No éramos para siempre

Capítulo 7 — Una llamada inesperada

Valeria se despertó con el sonido insistente de su teléfono.

Estiró el brazo sin abrir los ojos y buscó el dispositivo sobre la mesita.

—Cinco minutos más...

El teléfono volvió a vibrar.

Esta vez abrió los ojos.

No era una alarma.

Era una llamada.

Mamá.

Valeria se incorporó inmediatamente.

Había algo extraño en que su madre la llamara tan temprano.

Contestó.

—¿Mamá?

Al otro lado hubo unos segundos de silencio.

—Hola, cariño.

Valeria sintió que algo no iba bien.

—¿Qué pasa?

—Nada.

—Mamá.

—De verdad, no pasa nada.

Valeria miró el reloj.

6:48.

—Nunca me llamas a esta hora para decirme que no pasa nada.

Su madre suspiró.

—Tu padre ha preguntado por ti.

Valeria se quedó completamente quieta.

Durante unos segundos no supo qué responder.

Hacía semanas que no escuchaba hablar de él.

—¿Por qué?

—No lo sé.

—¿Qué te ha dicho?

—Solo preguntó dónde estabas.

Valeria bajó la mirada.

—¿Y tú qué le dijiste?

—Que estás estudiando y que estás bien.

—¿Le dijiste dónde?

—No.

Valeria cerró los ojos.

—Gracias.

—Valeria...

—¿Sí?

—Quizá deberías hablar con él.

—No.

La respuesta salió demasiado rápido.

—Cariño...

—No quiero.

Su madre guardó silencio.

—Está bien.

Valeria sintió un nudo en la garganta.

—Tengo clase.

—Lo sé.

—Tengo que prepararme.

—Claro.

—Te llamo luego.

—Vale.

Antes de colgar, su madre dijo:

—Te quiero.

Valeria cerró los ojos.

—Yo también.

La llamada terminó.

Durante varios minutos permaneció sentada sobre la cama.

No quería pensar en su padre.

No quería recordar las discusiones.

No quería recordar la última vez que había hablado con él.

Había llegado a aquella ciudad precisamente para dejar todo eso atrás.

Y ahora volvía a aparecer.

—¿Estás bien?

Valeria levantó la mirada.

Clara estaba apoyada en el marco de la puerta.

—Sí.

—No parece.

—Solo he recibido una llamada de mi madre.

Clara entró.

—¿Ha pasado algo?

Valeria dudó.

—Mi padre ha preguntado por mí.

Clara se quedó callada.

No sabía mucho sobre su familia.

Valeria nunca había hablado del tema.

—¿Y eso es malo?

—No lo sé.

—¿Quieres hablar?

Valeria negó con la cabeza.

—Ahora no.

—Está bien.

Clara no hizo más preguntas.

—Pero vas a desayunar.

Valeria sonrió débilmente.

—Sí.

En clase, Valeria estuvo distraída.

No conseguía concentrarse.

Cada vez que intentaba leer, aparecía el mismo pensamiento.

¿Por qué ha preguntado por mí ahora?

No tenía sentido.

Había pasado suficiente tiempo.

No quería que nada cambiara.

—Valeria.

Levantó la cabeza.

El profesor estaba mirándola.

—¿Sí?

—¿Puede responder la pregunta?

Valeria miró la pantalla.

No tenía ni idea de qué estaban hablando.

Antes de que pudiera decir algo, una voz llegó desde su lado.

—La respuesta es la tercera opción.

Valeria miró a Adrián.

El profesor asintió.

—Correcto.

Después continuó con la explicación.

Valeria susurró:

—Gracias.

Adrián la miró.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Mentira.

Valeria apretó el bolígrafo.

—No quiero hablar de ello.

—Vale.

Y volvió a mirar al profesor.

No insistió.

Otra vez.

Valeria se preguntó por qué aquel detalle le importaba tanto.

A la hora de comer, se sentaron todos juntos.

Clara hablaba sobre una fiesta que querían organizar el fin de semana.

Martina discutía sobre qué restaurante elegir.

Adrián apenas participaba.

Valeria lo notó.

—¿Qué te pasa?

Él la miró.

—Nada.

—Estás callado.

—Estoy escuchando.

—Eso es raro en ti.

Adrián sonrió.

—Quizá estoy cansado.

Valeria no insistió.

Pero algo le decía que él también estaba pensando en otra cosa.

Después de comer, Adrián la alcanzó en el pasillo.

—¿Puedo hablar contigo?

—Claro.

Se apartaron del resto.

—Esta mañana estabas distraída.

Valeria suspiró.

—Mi padre ha preguntado por mí.

Adrián permaneció en silencio.

—No tienes que decir nada.

—Lo sé.

—Solo quería contártelo.

—Gracias.

Valeria se sorprendió de sus propias palabras.

No sabía por qué había elegido precisamente a él para contárselo.

Quizá porque confiaba en él.

Aunque todavía le costaba admitirlo.

—¿Tu relación con él es mala? —preguntó Adrián.

Valeria negó con la cabeza.

—No exactamente.

—¿Entonces?

—Es complicado.

—Las cosas importantes suelen serlo.

Ella sonrió.

—Tú también tienes algo complicado, ¿verdad?

Adrián bajó la mirada.

—Sí.

—¿Algún día me lo contarás?

—Algún día.

Valeria sonrió.

—Siempre dices eso.

—Porque siempre pienso cumplirlo.

Por la tarde, Valeria decidió estudiar en la biblioteca.

No quería volver a su habitación y quedarse pensando.

A mitad de una lectura, su teléfono vibró.

Esta vez era un mensaje.

Número desconocido.

Valeria abrió la conversación.

Número desconocido: Tenemos que hablar.

Sintió que el corazón se le aceleraba.

No necesitaba preguntar quién era.

Conocía perfectamente aquel número.

Su padre.

Valeria bloqueó el teléfono.

No respondió.

Cinco minutos después llegó otro mensaje.

Número desconocido: Por favor.

Valeria cerró los ojos.

No quería contestar.

Pero tampoco podía seguir huyendo para siempre.




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