Una cita para...¿tres?
—¡Ay, Dios, déjame en paz!
Le cerré la puerta en la cara con más fuerza de lo normal, esperaba que solo fuera una imaginación. Estaba pagando algo, de eso estaba segura, algo cruel había hecho en mi vida pasada y ahora se me regresaba. Esto era una broma de los dioses.
El timbre sonó de nuevo, repetidas veces.
Conté hasta diez, abrí la puerta.
—¡Lárgate de aquí!
Para mi sorpresa, el que estaba ahí era Eddy, su cara estaba llena de confusión.
—Yo... No comprendo, pensé que iríamos al cine —dijo rascándose la nuca.
—Lo siento, pensé que eras alguien más —me disculpé.
—¿Cómo? ¿Esperabas a alguien más?
Por la cara que puso en ese momento me di cuenta de que no debí haber dicho eso.
—Pues para ser honestos, no esperábamos que llegaras tú. —De nueva cuenta ahí estaba Laín, metiéndose donde no le llamaban—. Esta noche iba a ser solamente para disfrutar nosotros dos... solitos —dijo acercándose a mí e intentando pasar su brazo alrededor de mi cuello.
Apenas iba a hablar, pero me sobresalté al escuchar la voz de mi madre.
—Ay, chicos, no saben cuánto me alegra que los tres estén aquí —dijo acercándose, rápidamente retiré el brazo de Laín—. Sofí, no sé si recuerdas, él es el nieto de Norbert. Acaba de llegar hace poco, y como aún no se instala ni habla con nadie, lo invité para que fuera con ustedes al cine, espero no haya problema.
Pasé la mirada de mi madre a Laín y de él a Eddy, este me miraba incómodo mientras B se mantenía sonriendo burlonamente.
No me sorprendía el hecho de que lo hubiese conocido tan rápido, Norbert buscaba amigos para su nieto y yo era su principal opción. Al contrario de mi madre, no parecía que tuviera la idea de que fuéramos solo amigos, conociéndola ella quería algo más.
—¿Repites eso? —pregunté incrédula—. No soy un centro de adopción de amigos.
—Hija mía, esto no me corresponde en absoluto, pero tu círculo de amigos es muy pequeño, me atrevería a decir demasiado. Solo tienes una amiga y ya,esta es tu oportunidad para que conozcas más personas, será un lindo reencuentro.
—¿Reencuentro? —pregunté confundida.— ¿De qué hablas? —ignorándome por completo, prosiguió hablando.
—Además, no es muy sano que salgas con tu ex...
—¡Mamá! — alcé la voz. Cómo se empeñaba en hacerme pasar vergüenza.
—Señora... yo. —Esta vez Eddy habló. O al menos lo intentó.
—¿No tienes problema con ello, o sí? —al hacer esta pregunta su voz se volvió mucho más seria y golpeada.
Esperaba que Eddy dijera algo, se negara, necesitaba su apoyo en ese momento.
—No, no hay ningún problema —respondió con incomodidad metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.
Abrí la boca para protestar, pero antes de que pudiera hacerlo, mi madre se me adelantó.
—Excelente, entonces que se diviertan —dijo sonriendo y sacándonos prácticamente afuera de la casa.
Estaba molesta con Eddy, se suponía que saldríamos solos y él no había hecho nada para impedir que Laín se nos uniera. Ni siquiera mi madre me había dado tiempo a reclamar. Tendría que hablar muy seriamente con ella, ese tipo de cosas no le corresponden, no podía humillarme de esa forma. ¿Todas las madres serían así, o solo la mía?
—No. —Tú no vendrás con nosotros —dije rápidamente deteniéndome en seco.
—Ay, no hay que dejarlo aquí, pequeña, pobrecito —respondió Laín ladeando la cabeza mirando a Eddy como sí de un cachorrito se tratara.
—¿Qué?—fruncí el ceño—. No me refiero a dejarlo a él, me refiero a ti.
Eddy tampoco se veía muy feliz por eso. No teníamos opción.
—Iré por el auto —dijo simplemente devastado.
Eddy se había estacionado unas casas más adelante, así que tendría que dar una vuelta para recogernos. Mientras esperábamos, Laín habló nuevamente, nunca se podía quedar callado.
—No quiero ponerme especial. ¿Pero está segura de que sabe conducir? Pudo simplemente hacerse en reversa y, en lugar de ello, se dio toda la vuelta.
—Si tan solo pudiera...
—No puedes...No me puedes dejar, Sofí, creo que a tu mamá le agrado —dijo encogiéndose de hombros—. Y además quiere que tu círculo de amigos se incremente.
—Claro que le agradas, simplemente por el hecho de que no sabe qué clase de persona eres. Y para tu información, yo no quiero ser tu amiga.
—Bueno, pequeña, no es como si tú supieras qué clase de persona soy.
—Eres un acosador.
—No lo soy.
—Que sí.
Laín me sonrió. Solo un segundo lo miré, ¿por qué su sonrisa me parecía... tierna?
No pudimos seguir discutiendo, pues Eddy acercó el auto. Al intentar subirme en el asiento del copiloto, Laín se interpuso, apartándome con su retaguardia y, sin que se escuchara fuerte, me dijo.
—Lo siento, pequeña, pero no te quiero ver muy cerca de este tipo, es mala influencia para ti, debo protegerte. —Al decir esto fue algo completamente en serio.
¿Acaso sabía algo que yo no? Eddy no era mala influencia, al contrario, Laín sí.
A regañadientes me subí en el asiento trasero, en el camino, Eddy me miraba de reojo por el espejo retrovisor y me dedicaba sonrisas.
—Soy joven para morir, así que sería bueno que concentraras tu mirada al frente —dijo rápidamente Laín.
—Tranquilo, solo estoy disfrutando la vista —respondió provocándole.
Permanecimos en silencio el resto del camino, excepto por la radio, ni siquiera prestaba atención a cuál era la canción que sonaba. Iba mirando por la ventana cuando sentí que el celular vibró. Lo agarré y vi un mensaje de un número que no conocía.
<<Te dije que no sabe conducir, acaba de pasarse dos altos…>>
No le respondí.
<<¿Quieres que me deshaga de él para que estemos tú y yo solos, pequeña? >>
Estaba a sus espaldas y aun así no dejaba de mensajearme.
<<¡No entiendes que de quién me quiero deshacer es de ti!>>