera evitarlo.
—¡Eddy! —exclamé emocionada.
Empujé a Laín sin delicadeza y corrí a recibir a Eddy con un fuerte abrazo.
—¿Cuándo llegaste? —¡Por qué no avisaste! —reproché con una mezcla de alegría y sorpresa.
—Lo lamento, Sofí. Llegué antes de lo planeado. Iba a mandarte un mensaje, pero qué sorpresa encontrarte aquí. ¿A dónde ibas?
Por un momento me olvidé por completo de Laín, pero, como si se negara a ser ignorado, se acercó con paso firme y una sonrisa encantadora.
—Hola, yo soy Laín —dijo tendiéndole la mano a Eddy—. B'dLaín
Eddy lo saludó con amabilidad, aunque parecía confundido.
—¿Qué tal, Laín? Soy Eduardo, pero todos me dicen Eddy. ¿Eres amigo de Sofí? No te había visto antes.— lo miró con detenimiento escrutandolo de arriba abajo.
—¿Amigo? No, para nada. —Soy su novio —soltó Laín con total descaro mientras apoyaba una mano en mi hombro.
El rostro de Eddy se transformó al instante, pero ¿qué tenía Laín en la cabeza? ¿Escasez de neuronas o un problema mayor?
—¡Vaya! Estoy un poco sorprendido; parece que Sofí no perdió el tiempo estas vacaciones porque no me comentó nada sobre un nuevo novio.
—Sí, bueno, me oculta como si fuera su secreto vergonzoso —respondió negando y sonriendo.
Me zafé de su agarre con rapidez y di un paso hacia adelante.
—Basta, dejemos algo en claro, él no es mi novio, ni siquiera mi amigo. Apenas y lo conozco —dije mirando directamente a Eddy, intentando sonar lo más convincente posible.
Laín se cruzó de brazos, una sonrisa burlona apareció en su rostro.
—¿Ves de lo que te hablo? Siempre me niegas, Sofí. —Pero qué tal anoche los correos indecentes que intercambiamos —guiñó su ojo con un descaro desmesurado.
Eddy levantó ambas cejas, estaba incrédulo ante aquel comentario. Ese tipo jugaba sucio, era injusto.
—¿Perdón? ¿Correos indecentes? —su pregunta no fue dirigida hacia mí precisamente, después de mirar a Laín, lo hizo conmigo—. Si no mal recuerdo, una vez que lo quería intentar, me dijiste que eso no era lo tuyo, Sofí.
—¿Qué clase de hombre ventila las cosas que quería hacer con su ex? —dijo mirándolo, levantando una ceja—. Además, ella cambió, evolucionó como un Pokémon —afirmó Laín sonriendo.
La vergüenza me estaba matando. Laín hablaba tan a la ligera que no se daba cuenta de que lo único que hacía era ocasionar problemas.
—Nada de lo que salga de la boca de este —dije señalando a Laín—nada es verdad, es solo un tipo que no tiene vida social y busca la de los demás para fastidiarla.
Eddy negó, mirando de arriba hacia abajo a Laín, me dijo.
—Me perdonarás, pero se ve muy seguro de lo que dice.
¿¡Por qué era tan difícil que me creyera a mí y no a un completo desconocido!?
—Pues tiene poder de convencimiento, al parecer, te repito, no creas nada de lo que dice. —Me di la vuelta y le di un ligero empujón a Laín, aunque claramente ni siquiera se movió un poco. —¿Te puedes ir, por favor? —se lo pedí de la manera más amable que pude.
Lo notó, sabía que esta vez no bromeaba, lo pude ver en su mirada, pero cuando habló de nuevo, supe que haría lo imposible por seguir molestando.
—Espera un segundo, ¿y tú quién eres exactamente? —lo observaba con detenimiento esperando la respuesta.
Eddy soltó una especie de carcajada cruzándose de brazos.
—Creo que si eres su actual novio deberías saber quién soy yo, a menos que la traviesa de Sofí te oculte cosas.
Suspiré profundamente, cada palabra que salía de sus bocas empeoraba la situación.
—Ya sé quién eres —dijo Laín de pronto, apuntándolo con el dedo. —Eduardo, el insensible que la dejó llorando hace unos meses.
Me giré a verlo, incrédula.
¿Cómo lo supo?
Él lo notó.
—Norbert —respondió encogiéndose de hombros—. A ese viejo, ahí donde lo ves, le gusta el chisme —dijo Laín mientras se dirigía hacia Eddy—. Y para tu información, fui yo quien llegó a sanar ese bonito corazón. —le dijo con una mano apuntándome y con la otra haciendo un corazón estilo coreano.
Me entraba un poco la duda de por qué Norbert llegó a contarle a Laín sobre mí. Pero no le tomé del todo importancia, ya que, bueno, era una ciudad pequeña y todos nos enterábamos de la vida ajena de las demás personas. No le guardaba resentimientos a Norbert, quizá solo se le salió decirle en una plática casual. Aunque... ¿Por qué hablaría con su nieto sobre mí?
Eddy era un exnovio. Me dejó unos meses atrás porque necesitaba tiempo para él, o quizá simplemente ya no me quería. Eso ya no me importaba averiguarlo; según yo, ya lo había superado. Y sí, Laín tuvo razón de nuevo. Lloré por él, sufrí por él, pero él no fue el idiota que sanó mi corazón, yo sola me encargué de ello. Como las cosas terminaron relativamente bien, seguimos hablando y quedamos solo como amigos.
Consejo número tres: No es buena idea ser amigas de sus exnovios...
Eddy dirigió su mirada hacia mí. Una mirada llena de compasión, una mirada que no me hubiese gustado ver.
—Sofí, tú me dijiste que entendías la situación, dijiste que no me preocupara, después que traté de retomar lo nuestro, me dijiste que ya no me querías como algo más.
Laín me tomó de la mano sin darme oportunidad a soltarme, me situó a su lado susurrándome.
—Creo que el que tiene escasez de neuronas es este.