Dos pueden jugar el mismo juego
Quería creer que era un chiste, un chiste de muy mal gusto, por cierto, así que me reí y no hice nada más que eso. Laín sonreía también mirándome.
—¿De qué nos reímos, Sofí, que es tan gracioso? —preguntó.
—Eres muy cómico, deberías ser comediante, ¿sabes?
—Sofí, no es un chiste. —respondió
Hablaba en serio, sin embargo, no dejé de reírme. ¿Risa nerviosa?
—¿Estás loco realmente? Está bien que esté desesperada, pero ¿crees que llegaría al extremo de hacer eso contigo? —dije negando con la cabeza.
Laín se levantó de la silla y empezó a caminar alrededor.
—Claro, no le veo nada de malo a lo que te estoy pidiendo —dijo encogiéndose de hombros.
Das por hecho que el pedirme que me acueste contigo no está mal.
—Es algo normal, todo depende del punto en que tú veas o lo llegues a entender. Lo que creo es que tu pervertida mente anda imaginando cosas que no son.
—¡Quieres tener sexo conmigo, claro que no imaginé mal! -alcé la voz.
Laín se llevó la mano al pecho, como si se hubiera ofendido.
—Qué indignado me siento al saber que piensas que yo pediría tal cosa. Eres una chica deseable, eso es indiscutible, pero repito, creo que tu mente pervertida anda pensando en cosas que no son.
De plano ya no entendía nada.
—Aguarda... -¿Exactamente a qué te refieres con acostarte conmigo? —pregunté confundida.
—Simple: Tú, yo, una cama y una colcha calentita para DORMIR JUNTOS —recalcó las últimas palabras.
—¿Dormir? ¿Quieres solo dormir conmigo? —pregunté más incrédula.
—Por supuesto —respondió—. A menos que tú quieras otra cosa, yo estoy dispuesto, soy todo tuyo.
Estaba escéptica; algo no cuadraba en esto, era Laín de quien hablábamos.
—Siempre hablas en doble sentido en todas las cosas que dices, y sabes bien que esto se malinterpreta. No es que yo sea la pervertida aquí.
—Siento que es lo que más deseas y por eso lo mencionaste, pequeña. Lo miré completamente seria. —No te negaré, Sofí, si quiero tener algo contigo y va más allá de lo que piensas, pero no te obligaré en cuanto a lo sexual a que estés conmigo, eso jamás. Además, tú sola vendrás a mí cuando llegue el momento; nadie se resiste a este cuerpecito.
—Entonces, ¿por qué me dijiste eso de que era algo no apto para menores si realmente no tenía nada de malo? —seguía sin tener sentido.
—Es parte de la diversión; además, somos dos adolescentes. ¿Crees que tu mamá aceptará que duerma contigo, así como así?
—No, ni en mil años.
—¡Exacto! Los adultos lo toman como algo que no se puede hacer hasta pasando los 18. Hay muchas cosas que implican eso, Sofí, y no solo en tema sexual.
Coloqué mi cabeza en la mesa, solté un suspiro. Ese chico me estaba matando, jugaba con mi mente a placer. No era posible.
—Solo quiero saber una cosa, ¿al fin de cuentas pedirás algo así? —pregunté—. Y tú sabes bien de qué estoy hablando —sonrió sin responder mi pregunta—. Esto es absurdo, será una pérdida de tiempo de ambos; no puedes pedirme dinero, mejor algo que sea más simple para los dos. Eso sí que era una buena opción.
—No necesito dinero, pequeña. Además, eso arruinaría la diversión.
Me levanté y empecé a caminar de un lado a otro de la habitación.
—Perdón, pero el único que se divierte eres tú -dije con sinceridad.
—Es porque ni siquiera hemos empezado, pequeña, lo que te negabas a hacer con el paso de los días lo disfrutarás, ya verás.
Negué.
—Eso lo dudo, pero... —¿Mantendrás la boca cerrada si accedo a dormir contigo? —pregunté mirándolo fijamente.
—Por supuesto, pero ya te dejé en claro que eso solo será el inicio de nuestra aventura —dijo guiñándome el ojo.
Nuestra conversación terminó ahí. Me dirigí a la puerta esperando que Laín la abriera, en cuanto lo hizo, salí y empecé a caminar directo a mi casa. Esto me estaba agotando, debía hablarlo con alguien o me explotaría la cabeza sin exponerme a contar mi secreto... No me quedaba más remedio, le contaría a Lis las cosas.
Saqué mi celular y le marqué pidiéndole que nos viéramos en una cafetería que estaba cerca; sin poner reparo alguno, accedió y me dijo que la esperara unos minutos mientras el camión pasaba. Llegué primero y me senté en una de las mesas que estaban al fondo, no estaba convencida al cien por ciento de hablarlo con mi amiga, pero ya no sabía qué hacer.
Ordenamos algo en cuanto llegó y después empecé a hablar.
—Estoy metida en un problema.
—Cuenta —dijo simplemente.
Empecé en el momento que conocí a Laín, la forma en que lo hice, los mensajes, correos, las peleas, las salidas, todo... absolutamente todo. Omitiendo, claro, mi preciado secreto.
Guardé silencio cuando llegó lo que pedimos, donas de chocolate con malteadas. Los escuchaba atentamente mientras se metía una dona en la boca.
—Wow, y todo pasó en estas semanas, vaya intensidad del chico. Antes de proseguir, quiero preguntar algo: ¿Por qué me mentiste diciendo que era gay y todo lo demás?
—Lo vi como alguien peligroso y quería que te mantuvieras lejos de él por tu seguridad —respondí.
Lis comenzó a reír.
—Sé que sonará insano, pero bien sabes que me atraen los chicos como Laín y ahora que me cuentas esto, sabes que es imposible que lo deje ir. —Le dio otra mordida a su dona y habló con la boca llena— La cosa funcionará así: él te perseguirá a ti y, por mí, a él... No se librará de mí, así como tú no te libras de él. Seré su karma.
Consejo del día: No contarle todo a tu mejor amiga.
—No...
No me dejó terminar la frase, pues prosiguió.
—Ahora bien, en cuanto al problema, bien puedes contarle a tu madre, estoy segura de que ella lo resolverá. O bien podrías voltear el juego; él sabe algo de ti que no quieres que nadie sepa, tú deberás averiguar algo de él que no quieres que nadie se entere, es entonces que estarán a mano.