No éramos para siempre

Capítulo 11 — Una distancia inesperada

El lunes por la mañana, Valeria despertó con una sensación que no sabía explicar.

No era tristeza.

Tampoco era felicidad.

Era expectativa.

Como si estuviera esperando que algo sucediera.

Quizá un mensaje.

Quizá una conversación.

Quizá simplemente volver a verlo.

Tomó el teléfono antes incluso de levantarse.

No había ningún mensaje de Adrián.

Valeria frunció el ceño.

No debería importarle.

Habían hablado la noche anterior.

No tenía sentido esperar que le escribiera a primera hora.

Aun así, revisó la pantalla una segunda vez.

Nada.

—Qué tontería —murmuró.

Dejó el teléfono sobre la cama y comenzó a prepararse.

Cuando llegó al comedor, Clara ya estaba desayunando.

—Buenos días.

—Buenos días.

Clara la miró durante unos segundos.

—¿Qué haces?

—Desayunar.

—No.

—¿No?

—Estás mirando el teléfono cada veinte segundos.

Valeria bloqueó la pantalla.

—No estaba mirando el teléfono.

—Claro.

—Estoy esperando un mensaje de la universidad.

Clara sonrió.

—¿De la universidad?

—Sí.

—¿Y la universidad te escribe a las siete y media de la mañana?

Valeria no respondió.

—Eso pensaba.

—No empieces.

—No he dicho nada.

Valeria se sentó frente a ella.

—Simplemente no me ha escrito.

—¿Quién?

Valeria la miró.

Clara sonrió.

—Vale. Ya sé quién.

—Ayer hablamos por teléfono.

—Lo sé.

—Y no pasa nada si hoy no hablamos.

—Claro que no.

—Entonces deja de mirarme así.

—¿Así cómo?

—Como si estuviera obsesionada.

Clara levantó las manos.

—No he dicho eso.

—Pero lo estás pensando.

—Quizá un poco.

Valeria negó con la cabeza.

—No estoy obsesionada.

—Perfecto.

—Perfecto.

Las dos siguieron desayunando.

Pero unos minutos después, el teléfono de Valeria vibró.

Lo miró inmediatamente.

No era Adrián.

Era una notificación de una aplicación.

Valeria suspiró.

Clara soltó una carcajada.

—No te rías.

—No puedo evitarlo.

—Eres insoportable.

—Y tú estás enamorándote.

Valeria dejó el teléfono sobre la mesa.

—No estoy enamorada.

Clara sonrió.

—Todavía.

—Otra vez esa palabra.

—Porque te queda bien.

Valeria puso los ojos en blanco.

En clase, Adrián llegó tarde.

Muy tarde.

El profesor ya había comenzado cuando entró en el aula.

—Perdón.

El profesor lo miró.

—Siéntese.

Adrián caminó hasta su lugar.

Valeria lo observó.

Esperaba que la mirara.

Que sonriera.

Que hiciera algún comentario.

No hizo ninguna de esas cosas.

Se sentó y abrió el cuaderno.

Valeria frunció ligeramente el ceño.

Quizá estaba cansado.

No le dio importancia.

Durante la primera hora, apenas hablaron.

En la segunda tampoco.

Cuando terminó la clase, Valeria se acercó.

—¿Estás bien?

Adrián guardó sus cosas.

—Sí.

—¿Seguro?

—Sí.

La respuesta fue demasiado rápida.

Valeria lo observó.

—¿Ha pasado algo?

—No.

—Vale.

Adrián se colgó la mochila.

—Tengo que irme.

—¿Ahora?

—Sí.

—¿Y el trabajo?

—Podemos hacerlo mañana.

—Claro.

Él asintió.

—Nos vemos.

—Adrián.

Se detuvo.

—¿Sí?

—Nada.

Él la miró durante unos segundos.

Después se marchó.

Valeria permaneció en el pasillo.

No entendía qué acababa de ocurrir.

Hasta el día anterior habían hablado durante horas.

Y ahora parecía estar evitando incluso mirarla.

Durante el descanso, Clara encontró a Valeria sentada sola.

—¿Qué pasó?

—Nada.

—Otra vez esa palabra.

Valeria suspiró.

—Adrián está raro.

—¿Raro cómo?

—Distante.

—¿Habéis discutido?

—No.

—¿Seguro?

—Sí.

Clara se sentó junto a ella.

—¿Le has preguntado?

—Sí.

—¿Y?

—Dice que está bien.

Clara la miró.

—Entonces quizá lo está.

—No lo creo.

—¿Por qué?

Valeria bajó la mirada.

—Porque ayer no era así.

Clara guardó silencio.

—Quizá necesita espacio.

Valeria asintió.

—Sí.

—Entonces dáselo.

—Eso haré.

Pero ninguna de las dos sabía que aquella distancia no tenía nada que ver con Valeria.

Esa tarde, Adrián estaba sentado en una cafetería al otro lado de la ciudad.

Frente a él había una persona a la que no veía desde hacía varios meses.

Su exnovia.

Lucía.

—No entiendo por qué has querido verme —dijo ella.

Adrián permaneció en silencio.

—¿Vas a decir algo?

—Necesitaba hablar contigo.

—¿Sobre qué?

Adrián respiró profundamente.

—Sobre lo que pasó.

Lucía lo observó.

—Han pasado meses.

—Lo sé.

—Pensé que ya lo habíamos dejado atrás.

—Yo también.

—Entonces, ¿por qué ahora?

Adrián bajó la mirada.

No sabía cómo explicarlo.

Hasta hacía unas semanas había pensado que su pasado estaba completamente cerrado.

Pero desde que había conocido a Valeria, había empezado a preguntarse si realmente había dejado atrás aquella etapa.

—Porque no quiero que vuelva a ocurrir.

Lucía frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

—Que alguien termine pagando por algo que no hizo.

Lucía entendió.

—Hay otra persona.

Adrián no respondió.

—Es ella, ¿verdad?

—No quiero hablar de ella.

—Eso significa que sí.

Adrián suspiró.

—No sé qué somos.

—Pero te importa.

—Sí.

Lucía permaneció callada.

—Entonces deberías decírselo.

—Todavía no.

—¿Por qué?

—Porque no quiero hacer las cosas mal otra vez.

Lucía bajó la mirada.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.