No Apto para menores

Capítulo Veinticinco

Más drama

Mi mejor amiga, se suponía que ella era mi mejor amiga. Secó mis lágrimas cuando él me dejó por primera vez, los problemas que tuvimos se los conté a ella, era mi confidente. Así que sí, me dolía, pero no por él, sino por ella. Eduardo y yo no estábamos juntos, pero no se me hacía correcto que hiciera eso. De todos los hombres ¿por qué precisamente él?

Ambos me habían traicionado, jugaron conmigo.

Permanecí inmóvil con la vista fija en ellos dos, simplemente no podía apartarla. Se reían, se besaban y yo no podía procesarlo.

Sentía una fuerte opresión en el pecho, unas nauseas me invadieron.

Laín me agarró del brazo.

—Pequeña, vámonos de aquí.

Se veían tan felices mientras Eddy tomaba la mano de Lis y se dirigían al cine. Iba a caminar hacia ellos, pero Laín lo impidió.

—Sé que en estos momentos tienes mucha impotencia, lo sé, créeme. Pero este no es el lugar ni el momento para que aclares las cosas, Sofí. La violencia no es la solución, pero no sabes cómo me estoy conteniendo de partirle su madre a Eduardo. Vámonos a casa, ellos no valen la pena.

Asentí, aunque no quisiera admitirlo, Laín tenía razón. Armar un escándalo no era lo más propio y sería rebajarme a su nivel.

Salimos de la plaza comercial y el viento sopló frío, me llevé las manos a mis brazos para intentar darme calor mientras esperábamos que el Uber llegara. En el trayecto de regreso ninguno de los dos mencionó palabra alguna, al llegar a mi casa bajé sin más, sin siquiera despedirme de Laín.

Entré evadiendo a mi madre y subí a mi habitación, me quedé sentada al borde de la cama durante unos minutos. No debía hacerlo, pero no aguanté más. Agarré el celular y escribí un mensaje.

<<Lis, tengo que contarte algo que hizo Laín.>>

Cinco minutos después llegó la respuesta.

<<Hablamos mañana en la escuela, estoy un poco ocupada en la cocina ayudándole a mi madre con la cena.>>

Las cosas se aclaraban en persona, no mediante mensajes de texto, yo no podía esperar. El coraje, la rabia, todo me estaba consumiendo. Se burlaba de mí al hacer aquello.

<<Más bien, por tu madre te refieres a Eduardo y por la cocina a la sala de cine, ¿no?>>

Esperé su respuesta, ni un minuto después, ni media hora más tarde, simplemente ya no contestó.

Puse el celular a cargar, preparé lo que me llevaría a la escuela al día siguiente y me acosté algo me decía que sería un día muy pesado. El mundo no se podía detener por esto.

No sé en qué momento las lágrimas comenzaron a brotar. Lloré hasta quedarme dormida.

...

—Se te hará tarde, ya levántate—a lo lejos escuchaba la voz de mi madre gritándome—¡Ya despierta, Sofía!

Abrí los ojos ante tanto grito y miré a mi madre, que se encontraba parada frente a mí.

—¿Para qué pones alarma si no la vas a escuchar? —dijo con tono golpeado saliendo de mi habitación.

Vi el reloj y aún me quedaba casi una hora libre antes de tener que irme a la escuela, no entendía por qué entonces hacía tanto escándalo. Me puse la almohada en la cara y empecé a cerrar los ojos de nuevo cuando escuché desde las escaleras cómo gritaba.

—Ni se te ocurra quedarte dormida otra vez.

Quité las colchas de encima, me tallé los ojos y me estiré, cuando se me quitó la flojera, me levanté, fui al baño y, mientras esperaba que el agua se calentara, me miré en el espejo. Mis ojos se encontraban un poco hinchados, debía ponerme un poco de maquillaje o mi madre estaría haciendo preguntas. Terminé de bañarme y arreglarme para después bajar a desayunar.

El alma se salió de mi cuerpo al ver sentada en la mesa a Allison riendo con mi padre y comiendo cómodamente.

—¿Qué crees que haces? —hablé con desprecio —¿Cómo eres tan cínica de venir? Lárgate. —la jalé del brazo, provocando que el vaso de jugo se derramara, dejando en desconcierto a mi familia.

—Sofía —habló mi madre con preocupación.

—Perdón, pero tenemos que hablar.

—Tienes razón —dije dirigiéndome a la puerta principal, la abrí y le hice la seña que saliera. Mi madre me miró extrañada y, antes de que dijera algo, hablé.— Ya no eres bienvenida en esta casa, si quieres hablar, lo haremos fuera. —la forma en que reaccioné fue más tranquila de lo que esperaba.

Dejé confundidos a mis padres, pero ninguno dijo nada. Inmediatamente estuvimos fuera, Allison empezó a disculparse.

—Las cosas simplemente se dieron, debes entender eso, nosotros no queríamos que esto pasara.

—¿Por qué, Allison? Se suponía que él no te gustaba, tú andabas tras de Laín.

—Sofí, era solo una tapadera, no hay que hacernos tontas. Laín es atractivo, pero, Dios, el chico se muere por ti y, aunque tú lo niegues, a ti te gusta. —Guardó silencio un momento, meditando si seguir hablando o no—. Eddy, él, bueno, te confieso que me gusta desde que andaba contigo.

Procesaba las palabras, las masticaba y digería, pero entonces mi cerebro hizo bum.

—Dime que es una puta broma, dime que esto no es cierto.

—Lo siento, te lo juro que lo lamento, yo no quería que nada de esto pasara.

En ese momento, algo hizo el clic que faltaba.

—Por favor, dime que tú no eres la chica con la que Eddy andaba a la par que conmigo, por favor, dime que no eras tú por quien él me dejó.

Allison se echó a llorar. Oh, por Dios.

—Perdóname, Sofí.

—¿Crees que con un simple perdón se resolverán las cosas? ¿Pensabas que nunca me enteraría, y podrías seguir viéndome la cara? Te dices ser mi mejor amiga cuando la realidad es que no eres más que una maldita perra. Él no me interesa, no pelearía por un idiota como él, eres tú la que me traicionó de todas las maneras posibles...

—Lo siento, realmente lo siento…

—No. Esto jamás te lo perdonaré. ¿Cómo pudiste? Te contaba todo, lloré contigo cuando él me dejó, mientras tú gozabas el estar con él. Y ese malnacido todavía quería regresar conmigo tiempo después, aun cuando iba a volver contigo… Me dan mucho asco.



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En el texto hay: romance juvenil, secretos, apuestas

Editado: 15.10.2026

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