No Era El Plan

CAPÍTULO 1

Faltaba una semana para mis dieciocho y aunque la verdad no tenía muchas ganas de hacer una fiesta, Emilia y Carla insistieron como niñas por un caramelo y no tuve más que aceptar, y por aceptar estoy aquí eligiendo un vestido en tiendas, pero todo está más alto que mi presupuesto.

"Bien, la última, si no encuentro nada no tendré más opción que ir al mercado."

Entré a la tienda a dar vueltas mirando cada prenda a ver si me gustaban, pero eso no era el problema principal.

"También tú, ¿qué? ¿vas a sitios pitucos?"

"¿Y dónde se supone que vaya? En Nueva York, idiota."

Ya me estaba frustrando un poco de no poder encontrar nada, la verdad, y ahí lo vi: era un elegante vestido corto negro de terciopelo brillante, con escote de hombros descubiertos, falda voluminosa y un llamativo lazo de cristales en el pecho.

No soy fan de los vestidos, pero este fue amor a primera vista. El problema era como todos los demás: el maldito precio.

A ver, para ser sincera sí me alcanzaba para los demás, pero soy coda y no quería gastar un dineral en algo que solo me voy a poner un día, pero este vestido valía la pena gastar un riñón… bueno, no tanto, pero sí lo quería. Me dirigí a preguntar y casi me da un infarto al escuchar su precio.

—¿Qué? —mis ojos se abrieron grandes como platos—. ¿Ala pues, qué tiene? ¿Oro o qué? —eso claramente lo susurré… solo le di una sonrisa a la vendedora y dije lo que dicen mis padres siempre—: Claro, vendré más tarde, daré una vuelta. —No dejé que contestara y me fui decaída.

Ya estaba frustrada y triste por no encontrar nada cuando me vibró el celular, y al ver quién era, era el chat con mis amigas.

The Powerpuff Girls

Barbie: Cele, ¿dónde andas?

Yo: En el centro comercial. ¿X?

Carla: Estamos afuera de tu depa, che.

Yo: A… pos espérenme, ahí voy.

Yo: Denme 5.

Cerré el chat con mis amigas y después de tres horas buscando vestido no elegí nada. Tres horas perdidas.

"¿Por qué no ir en jean y ya está?"

"Emilia me mata si voy así."

"Pero es tu fiesta, estúpida, si quieres vas en pijama."

"Sí, pero ellas se esforzaron mucho como para yo ir así, y no me insultes."

Terminé tomando el autobús ya que me olvidé de que mi carro está en el mecánico, ya que como es más viejo que el papa había que hacerle mantenimiento.

Estuve mirando el paisaje como siempre, como si mi vida fuese una película, escuchando de fondo On My Own de Ross Lynch. Así me puse a escuchar canciones de Disney todo el viaje, hasta llegar a mi departamento. Al llegar, solo notas lo grande que es el edificio y lo lujoso. ¿Por qué podía pagar un departamento aquí y no un vestido? Simple: no pago el departamento, lo paga mi tío, el padre de mi mejor amigo Fabricio.

Saludé al botones y subí a mi piso, presioné el piso 7 y me volví a poner mis auriculares, pero antes de que se cerrara el ascensor se volvió a abrir y por instinto alcé mi cabeza para ver quién era.

—Buon pomeriggio, principessa. (Buenas tardes, princesa.)

Arán. Claro que era él, es el único que conozco que habla italiano y el ser más arrogante del mundo. Se paró a mi lado y el ascensor se sintió diminuto. Su perfume, una mezcla de sándalo y algo metálico, me inundó. Llevaba una camiseta blanca que se ajustaba a sus hombros anchos y a ese físico que me ponía enferma de nervios. Se pasó una mano por su cabello negro y desordenado, y esa mandíbula afilada se tensó.

Pero como dije, arrogante y algo egocéntrico en mi opinión.

"Sí, pero bien que babeas por él."

"Calla la boca."

—Hola, pirata. ¿No es muy temprano para ir a casa?

Normalmente llega a su departamento a la madrugada. ¿Cómo lo sé? Simple: vivimos al lado del otro.

—Sí, pero Emilia insistió en que llegara antes porque hay reunión.

Se le notaba en la voz que no quería venir.

—Te puedes ir si quieres, yo inventaré una excusa por ti.

Dije fingiendo una sonrisa dulce.

"No te vayas, porfa."

—¿Ni llego y ya me están botando, enana?

Él se agachó para estar a mi altura y usó esa voz arrogante pero encantadora que me puso los pelos de punta y mi corazón se aceleró como tonta.

—No te estoy botando, te doy una oportunidad para que vayas a advertirte.

Dije empujándolo para que se alejara de mí un poco, y él solo me dio una media sonrisa.

—Pues yo me divierto mucho estando contigo… —me giré a mirarlo— y con los demás, claro.

Él volteó la cara, pero sus orejas estaban rojas, y aunque por fuera estaba seria como soldado, por dentro grité como estúpida por unas simples palabras.

—Pues diviértete escuchando a Emilia hablar y hablar.

Dije mientras se abrían las puertas del ascensor y caminé a mi departamento feliz.

—Oye, enana, le voy a decir a tu barbie que le dijiste aburrida.

—Yo no dije eso, animal.

Dije sacándole el dedo del medio y él se rio. Me giré para abrir mi puerta y ahí estaban los tres: Emilia, como siempre vestida de forma de Barbie, por eso su apodo; Carla, la más normal de las tres diría yo, ella estaba pegada a su novio Fabricio, mi mejor amigo. Pero había algo diferente: no estaba vestido como ejecutivo, esta vez vestía informal, y eso era raro viniendo de él.

—Ey, señor perfecto, por fin estás vestido como gente y no como un muñeco.

Arán habló con todo su sarcasmo de siempre mientras buscaba algo en mi refi como si fuera su casa.

Fabri solo le sacó el dedo del medio y nos dijo que nos sentáramos, y Emilia empezó a hablar de mi fiesta. A este punto empezaba a creer que la fiesta era de ella y no mía, pero no me disgustaba: si mis amigos estaban felices, yo igual.

—¿Sabes cuántos invitados tenemos ya?

Emilia me miró con los ojos bien abiertos esperando mi respuesta, y yo solo alcé mis hombros mientras me llevaba una papita a la boca.



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En el texto hay: romance, newadult, grumpyxsunshine

Editado: 11.04.2026

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