Intereses en común
Fue entonces que mi mente empezó a procesar la información. Releí por segunda vez el mensaje que mandó, me levanté de la cama muy molesta y sin importarme la hora que era, me dirigí a la habitación de mi hermana. Cuando abrí la puerta, esta se encontraba durmiendo profundamente.
Por la mañana ya me encargaría de encararla, el <<infiltrado>> de Laín no era nadie más que ella. No tenía derecho a contarle cosas a él. Ese tipo se familiarizaba muy rápido con todos sin saber cómo. Se escurría como las cucarachas.
Regresé muy molesta a mi habitación, bloqueé por milésima vez a ese tipo y apagué el celular, la solución la encontraría por la mañana. O al menos eso esperaba.
...
Desperté a las ocho en punto, el regreso a la escuela estaba a unos días y mi cuerpo se preparaba para ello. Prendí el celular y las notificaciones comenzaron a llegar una por una, con ellas, un mensaje del odioso.
<<Buenos días, pequeña, ten un bonito día, dentro de un ratito nos vemos.>>
Definitivamente, yo debía cambiar de número, ya que B siempre compraba uno nuevo.
Leí el mensaje, mas no le respondí.
<<La bella durmiente al fin despierta, si sabes que no responder es de mala educación, dos hermosas palomitas azules me confirman que ya leíste el mensaje.>>
Mi nuevo pasatiempo sería ignorar a aquel tipo.
Dejando el celular en la cama, me dirigí a la habitación de mi hermana, toqué y abrí de golpe.
—Eres sumamente extraña, ¿para qué tocas la puerta si vas a entrar aun así? —preguntó mirándome desde su cama aun con el pijama.
—La extraña eres tú. Explícame ¿por qué le cuentas lo que digo a Laín? —pregunté cruzándome de brazos yendo directo al grano.
Ella se encogió de hombros levantándose de la cama.
—Buenos días para ti también, y me pidió ayuda, me dijo que si le decía todo lo que tú hablabas de él, me iba a compensar.
Me le quedé viendo y levanté una ceja.
—Ni siquiera conoces a Laín ni cómo es y le cuentas las cosas, eso no está bien.
—Ash, son solo negocios, hermana, relájate. Además, si lo conozco, jugamos a Fortnite juntos. Y tú también lo conoces, ya deja de fingir.
—¿De qué hablas? Solo dime, ¿qué es lo que ganas con todo esto? —pregunté mirándola con seriedad.
—Para ser franca, gano dinero, y me compra cosas del juego —respondió cruzando sus brazos y mirándome con suficiencia.
Sonreí.
—Pues espera que se entere nuestra madre y lo que ganarás será un muy buen regaño —dije saliendo de la habitación.
—Pareces un bebé corriendo siempre a decirle todo a nuestra madre. Es como si tú tuvieras 9 años.
Me detuve en la puerta y dándome la vuelta, la miré fijamente.
—Si pretendo decirle a mi madre es porque lo que haces está mal. Pero está bien. No le diré nada si prometes que ya no hablarás de nuevo con Laín.
Negó.
—Es que no ves que ese chico está interesado en ti, quiere llamar tu atención y tú ni caso le haces.
Empecé a reír, mi hermana aún era demasiado ingenua para entender.
—Tú eres una niña muy inteligente y sabes bien que esa no es la forma correcta de llamar mi atención; solo deja de decirle a ese tipo todo lo que yo hable sobre él, si no le diré a nuestra madre y entonces te atendrás a las consecuencias.
Salí de la habitación, pero escuché claramente cómo me gritaba.
—¡Me arruinas mi vida!
A veces Tabatha solía ser muy dramática, creo que era algo de familia.
Cuando terminé de bañarme, bajé a desayunar, mi madre estaba en la cocina partiendo fruta. Siempre estaba haciendo algo en casa, nunca se podía estar quieta. Me senté en la mesa y serví jugo de naranja.
—Norbert me llamó hace rato, me pidió que le ayudaras con unas cosas en la librería, que sabes que no te daría dinero, pero que sabías que te compensaría dejándote escoger dos libros.
—¿Estará Laín? —pregunté dando una mordida a mi pan.
—Es su nieto, Sofí, ¿dónde esperas que esté?— al decir aquello me miro de una forma que me hizo sentir tonta...bueno, la pregunta había sido tonta.
Quería ayudar, pero la idea de toparme con él no me agradaba mucho, al final de cuentas, me gustaba estar en la librería y más si iba a tener libros gratis, debía hacer un sacrificio por esta vez.
El resto de la mañana me la pasé encerrada en mi habitación leyendo y platicando con Eddy sobre un nuevo libro que quería comprar, ya había terminado todas las tareas pendientes y ahora solo me quedaba relajarme.
Cuando llegó la hora de ir a la librería, mi madre me dio dinero para tomar un taxi, caminé por varios minutos hasta que encontré uno. Desde el asiento trasero pude ver cómo Laín estaba en la puerta sosteniendo un vaso de café. Me bajé del auto y me acerqué, este me miró dedicándome una sonrisa coqueta.
Inmediatamente me dirigí con él.
—¿Estás enfermo? Deja de pagarle a mi hermana, deja de meterte en mi vida.
—Hola, pequeña, eso no será posible, me interesó mucho lo que esa boquita habla de mí. —respondió dándole un sorbo a su café.
—No sabes cuánto ansío que te vayas de aquí —le solté de golpe.
Laín me sonrió acercándose a mí, olía a café y a perfume, como aquella vez. Agachó su cabeza y se acercó a mi oído.
—El día que me vaya me vas a extrañar, eso te lo puedo asegurar.