No Digas Su Nombre

† ════ CAPÍTULO UNO: LA MUJER DEL BUS ════ †

════ ════ ════ ════

El bullicio en este pequeño espacio es fuerte. La gente habla sin parar, comentando cosas que llegan sin problema a los oídos de otros. Hay risas, algunas bajas y otras muy altas. El día se siente acalorado aunque tengamos el aire acondicionado a una altura muy considerable.

Intentó pasar desapercibida entre los miles de asistentes de este bus, con mis ojos fijos en el respaldo frente a mí. No puedo evitar suspirar a cada segundo, porque esto no era lo que yo quería.

Se supone que hoy sería un día tranquilo.

El inicio de unas cortas vacaciones que desde hace mucho había esperado. Tenía planes, no muy elaborados, pero se sentían míos. Y ahora… estoy de camino a un lugar que no conozco, con las indicaciones que mi madre me dio, apretada entre mis manos.

Vuelvo a mirar el nombre una y otra vez, ese mismo que mi señor padre no dejaba de mencionar cada que podía.

“Tres Santos” ese pueblito en donde nació y pasó gran parte de su infancia. No lo conozco, solo sé un poco de ese lugar por las historias que me contaba de su niñez. De la comida que hacía su madre y de los dulces que vendía una señora cada que él iba a comprar leche.

A lo mejor, debería estar feliz porque voy a visitar a una parte de mi familia, pero no lo estoy. Estar en este pequeño bus con demasiada gente para mi gusto es incómodo. Hay un mal olor por alguien que de seguro no se aplicó desodorante; las risas de unas señoras detrás de mí son molestas y también debido al hecho de que no puedo abrir la ventana porque a la mujer a mi lado, le fastidia la claridad.

Un suspiro vuelve a salir de mis labios. Intento acordarme de nuevo en el asiento, haciendo de cuentas que esto es lo que quería aunque no lo sea.

Porque yo no le pedí a mi madre visitar a una mujer que se volvió indiferente luego del fallecimiento de su hijo. Ni mucho menos a una familia que no le importó la muerte del hombre que se supone, querían con toda su alma.

— Ah… qué enredo — vuelvo a suspirar y apretar con más fuerza aquel papel ya bastante arrugado.

Un suave apretón en mi hombro me hace voltear. Me encuentro con una mirada caída, unos ojos chiquitos y el rostro con arrugas de una mujer mayor. En sus ojos se ve una ligera preocupación, su ceño está bastante marcado y me mira como si me estuviera examinando.

—Mijita, ¿te encuentras bien?

Su tono tan suave al hablar hace que pestañee despacio y me aleje tan solo un poco, porque un tono de ese tipo, tan delicado y pausado, no me da muy buena espina.

—¿Estás mareada, mijita?

—No —digo con voz firme, aunque por dentro sea todo lo contrario—. Estoy muy bien, señora.

—¿Segura? —murmura mucho más cerca mío, tanto que puedo sentir un olor fuerte por mi rostro—. Es que te veo algo pálida y miras mucho ese pedacito de papel que tienes en la mano. Antes lo tenías liso y ahora está muy arrugado.

Lo dice en calma, con una baja sonrisa dibujada en sus delgados labios. Mi mano tiembla, siento el sudor bajar de mi frente, un sudor demasiado frío por el miedo que se está extendiendo en mi cuerpo. No logro articular palabras, mi boca se ha quedado sellada. Todo por esta mujer que me ha estado observando demasiado.

Y esto no es nada normal.

—¿D-disculpe? —logro decir entre tartamudeos.

—Eres una joven muy fácil de leer, se ve que hay algo que te molesta, no se tan grave sea —menciona cada vez más bajo, como si fuera algún tipo de secreto entre ambas—. No son cuestiones de amor ¿o quizás sí?

Voltea a verme de nuevo, con una curiosidad tan evidente, que no me agrada.

—No es nada de eso. No estoy interesada en relaciones.

Lo digo sin titubear, ya sintiéndome más calmada luego del primer susto que me dio esta mujer. Sus ojos siguen en mí, pero no dice nada. Algo que agradezco demasiado. Otro suspiro vuelve a salir de mi boca, mi mirada viaja al frente y se detienen en la poca visibilidad que puedo ver de la carretera. Todo se ve verde, con inmensas nubes y el cielo pintado de tonos anaranjados, pero lo que más llama mi atención es el pronunciado zigzag a lo lejos. Un nudo se forma en mi estómago, al punto de enterrar mis uñas en el cojín del asiento.

Siempre que veo ese tipo de curvas tan pronunciadas, tiendo a asustarme y la verdad, yo creí que se habían pasado hace tiempo. No sabía que el viaje hasta Tres Santos, sería tan largo.

Ojalá culmine rápido, lo siento tan eterno que no me está gustando nada.

—Ja —una risa tan parecida a la de un cerdo me hace desviar la mirada hasta aquella mujer—. ¿Sabes? me recuerdas demasiado a mi nieta.

Dice un poco más alto, por lo que volteo mi cuerpo para observar mejor.

La curiosidad me ha invadido y se que no es correcto preguntar, pero si ella ya lo hizo conmigo ¿por qué no hacer lo mismo?

—¿En verdad?

—Sí. Mi niña siempre sale a la defensiva cuando se trata de temas de amor, es bastante reservada, igual de terca que su madre. —Niega con la cabeza—. Por lo mismo, la relación de mi hija terminó en divorcio.

No puedo evitar contemplarla con mis ojos muy abiertos y aunque quiero hablar, no tengo las palabras correctas para tan siquiera abrir la boca. Esta señora a mi lado se expresa con una calma tan impresionante, que me ha dejado asombrada.

¿Qué tanto nivel de confianza se tiene uno mismo, para soltar este tipo de información personal de golpe? ¿con alguien que ni siquiera conoces?

—Aunque mi nieta no me lo diga, sé bien que en el amor le va fatal —un suspiro bastante largo se escapa de sus labios y puedo ver como la sonrisa tan firme que tenía hace unos momentos, desaparece por completo—. Ella es un poco más difícil de leer, siempre se ve seria, muy pocas veces sonríe. Tiene el carácter de mi antiguo esposo, reservado y duro como una piedra.

Su semblante cambia, al igual que el tono de su voz. Este es cada vez más bajo, como si ahora temiera que alguien más pueda escuchar esta conversación tan privada. No puedo evitar fruncir el ceño y mirar a otro lado, para verificar que nadie estuviera escuchando tal asunto.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.