No éramos para siempre

Capítulo 12 — La historia que no conocía

Valeria permaneció inmóvil en medio del pasillo.

El teléfono seguía en su mano.

Volvió a leer el mensaje.

Número desconocido: Necesito hablar contigo sobre Adrián.

Después apareció el segundo.

Número desconocido: No quiero causarte problemas. Solo quiero que conozcas toda la historia.

Valeria sintió que el ruido del pasillo desaparecía por unos segundos.

A su alrededor, los estudiantes hablaban, reían y caminaban hacia la salida.

Pero ella solo podía mirar aquellas palabras.

No sabía quién las había enviado.

Tampoco sabía qué pretendía.

Lo único que sabía era que el mensaje había llegado justo después de que Adrián le contara que había estado con Lucía.

Y eso no podía ser una coincidencia.

Valeria levantó la mirada.

Adrián estaba a unos metros, hablando con dos compañeros.

Parecía completamente tranquilo.

Incluso sonreía.

Por un instante pensó en acercarse y preguntarle directamente.

Pero algo la detuvo.

No quería reaccionar sin saber.

No quería volver a desconfiar de él por algo que ni siquiera comprendía.

Guardó el teléfono.

—Valeria.

La voz de Clara la hizo sobresaltarse.

—¿Qué?

—Llevas un minuto mirando al vacío.

—Estaba pensando.

—¿En qué?

Valeria dudó.

—Nada.

Clara levantó una ceja.

—Últimamente dices mucho esa palabra.

Valeria intentó sonreír.

—Es una costumbre.

Clara miró hacia Adrián.

—¿Habéis hablado?

—Sí.

—¿Y?

—Estamos bien.

—Entonces, ¿por qué tienes esa cara?

Valeria sacó el teléfono.

—Me ha llegado esto.

Clara leyó los mensajes.

Su expresión cambió inmediatamente.

—¿Quién es?

—No lo sé.

—¿Has respondido?

—No.

—Bien.

—¿Por qué?

—Porque no sabemos quién está detrás.

Valeria asintió.

—Quiero saber qué quiere.

—Entonces pregunta.

—¿Crees que debería?

Clara pensó unos segundos.

—Puedes responder sin darle información tuya.

Valeria abrió la conversación.

Escribió:

Valeria: ¿Quién eres?

Esperó.

No llegó respuesta.

Durante unos segundos pensó que la persona había desaparecido.

Entonces apareció el indicador de escritura.

Número desconocido: Alguien que conoce a Adrián desde hace mucho tiempo.

Valeria sintió un pequeño escalofrío.

Valeria: ¿Y qué quieres decirme?

La respuesta tardó.

Número desconocido: Que no todo ocurrió como él te lo ha contado.

Valeria dejó de respirar por un instante.

Miró a Clara.

—¿Qué significa eso?

—No lo sé.

—¿Y si es verdad?

Clara negó con la cabeza.

—No saques conclusiones.

El teléfono vibró otra vez.

Número desconocido: No puedo explicártelo por aquí.

Valeria: Entonces, ¿dónde?

Número desconocido: Mañana. Después de clase. Café de la plaza.

Valeria frunció el ceño.

Valeria: ¿A qué hora?

Número desconocido: 17:30.

Después llegó otro mensaje.

Número desconocido: Y no le digas a Adrián que te he escrito.

Valeria se quedó mirando aquella última frase.

Clara también la leyó.

—No me gusta.

—A mí tampoco.

—No vayas sola.

Valeria levantó la mirada.

—No sé siquiera si voy a ir.

—Entonces decide después de pensar.

—Sí.

—Y, sobre todo, no creas todo lo que te diga esa persona.

Valeria asintió.

—Lo sé.

Pero, en el fondo, ya tenía una certeza.

Necesitaba saber quién era.

Adrián se acercó unos minutos después.

—¿Nos vamos?

Valeria guardó rápidamente el teléfono.

—Sí.

Clara miró a Valeria.

Después miró a Adrián.

No dijo nada.

Los tres salieron del edificio.

Durante el camino, Adrián hablaba de una parte del proyecto que tenían que entregar.

Valeria intentaba escucharlo.

Pero su cabeza estaba en otro sitio.

—¿Qué opinas?

Ella levantó la mirada.

—¿De qué?

Adrián sonrió.

—No me estabas escuchando.

—Sí te estaba escuchando.

—¿Entonces?

Valeria se quedó en silencio.

—No sé.

Adrián la observó.

—¿Ha pasado algo?

—No.

—¿Seguro?

—Sí.

Clara intervino.

—Está cansada.

Valeria la miró.

—Sí.

Adrián asintió.

—Vale.

Continuaron caminando.

Cuando llegaron a la residencia, Clara se adelantó.

—Voy subiendo.

—Nos vemos —dijo Valeria.

—Sí.

Adrián se quedó con ella.

—¿Seguro que estás bien?

Valeria lo miró.

Por un momento estuvo a punto de preguntarle.

¿Hay algo que no me hayas contado?

Pero recordó el mensaje.

No le digas a Adrián.

—Sí.

Él sonrió ligeramente.

—Entonces, buenas noches.

—Buenas noches.

Adrián comenzó a caminar.

Valeria lo observó alejarse.

Y por primera vez desde que lo conocía, sintió que había algo entre ellos que no podía ver.

Algo que todavía no entendía.

Aquella noche no durmió bien.

Intentó estudiar.

No pudo.

Intentó ver una serie.

Tampoco.

Finalmente se tumbó en la cama y miró el techo.

Había demasiadas preguntas.

¿Quién era aquella persona?

¿Qué sabía sobre Adrián?

¿Por qué había dicho que la historia no era como él se la había contado?

¿Qué había ocurrido realmente con Lucía?

Y, sobre todo, ¿por qué parecía tan importante que ella lo supiera?

Valeria tomó el teléfono.

Abrió la conversación.




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