════ † ════ † ════ † ════
Mi cabeza duele, noto mi cuerpo tenso. Mis párpados me pesan como si estuvieran adormilados. Con mis pocas fuerzas los levantó poco a poco y aunque la sensación de vértigo me invade logro levantarme del piso frío donde me encuentro.
La oscuridad es evidente, siendo lo único notable el color blanco de aquellas siluetas tan extrañas enfrente mio. El temblor en mis manos no se hace esperar, intentó retroceder, pero al hacerlo por alguna extraña razón terminó más cerca de ellas. Mi corazón retumba contra mi pecho, puedo escuchar cada palpitación en mis oídos. La atmósfera es pesada, cada respiro que doy cuesta demasiado.
Miro a todos lados, en busca de algo que ni yo misma sé que es. Un crujido muy cercano me hace dar tres pasos atrás, solo para ver aquellas formas tan extrañas más y más cerca. La boca me tiembla, mi cuerpo se pone rígido al verlas por más tiempo. Porque ya no son siluetas, no. Parecen ser trazos, demasiado finos y tan detallados como si hubieran sido pintados con una delicadeza muy evidente.
Parecen hechas por mano humana, pero con un toque tan siniestro que en lugar de dar paz, provocan desconcierto. Porque mientras más las miro, me doy cuenta de detalles tan pequeños que con el transcurso de los segundos se hacen más notables. Hay un color rojo muy brillante que se extiende por toda la mitad de las líneas y las espirales, pero nada de eso es tan atemorizante como aquellos ojos, esos que me observan con detenimiento, con sus pupilas rojas dilatadas, con un brillo tan peculiar que temblar y rezar se quedan cortos ante mi miedo.
Es como si mirara los ojos de un demonio, unos ojos que no se ven humanos, pero tampoco demasiado irreales para ser parte de mi imaginación, puedo contar cada una de sus largas y curvas pestañas, sus venas tan resaltadas, en cómo sus pupilas incrementan para luego disminuir. Y aunque tengo miedo y deseo correr, huir o gritar. No hago nada… porque si corro, me acerco a ellas y si me acerco más de lo debido a esas cosas, no se que pueda pasarme.
Mis ojos caen en lo que debería ser el piso por lo inquietos que se sienten mis pies sobre donde me encuentro, porque aunque estén cubiertos la sensación del frío en toda la atmósfera hace que estos tiemblen.
Y aquí estoy: estática en un lugar que parece ser el vacío, con la única compañía de estas cosas tan extrañas que no parecen ser creación de mi inquieta imaginación. Estoy perdida, ni siquiera sé si esto es un sueño o una pesadilla. Esa mujer, esa señora me condujo a “esto” con una finalidad que aun no logro entender.
Recuerdo que ella me dijo que necesitaba descansar, ya que lo necesitaba… pero ¿descansar de que?
¿Es que acaso hay algo peor que esto mismo?
Mis ojos se vuelven a posar en aquellas cosas, esas mismas que gracias a que no me he movido, siguen en un mismo lugar, aunque esos ojos me miren con un odio puro.
Si… sin lugar a dudas debo estar en el inicio de una pesadilla, donde soy consciente de que estoy soñando y que justo eso mismo sea mi más grande problema, Ya que si corro, ellas se acercan a mi y si grito quizás corten mi garganta, al punto de matarme de una forma tan lenta, dolorosa y morir debido al desangrado, aunque… ¿Puedo morir dentro de un sueño?
Con ese pensamiento llevo mi mano izquierda a mi garganta, al igual que el resto de mi cuerpo todo se siente frío en ella. Y el solo hecho de pensar que en cualquier momento pueda morir, hace que con cada caricia a esta misma, las ganas de ponerme a llorar, gritar o pedir ayuda sean más evidentes en mi inestable cuerpo.
—Bel.
Bajo mi mano ante aquel murmullo que sonó contra mi oído. ¿Acaso ha dicho mi nombre?
—Bel… bel…
Mi cabeza da vueltas ante lo baja y lejana que se escucha esa voz, aunque la sienta detrás de mí.
—¿Por qué no me miras? —pregunta con una voz tan pequeña, tan parecida a la de un niño, muy risueña, pero tan baja como si se hallara contando un secreto—. Mírame… mírame Bel.
Un escalofrío recorre toda mi espalda por el tono tan demandante de sus últimas palabras. Puedo escuchar más de sus murmullos tan cerca mio, pero no puedo distinguir lo que dice, solo sé que cada que termina de decir algo se ríe.
—Mírame, vamos… mírame.
Vuelve a soltar una risa igual de escalofriante que las demás.
—Mírame. MÍRAME.
Dice entre palabras pausadas, con aquellas risas mucho más lejanas aunque estén cerca mio. Mi corazon esta a nada de salirse de mi pecho por estas mismas, ya que me dan miedo, una desconfianza tan grande, porque no se lo que hay detrás de mí y mucho menos quiero saberlo.
—Vamos nuestra pequeña amapola —su risa resuena de nuevo, tan risueña y perturbadora que mis manos tiemblan—. Mírame, mírame antes de que puedas despertar. Porque de lo contrario… te perseguiremos hasta que ya no puedas más.
Un nuevo escalofrío recorre mi espalda al escuchar eso. Mi pecho comienza a apretarse al sentir algo raro sobre mi cuerpo, tan parecido a las ramas y a su vez como si no estuviera ahí. Intento moverme, apartar aquellas cosas que se han plantado en mis hombros y cintura. Pero a un paso, mi cuerpo se vuelve a sentir de nuevo pesado, junto a párpados que comienzan a caer, mi respiración vuelve a estar más pausada y no solo eso.
Las líneas, las espirales… Ya no están.
Lo único que quedan son los ojos. Y que por lo que puedo notar se han hecho más grandes. Están llorando… ¿por qué están llorando?
—¿Me vas a ignorar?
Su voz sigue resonando con más fuerza. Pero mi mirada sigue fija en las manchas rojas que bajan de aquellos ojos y a medida que se acercan, pierdo más y más mis fuerzas, al punto de terminar en el piso, ya sin sentir nada.
—¿Cómo? —suelta en un jadeo—. ¿Cómo es posible esto?
El desconcierto en su voz me hace querer mirar atrás, pero al moverme mi cuerpo se siente mucho más pesado. Solo puedo enfocar mi visión en aquellas manchas rojas. Esas mismas que con cada pestañeo que doy se acercan a mi cuerpo y que de nueva cuenta, no puedo distinguir que son.
#175 en Paranormal
#709 en Thriller
#254 en Suspenso
amorlesbicoyqueer, brujasentesterrorreligioso, angelescorrompidos
Editado: 06.05.2026