Una noche
Transcurrieron cinco días desde la última vez que hablé con B'dLaín. En ese lapso de tiempo, de alguna manera las cosas en mi vida volvieron a la normalidad, él no se presentó a la escuela, tampoco me envió ningún mensaje. Era prácticamente como si nunca hubiera existido.
Pensé que las cosas habían regresado a la normalidad, pero claro estaba, no todo era color de rosa, pues en la tarde, mientras pasaba unos apuntes, me llegó un mensaje de él.
<<¿Me extrañaste?>>
<<No, pensé que al fin te habías desaparecido.>>
<<Eso es algo que no sucederá... al menos no por ahora ;) >>
No respondí su mensaje, así que volvió a enviar otro.
<<Sofí, no me dejes en visto, van días que me alejo de ti y ni siquiera me respondes ahora, eso parte mi corazón </3. >>
<< Vaya, sí que eres el rey del dramatismo. Usa pegamento para que pegues ese corazón. Dime qué cosa quieres. >>
<<Quiero que estés preparada, ya que hoy es el gran día.>>
<<¿El gran día? ¿A qué te refieres?>>
<<Tú, yo, tu cama y una colcha calentita>>
Cien por cierto estaba segura que a mi madre le agradaba Laín, pero no al grado de dejarlo meterse a mi habitación. No podía entrar por la puerta principal sin levantar sospechas, no quedaba más remedio: si quería entrar, debía hacerlo por otro lado.
<<A las once te espero, tendrás que entrar por la ventana. O puedes pedirme otra cosa. >>
Sin leer la respuesta que me envió, dejé el celular de lado todo el día, terminé de hacer mis pendientes, luego cené, me metí a bañar y, al salir, me puse a ver una serie. Sin percatarme de la hora, el celular empezó a vibrar, lo agarré y vi los mensajes de Laín. La puntualidad que se cargaba me sorprendía. Les di las buenas noches a mis padres y subí a mi cuarto.
<<Ya estoy aquí afuera, ¿Cómo pretendes que suba?>>
<<Ese es problema tuyo, ingéniatelas.>>
<<Sabes que puedo morir si me llego a caer, te quedarás viuda sin haberte casado conmigo aún.>>
<<No seas dramático, Laín>>
<<Bueno, al menos estás aceptando que podrías casarte conmigo. Pero hablando en serio podría quebrarme algo, pequeña.>>
<< Quizá necesitas un golpecito en la cabezota a ver si así se te acomodan las neuronas y dejas de ser un completo tarado.>>
<<Tu agresividad es preocupante, Sofí. Ya subo>>
Cerré la puerta de mi habitación con seguro, unos minutos después entró por la ventana sin problema alguno. Era más hábil de lo que esperaba, parecía un ninja, no había hecho ningún ruido. Laín se paseaba viendo lo que estaba en mi habitación.
Nunca había permitido que ninguna persona externa a mi familia o a Lis entrara a mi cuarto, ni siquiera Eduardo. Y sin embargo ahí estaba fisgando.
La habitación era normal, paredes pintadas de un color beige, una cama con dos muebles a los lados, un escritorio cerca de la ventana, un armario pequeño y al lado un librero, nada fuera de lo común. No entendía porque actuaba de esa manera.
— ¿Vienes a dormir o a husmear? — pregunté molesta.
— Ambas cosas, pequeña —respondió sin más—. ¿Ya lo leíste? —preguntó tomando el libro de mi escritorio.
Negué.
—Lo quería leer en vacaciones, pero alguien arruinó mi plan. Después de tanto spoiler, no sé si valga la pena —dije mientras quitaba las cosas que estaban sobre mi cama.
—Sí lo vale. Deberías darte prisa y leerlo, está muy bueno. —dijo dedicándome una sonrisa.
—Sin vergüenza.—susurré.
Procedí a quitar unas cosas de la cama cuando habló.
—¿Dormirás vestida? —preguntó mientras colocaba el libro en el escritorio.
—Obvio, me pondré un pijama.
Asintió y se acercó a la orilla de la cama, quitándose los zapatos.
—Yo duermo desnudo, Sofí —dijo mientras se empezaba a quitar los jeans.
—¿¡Qué!? —pregunté exaltada.
—Así como lo escuchas —contestó sonriendo—. D-e-s-n-u-d-o —repitió deletreando lentamente mientras se deshacía de su playera negra.
Tragué saliva, no esperaba que su cuerpo se viera de esa manera. Por suerte sus bóxers rojos parecían shorts, pero cuando vi que tenía intención de quitarlos, negué apuntando con mi dedo.
—Ni se te ocurra y ponte la playera, que esto no es una playa nudista —dije colocando las manos en la cintura.
—Tus ojos no pueden soportar tanta perfección —respondió colocándosela de nuevo.
—Sigue soñando, Laín —dije mientras deshacía la cama, el tipo sí que tenía un ego enorme—. Dormirás de ese lado y no puedes pasarte a este —dividí el espacio colocando una almohada entre ambos.
Laín asintió, cogí mi ropa del closet y al salir al baño a cambiarme, en el camino me topé con mi madre.
—¿Todo bien, Sofí? —preguntó entrecerrando los ojos—. Pensé que ya estabas dormida. Escuché murmullos en tu habitación.
—Claro que sí, solo voy a cambiarme, necesitaba terminar de ver unos videos.
Entrecerró los ojos y se cruzó de brazos.
—¿Y por qué necesitas ponerte el pijama en el baño, si tienes tu habitación? —cuestionó.
Vaya, no se le escapaba ninguna.
—Ma, debo lavarme los dientes.
—Está bien, buenas noches, hija —dijo metiéndose a su cuarto y cerrando la puerta.
De la que me salvé.
Entré rápidamente al baño y cuando regresé a la habitación, Laín ya estaba acostado, me miró fijamente y empezó a reír.