No Apto para menores

Capítulo Ocho

¿Por venganza?

No sé cuánto tiempo pasó, pero me quedé mirando fijamente la pantalla del celular. Toqué rápidamente mi sostén revisando y para mi desgracia, sí, efectivamente tenía un hoyo. ¿Cómo es que no lo había notado?

Después de ponerme la blusa, salí de mi habitación, rápidamente bajé las escaleras repasando mentalmente lo que le diría a mi madre, con decisión entré en la cocina.

—¿Dónde está ese cretino? —pregunté molesta con un tono de voz más golpeado del que me gustaría.

—Sofía, baja la voz y cuida tu vocabulario. Aquí no hay ningún cretino, excepto el que te vino a dejar hace rato, o sea Eduardo —respondió con un deje de burla en su voz.

—Ay mamá, me disculparás, pero te comportas como una adolescente. —¿Cómo puedes decirle así a Eddy? —reclamé molesta.

Ella dejó de partir unas verduras y me miró apuntándome con el cuchillo.

—Te disculpo por tal ofensa, y él te hizo sufrir, eso me basta para no tenerlo en un buen concepto. Así somos las madres —iba a decirle algo, pero levantó la mano haciéndome callar—. Respeté tu decisión de querer seguir manteniendo la comunicación con él, pero no me puedes obligar a que yo lo acepte de nuevo. Cuando tengas hijos, si es que los tienes, entenderás mejor.

¿Acaso todas las madres dirán la misma frase?

Era un poco incómodo tener que estar escuchando a mi madre hablar y quejarse sobre mis cuestiones amorosas, así que me senté en la silla de la barra y junté las manos preguntándole más específicamente.

—Mira, yo hablaba de Laín, ¿dónde está ese pervertido?

Mi madre dejó lo que hacía y me miró seria. Había captado su atención.

—¿Pervertido? Puedo saber por qué le dices así a ese muchacho.

Gracias al universo, esta vez conspiraba a mi favor. El momento que estaba esperando era ahora.

—Bien, te contaré. Conocí a Laín mucho antes que tú —sonrió, algo que me extrañó, pero aquella sonrisa desapareció cuando proseguí—. Todo ocurrió cuando regresamos de vacaciones y fui a la librería, tuvimos un pequeño altercado y es por ello por lo que no me agrada, no se ha portado de la manera correcta conmigo.

—Continúa —dijo mi madre.

—Me ha mandado mensajes desagradables y siento como si me acosara —dije para rematar.

—¿Te sientes acosada? —esta vez preguntó con sinceridad y preocupación.

Negué.

—No realmente, pero...

Cambió a su modo pensativo, analizó mis palabras y después me miró con un gesto que no logré descifrar.

—Confío en ti, hija, pero hay más detrás que no logras entender. —De igual manera, muéstrame esos mensajes —ordenó.

Saqué mi celular, lo desbloqueé y me acerqué a ella. Simplemente puse la conversación que tenía con él, al menos los pocos mensajes que quedaban, ya que el resto se habían eliminado cuando borré su conversación.

Mi madre se limpió las manos y agarró el celular mirando a la pantalla, luego a mí, levantó una ceja diciendo.

—¿Es una especie de broma? Sí tú aquí estás hablando sola. La que parece que lo acosa eres tú, si no te responde, te pones de intensa mandando otro y otro. Mensajes sin sentido.

—¿Qué? —pregunté quitándole el celular, confundida.

Los mensajes desaparecieron, él los había eliminado. ¿Pero cómo? Ya había pasado mucho tiempo para que WhatsApp diera la opción.

—Mamá, te estoy diciendo la verdad. Laín no es lo que parece, no es de fiar. Sabes que te lo voy a demostrar.

Salí de la cocina y lo empecé a buscar.

—Ya se fue —gritó mi madre—. Me pidió que lo disculpara, pero que el Sr. Norbert lo necesitaba.

Regresé y me senté en el banco de la barra, mientras mi madre retomaba el partir de sus vegetales.

—Hija, no porque una persona no sea de tu agrado debes inventar cosas. —Laín es un buen muchacho, yo sé lo que te digo. —La escuchaba repetir lo que ya me había dicho, de tanto que lo decía un día de estos me la creería. Me crucé de brazos esperando que terminara—. Si no quieres intentar hacerte su amiga, está bien, lo entenderé. —Sonreí al oír aquello, pero en cuanto terminó de hablar, mi sonrisa se esfumó—. Pero entonces ya no quiero que le hables tampoco a Eddy, si dices que Laín es una mala persona, Eddy lo es mucho más.

—Oh no, no puedes hacer eso, no puedes condicionar —reclamé alzando la voz y levantádome

—Modera ese tono de voz. Y no te condiciono, pero te repito, no puedes juzgar a alguien sin siquiera darte la oportunidad de conocerlo. No le hables a Laín, pero entonces tampoco lo harás con Eduardo.

Y ahí terminó la conversación, siguió preparando la cena como si nada mientras yo me iba enojada a mi habitación. Entré y cerré la puerta, me tiré en la cama colocando mis manos en el estómago mientras miraba el techo.

Empezaba a sospechar que había algo más detrás de todo esto. Todo por un simple libro había entrado a mi vida aquel sujeto y ahora no podía alejarlo de ninguna forma y lo peor del asunto es que mi madre no me creía. Mi celular empezó a vibrar, justo un mensaje de él.

<<Hasta mañana, sueña conmigo, pequeña.>>

<<Gracias, pero no quiero tener pesadillas>>

<<Entonces sueña cómo la tía Alicia intenta planear en secreto el asesinato no solo del señor Montenegro, sino de su propia hermana.>>

¡Lo odiaba! Y odiaba los spoilers, la línea que estaba cruzando era muy gruesa;,no solo me molestaba, sino que también me contaba la historia del libro. Se notaba que disfrutaba hacerlo.

<<Déjame en paz, cretino y cobarde>>

<<Pensé serías más ingeniosa con tus insultos y no es de cobardes borrar mensajes, Sofí, simplemente no pensé que fueras del tipo de chica que va a quejarse con su mamá, y más cuando fuiste tú la que inició todo esto, no lo olvides.>>

Releí el mensaje por varios minutos, en ningún momento le había dicho por qué lo consideraba un cobarde. No respondí el mensaje y decidí bloquearlo, antes de hacerlo, me llegó otro inmediatamente.



#15152 en Joven Adulto
#37659 en Otros
#5435 en Humor

En el texto hay: romance juvenil, secretos, apuestas

Editado: 03.02.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.