No Era El Plan

CAPÍTULO 3

Bueno, aquí estoy en mi departamento haciendo maletas y guardando cosas en cajas porque al final mi mejor amigo vecino me convenció de mudarme, aunque igual puse algunas condiciones.

—¿Lista? —hablando del rey de Roma, miren quién se asoma.

—Sip, solo faltaría llevar estas cajas a tu depa y ya.

Él no contestó y se llevó las cajas que faltaban y yo lo seguí con mi mochila en mano.

Convivir juntos me recuerda cuando iba a Texas de visita y me quedaba en su casa, ya que en la mía me sentía sola. Veíamos películas o jugábamos, que por cierto, Arán es un tramposo y mal perdedor. Recuerdo muy bien el olor de madera fina de la casa de los Russo, recuerdo que siempre olía a lavanda, y que una vez jugábamos al Minecraft —que lo obligué a jugar, por cierto— se enojó conmigo porque le robé diamantes y luego le explotó un creeper, y se enojó más cuando me reí. Lo mejor es que su enojo me hizo reír más, y él se desconectó y vino a mi habitación a lanzarme almohadazos, y así estuvimos hasta que Fabricio nos regañó a los dos.

A diferencia de ahora, que solo huele a perfume Shumukh, no es feo pero sí es muy fuerte para mí. Además el contraste de colorimetría es diferente, en Texas al menos tenía algunas capas de color diferentes, aquí es color pingüino.

Bueno, pero dejemos el pasado ahí por un rato. Primero necesito concentrarme y asimilar que voy a vivir con él.

"¿Cómo me metí en esto? Por Dios."

*******

Ya es una semana desde que me mudé con Arán y no voy a decir que esto es nuevo, ya que sí he convivido con él antes, pero esto es diferente a Texas. Aquí no voy a estar unas semanas y regresaré a casa, aquí voy a estar meses. Aquí no está Amber que cocine o limpie para nosotras, aquí yo limpio y él cocina, ya que yo el único plato que se me da bien es la lasaña, pero esa historia va para más adelante. El punto es que aún me siento rara viviendo aquí de gratis, y no voy a negar que Arán es un buen anfitrión, aunque algo niñete la verdad. Como cuando cocina me deja un desastre en la cocina, o cuando llega tira sus cosas en el suelo y me dan ganas de decirle su vida. Sé muy bien que no me hará caso, así que solo respiro y ordeno.

Tengo mi espacio y horario donde él debe estar en silencio mientras yo estudio. No sabría decir si es malo o bueno, pero casi nunca para en el departamento o viene muy tarde.

Bueno, ya basta de hablar de él, necesito concentrarme en lo que me pondré mañana, porque si no les dije, mañana es mi cumpleaños y mis dos mejores amigas me organizaron una fiesta loca según ellas, y aquí estoy enfrente de mi armario buscando si tengo algo que me sirva… pero para sorpresa de nadie, no hay nada bueno.

—Mierda, ¿por qué nunca tengo nada que ponerme? —grité tirando algunas prendas en mi cama.

—¿Por qué tienes esa cara? —Arán habló parado en la puerta con los brazos cruzados.

—No estoy de humor, Arán. —Dije sin mirarlo y volví a buscar a ver si se me pasó algo.

—Toma, Emilia dijo que te diera esto. —Me giré a verlo y lo vi con la mano extendida con una bolsa de H&M.

Lo tomé algo entre sorprendida y nerviosa, y cuando lo abrí y lo vi me quedé con la boca abierta… era un sofisticado minivestido de terciopelo negro con hombros caídos, coronado por un llamativo lazo de pedrería brillante que le daba un toque de lujo inmediato.

—¡Ay! Gracias. —Dije con una sonrisa de oreja a oreja saltando a sus brazos, y él me abrazó de vuelta.

—¿Gracias por qué? Te dije que Emilia me lo mandó. —Dijo él evitando mi mirada, y yo solo sonreí.

—Bueno, bueno, estoy feliz y tú eres el único aquí, ¿vale? —Dije bromeando con él.

—Bien, un problema menos. —Dije dejando el vestido en mi cama.

—¿Aún piensas ir?

—Obvio, es mi cumpleaños.

—Sí, pero no tu fiesta.

—¿Qué? —¿Pero qué dice este? Si es mi fiesta de cumpleaños—. Claro que sí, Barbie lo hizo para mí.

—Bien, pero ni siquiera te gusta la gente a ti.

"¿Por qué trata de bajonearme?"

—¿Por qué tienes esa cara? ¿Vas a ir, no? —Pregunté al notar que su rostro no tenía ninguna expresión.

—Si insistes en ir a un lugar donde no estés cómoda… pues estaré cuando te quieras ir.

Sus palabras se quedaron en el aire de mi habitación cuando él salió como si nada hubiese pasado.

*******

Eran las dos de la mañana del 23 de abril, mi cumpleaños. Siempre me levanto a esta hora sin ninguna razón, la verdad. Según mi madre es porque nací a esta hora, pero yo creo que un espíritu me molesta, y mi padre siempre termina regañándome por decir estupideces. Es el lindo amor familiar que hay en mi casa.

Me levanté de mi cama para dirigirme a la cocina por un vaso de agua, y ahí lo encontré a él de espalda descubierta, solo llevaba puesto un buzo de cuadros y podía ver muy bien su espalda algo marcada.

—¿Vas a hablar o solo a verme, enana? —Su voz ronca me hizo dar un escalofrío en todo mi cuerpo.

—No te estaba mirando, solo pasaba por agua.

—¿Qué haces despierta a esta hora?

—¿Qué haces despierto tú?

—Yo pregunté primero.

—¿Cuántos años tienes, 5?

Él me miró con su rostro de regaño, así que tuve que contestar.

—Nada, siempre me levanto a esta hora cuando es mi cumpleaños.

Hablé mientras daba pasos lentos hacia el refri para sacar el agua helada.

—No tomes eso. —Él me quitó la botella de la mano—. Está fría y te acabas de levantar, niña.

—Ya no más niña, oficialmente soy mayor de edad… soy toda una adulta ya. —Dije alzando mi pecho en modo segura.

—Podrás ser mayor de edad, pero sigues siendo una niña.

Arán habló con su tono sarcástico empujando mi frente con sus dos dedos.

—Oye, soy mayor de edad, ya puedo tomar. —Dije sonriéndole.

—No, debes tener 21 años aquí, es las Américas para tomar, tonta.

—Tonta tu madre. —Dije fingiendo enojo y volteándole la cara.



#387 en Joven Adulto
#5279 en Novela romántica

En el texto hay: romance, newadult, grumpyxsunshine

Editado: 18.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.