No era amor, era una jaula en forma de abrazo

CAPÍTULO II: La debilidad de un rey

💖💖💖

El problema no era que Adrián Volkov no confiara en nadie.
El problema era que ahora quería confiar en ella.

Isabella llevaba tres días dentro del círculo Volkov.
No como rehén.
No como empleada común.

Como algo que nadie sabía cómo definir.

Desde el atentado, Adrián la mantenía cerca en cada reunión estratégica. No la presentaba como aliada. Tampoco como subordinada. Simplemente estaba ahí.

Observando.

Y eso incomodaba.

---

La reunión esa noche era con los jefes de sector.
El ambiente olía a pólvora contenida.

Mikhail permanecía de pie detrás de Adrián, firme como siempre. Su lealtad no se discutía. Era el único hombre por el que Adrián pondría la mano en el fuego sin pensarlo.

Isabella estaba sentada ligeramente a la derecha del jefe.

Silenciosa.

Pero atenta.

Uno de los hombres, Viktor, evitaba mirar directamente a Adrián. Sus dedos golpeaban la mesa en un ritmo irregular. Apenas perceptible.

Isabella lo notó.

También notó que cuando mencionaron el acceso al hotel, él respiró más lento.

Demasiado lento.

Se inclinó levemente hacia Adrián.

—El traidor está en esta mesa —susurró casi sin mover los labios.

Adrián no reaccionó.

Pero sus ojos se oscurecieron.

—Continúen —ordenó con voz fría.

La conversación siguió. Isabella esperó. Observó.

Viktor bebió agua.
Pero no tragó.

Miedo.

Adrián se levantó lentamente.

—Mikhail.

Un solo nombre.

Su segundo al mando entendió de inmediato.

En menos de cinco segundos, Viktor estaba contra el suelo, un arma presionando su cabeza.

Los demás ni siquiera respiraron.

—¿Fuiste tú? —preguntó Adrián con una calma que daba más miedo que un grito.

Silencio.

Un segundo.

Dos.

El disparo resonó antes de que Viktor pudiera mentir.

Adrián ni siquiera parpadeó.

—La próxima vez —dijo mirando al resto— será más lento.

La reunión terminó ahí.

---

Horas después, Isabella estaba en el balcón privado del despacho, mirando la ciudad.

No estaba temblando.

Eso era lo que más perturbaba a Adrián.

Se acercó por detrás.

—No apartaste la mirada —murmuró.

—Porque ya sabía lo que harías.

—¿Te asusta?

Ella tardó en responder.

—Me asustaría más que no lo hicieras.

Eso… lo desarmó.

Adrián giró su rostro hacia él.

—Eres peligrosa, Isabella.

—Solo cuando es necesario.

El viento movía su cabello oscuro. Había algo en ella que no encajaba con ese mundo… y aun así parecía diseñada para sobrevivir en él.

Adrián levantó la mano.

Dudó.

Nunca dudaba.

Finalmente, rozó su mejilla con los dedos. Apenas un contacto.

Pero fue suficiente para que algo cambiara.

Isabella sintió la grieta.

El rey estaba cayendo.

Y no lo sabía.

---

En otra parte del edificio, Mikhail limpiaba su arma con precisión metódica.

Una mujer observaba desde la puerta abierta.

No era parte oficial del círculo. Era analista financiera externa. Inteligente. Reservada. Ojos que no bajaban la mirada.

Elena Kovalenko.

—No disfrutas disparar —dijo ella con serenidad.

Mikhail levantó la vista.

—No disfruto traiciones.

—Eso no fue lo que pregunté.

Él la estudió.

Por primera vez en años, alguien lo estaba leyendo.

—Es necesario —respondió.

—Eso tampoco fue lo que pregunté.

Y algo en su voz no era juicio.

Era interés.

Mikhail cerró el arma.

—Deberías tener cuidado, Elena.

—¿Por qué?

—Porque este mundo no perdona debilidades.

Ella sostuvo su mirada.

—Entonces es bueno que yo no lo sea.

Y por primera vez, el hombre más leal de Volkov sintió que quizá había alguien capaz de quedarse a su lado sin romperse.

---

Mientras tanto, en la oscuridad de un edificio abandonado, la mujer que había sonreído tras el atentado observaba nuevas fotografías.

—Adrián siempre fue frío… —susurró.

Deslizó una imagen de Isabella sobre la mesa.

—Hasta ahora.

Tomó su teléfono.

—Prepárenlo todo. Si la chica es su escudo… atacaremos donde más duele.

Sonrió lentamente.

—El amor siempre es la mejor forma de destruir a un rey.

---

Esa noche, Adrián no pudo dormir.

No por amenazas.
No por enemigos.

Por ella.

Recordaba la firmeza en su voz.
La ausencia de miedo.
La forma en que había encajado en su mundo sin quebrarse.

Él había construido su imperio sobre cadáveres.
Pero por primera vez… quería construir algo distinto.

Y eso era más aterrador que cualquier guerra.

Porque Adrián Volkov no temía morir.

Temía perderla.

Y el momento en que un rey teme perder…
es el momento en que empieza a redimirse.

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En el texto hay: romance mafia drama

Editado: 25.02.2026

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