No Apto para menores

Capítulo Cuatro

Sueños

Sin quererlo desperté temprano, maldición.

Estaba acostada observando el techo y pensando en aquel sujeto.

Su último mensaje no me sorprendía en lo absoluto. Quedaba más que claro que no era un chico normal y ese simple emoji del final lo confirmaba aún más. Él desbordaba rareza por todos lados. Debo admitir que en parte eso me llamaba la atención de él. Llegué a la conclusión de que quizás lo que Norbert ocultaba era que se había fugado de un psiquiátrico. Yo no era nadie para juzgarlo, simplemente esperaba que dejara de molestarme y tener un poco de paz.

La noche anterior había borrado la conversación con él y lo había bloqueado. Lo más sensato era empezar a poner distancia antes de que las cosas se saliera de control.

Me giré de lado poniéndome en posición fetal. Vi el reloj, debía dormir un poco más, solo unos minutos antes de tener que enfrentar mi día.

Estábamos leyendo aquel libro juntos; él me tenía entre sus piernas sujetando mi cintura mientras yo leía en voz alta. Agarraba mi cabello jugando con él y me susurraba cosas al oído, provocando que mi piel se estremeciera, por alguna razón, necesitaba sentirlo más cerca. Dejaba el libro a un lado y me giraba, quedando sentada a horcajadas encima de él. Me acercaba a su boca mientras él ponía sus manos en mi cintura y me guiaba, sin pensarlo mucho, nuestras bocas se encontraban y nos besábamos sin parar. Nos mirábamos a los ojos y me decía.

Cumpliré tus fantasías, pequeña.

Levantándome con brusquedad, observé a mi alrededor tocandome el pecho, mi corazón latía a mil por hora. Un momento, ¿qué demonios fue eso? ¿Por qué carajo soñé con Laín? ¿Por qué soñé con un tipo al cual no conocía?

Traté de volver en sí dándome unas palmadas en las mejillas, quería borrar aquella escena de mi cabeza. Unos minutos más estando dormida y no me imaginaba hasta qué punto hubiera llegado en sueños. Quité las colchas de encima y abrí la ventana de mi habitación, una brisa entró refrescándome por completo.

Solté una bocana de aire y prendí mi celular , empecé a revisar las notificaciones hasta que llegué a un mensaje.

<<Buenos días, pequeña =)>>

Un mensaje de aquel tipo para rematar.

<<Pregunta seria: ¿De dónde sacas tantos números? Te dejé bien claro que ya no me molestaras y que no me llamaras así.>>

El mensaje lo recibí exactamente a las 6:30 a.m. ¿Quién se levantaba tan temprano en vacaciones?

Pasé por todas las notificaciones y cuando acabé de checarlas, coloqué el celular de nuevo en el buró. Saqué ropa del armario mientras meditaba qué era lo que debía hacer.

Al parecer, si no estaba dispuesto a dejar de molestarme, lo más conveniente era ir a hablar con Norbert para explicarle la situación y así quitarlo de encima definitivamente. Al fin de cuentas era su abuelo y tenía autoridad sobre él.

Terminé de ponerme los pantalones y cogí el celular de nuevo, mientras me peinaba, puse algo de música. Fue entonces que me percaté de que había otro mensaje.

<<Oye, no debería decirte esto, pero... Soñé contigo, Sofí.>>

Tenía razón, no debió decirlo sin embargo, lo hizo. ¿Con qué propósito? No es como si tuviéramos la confianza de contarnos cosas, no era mi amigo. Aunque también estaba el hecho de que igual soñé con él.

Me tentaba la curiosidad de preguntarle, pero bien sabía que eso le haría creer que tenía interés y entonces seguiría enredándome en la telaraña que estábamos formando.

<<Espero que te haya matado en sueños.>>

<<Hey, no hay por qué ser agresiva, pequeña.>>

Le respondí. Cedí ante ello, eso era un punto para él. No me agradaba en lo absoluto que me llamara pequeña, pero la culpa era mía por seguir en el juego.

<<Por cierto, Sofí, se descubrió que la tía Alicia era parte de la realeza y ahora no sabe cómo deshacerse de Montenegro.>>

Leí el mensaje y empecé a contar hasta diez.

No, otra vez.

<< Pedazo de burro... ¿Acabas de contarme otra parte de la historia?>>

<<¿Burro? Esto debería ser romántico, inténtalo de nuevo.>>

<<Eres un idiota...>>

<<Mucho mejor, nuestro primer apodo romántico, soy tu idiota y tú mi pequeña ;).>>

Releí el mensaje, en primer lugar se había autollamado idiota y, en segundo, ese no era un apodo romántico su concepto de amor estaba algo oxidado.

No lo hagas, Sofí. Me dije a mí misma, no me hice caso y tecleé rápidamente un mensaje. Lo envié.

<<Haz el favor de no volverme a contar ninguna parte fundamental del libro, ya que yo lo debería estar leyendo, solo tienes el privilegio porque Norbert es tu abuelo. No me vuelvas a llamar pequeña y no hay nada de romántico en esto, tú y yo jamás tendremos nada que ver, ahora deja de molestarme.>>

No tardó en responder.

<<No te confíes, Sofí, ninguna chica se resiste a mis encantos ;)>>

Sí que su ego estaba por los cielos. ¿Acaso se creía el único chico de la tierra? Ese sería el último mensaje que le respondería. No perdería más mi tiempo.

<<Te invito cortésmente a que Dante Alighieri te dé una visita guiada por el infierno. Quizá así tengas algo que hacer>>

<<Vaya, qué elegante y sutil forma de decirme "Vete al diablo">>

Al menos captó la indirecta. Antes de que pudiera responder, lo bloqueé de nuevo. Eso no sería suficiente, pero bastaría hasta que fuera a hablar con Norbert.

Había la remota posibilidad de que Laín comprara los números en el Oxxo, lo que me extrañaba era: ¿por qué tanta insistencia en tener contacto conmigo?



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En el texto hay: romance juvenil, secretos, apuestas

Editado: 03.02.2026

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