La vida laboral es una mierda, tener que soportar a los hombres es lo peor.
—Cele, limpia la mesa 10. —Lydia, mi jefa y amiga, me gritó desde la caja registradora.
—Buenas, linda, la cuenta, por fa. —Una señora de mayor edad y, si me preguntan, tiene cara de amargada pituca.
—Sí, claro, ahí viene mi compañera. —Dije con una sonrisa educada y me quise ir, pero la señora me sujetó el brazo tan fuerte que me apretó sus uñas en mi piel y me hizo dar un gemido de dolor.
"Putamadre, me va a quedar un moretón."
—No, me vas a dar la cuenta ahora mismo, niña. —Me miró con cara de desprecio y su mandíbula se tensó—. Estoy esperando la cuenta hace rato y nadie viene, así que me la vas a dar tú.
—Lo lamento, pero no sé qué pidió, así que no le puedo sacar la cuenta. Ahora llamo a mi compañera y ella vendrá, perdone las molestias. —Traté de hablar con la más calma posible que me quedaba, pero la señora empezó a gritar y a insultarme, y eso me desesperó.
"No me grite, vieja chota", pensé en mis adentros.
Hasta hizo que mi ojo derecho empezara a temblar y mis puños se apretaron más fuertes.
—H-hola, yo le voy a sacar la cuenta, disculpe la demora. —Jimena me agarró de los hombros y me sacó de allí.
—Anda, sigue con lo tuyo, Celestia.
Ella habló tragando saliva. Noté en sus ojos lo nerviosa que estaba un poco, y no respondí, solo fui a limpiar la mesa 10.
Limpié la mesa y otras más hasta que llegaron las once y cuarenta. Nos sentamos en una mesa con mis compañeras ya que no había gente en el local.
—Necesitas controlar tu temperamento, Cele. —Lydia me regañó un poco.
—Oye, esa señora empezó, y si no lo notaste, esta vez no golpeé a nadie, ¿okey?
—Y te lo agradezco, niña.
Lydia habló con su sarcasmo haciendo reír un poco. Es el lado bueno de este trabajo y de que tu jefa sea tu amiga.
Me quedé conversando un rato más hasta que ya solo faltaban 5 para las doce, así que fui a los cambiadores a dejar el mandil y ponerme mi chaqueta. Ya todos se habían ido, solo quedábamos Lydia y yo.
La verdad ya me estaba yendo hasta que recordé que se suponía que Arán dijo que vendría, pero…
"¿Estará hablando en serio?"
"Pues llámalo y pregunta."
"Eso jamás, no quiero verme desesperada."
"Pero… ¿espero o me voy?"
"¿Y si me voy y vino? ¿Pero y si me quedo esperando y nunca llega?"
"Mierda, ¿qué hago?"
—Cele. —Lydia me gritó y yo salté del susto.
—Ey, no me grites, me asusté. —Me quejé con mi mano en mi pecho.
—Perdón, pero te llamé como cinco veces y estás embobada mirando a la nada.
Solo le sonreí rascándome la nuca. Claro, no le puedo decir que estaba disociada por mi mejor amigo, y mucho menos si ese mejor amigo es Arán.
—Nada, nada, ya me voy, cuídate.
Y me fui caminando hasta la estación, pero siempre me volteaba a ver la carretera para ver si venía o no, y mientras más caminaba más me dolía el corazón porque no había nadie.
"Es muy probable que esté en una fiesta con una chica sentada en su regazo o en otra parte de su cuerpo."
"Te gustaría, ¿no?"
"No es el momento, cállate."
"Son las 12:10, no sé si vendrá."
La verdad no sé si estaba siendo exagerada, pero diez minutos son diez minutos que no quería estar parada como tonta esperando a alguien que no sé si vendría, así que sí era mucho mejor irme caminando.
El ¡piii! de un auto me hizo dar un salto del susto y hasta grité.
—Mierda, ¿qué te pas…? —No terminé de hablar cuando lo vi ahí, bajándose de su auto para acercarse a mí.
—Te dije que me esperaras, ¿qué parte no entendiste, enana?
Me habló con un tono de dureza, pero bajo.
—Pues son las doce y diez, no te iba a esperar como cojuda en el local.
Hablé más rápido de lo normal mientras jugaba con mis dedos. Gracias a Dios estaba de noche y no podía ver bien mi rostro, que estaba como tomate. Pero él estaba diferente, tenía el cabello mojado como si se hubiera recién salido de bañar y olía a perfume caro, eso no cambió mucho.
—Como sea, sube al auto.
—Vale, pero subo porque quiero, no porque tú me lo dices.
No lo miré y corrí al auto a subirme al asiento del copiloto, y a los segundos él subía, se puso el cinturón y arrancó. Para ser un piloto de carrera maneja despacio.
—¿Por qué siempre hace calor en tu carro? —Me quejé de la calefacción y me quité mi chaqueta, pero olvidé un pequeño detalle antes.
—Porque me da flojera llevarlo al mecánico, solo abre una ventana… —Arán no terminó de hablar y yo tragué saliva al notar que él notó mi brazo herido por la vieja esa—. ¿Quién fue? —Fue lo primero que dijo, y sus ojos estaban entrecerrados por la rabia, moviéndose frenéticamente de un lado a otro buscando una salida o una explicación.
—Relájate, fue una vieja que no me quería soltar hasta que le diera la cuenta. —Solté mi brazo y traté de tranquilizarlo, pero no funcionaba mucho al ver que su mandíbula se tensaba más.
—¿Sabes cómo se llama o cómo es?
—No, y aunque lo sepa no te lo diré. —Dije sabiendo lo que podía hacer este tipo con ayuda de Fabricio o los Russo—. Y no me mires así… olvídalo y sigue manejando.
—¿Por qué no te defendiste?
"Ja, ¿y se enoja conmigo?"
—Pues no sé tú, pero yo necesito el trabajo como para perderlo por una señora maleducada.
No grité solo porque estaba cansada, pero sí alcé mi voz.
—Olvídalo, no quiero discutir contigo. —Dije cansada mirando el paisaje.
—Yo no discuto, solo pregunté… ya que, por lo que veo, el servicio es pésimo. —Habló con esa calma que me daba ganas de sacarlo del auto… estando aún en movimiento.
—Sí, claro, como digas, Russo. —Solté, recostando la cabeza en el asiento.
—Uy, qué salvaje… deberías usar mi apellido más seguido, enana, te queda bien. —Él habló con esa sonrisa que me daba ganas de borrársela de un puñetazo.
—Por cierto, cambiando de tema antes de que me mates aquí. —Soltó sin más, y yo me reí seco.