No eres mi primer amor.

Capítulo 26. Una semana algo extraña.

Después de un rato, regresamos a la casa. Los chicos seguían en la sala, entre risas y cervezas, mientras Norah y yo decidimos subir a descansar. Ya estaba por ponerme el pijama cuando sentí una mirada fija sobre mí, una de esas que se sienten incluso antes de girar la cabeza.

—Ya estoy aquí —dijo Aaron cerrando la puerta tras de sí—. ¿Y bien?

—¿Y bien qué? —pregunté, sin entender.

—La fogata, la canción... —sonrió mientras se sentaba en la cama—. ¿No tienes nada que decir?

—¿El beso que te di allá afuera no fue lo bastante claro? —repliqué, cruzándome de brazos.

—No, creo que podríamos repetirlo, por si acaso —susurró, tomándome suavemente de la cintura y atrayéndome entre sus piernas—. Si prefieres decírmelo con palabras o con otro beso, cualquiera de las dos opciones me sirve.

—Tengo una forma mejor de demostrártelo —murmuré, cerrando la distancia y sentándome sobre su regazo.

—No pienso negarme a nada —dijo con una sonrisa traviesa, sus manos firmes en mi cintura—. Soy todo tuyo.

Sonreí de medio lado antes de besarle el cuello, dejando pequeñas marcas que parecían promesas grabadas en su piel.

Estábamos recostados mirando el techo cuando Aaron rompió el silencio y se giró hacia mí.

Puso una mano en mi rostro y comenzó a acariciarme la mejilla con el pulgar.

—Mírate... qué perfecta. Me encantan esos ojos que solo brillan cuando se cruzan con los míos, y esos labios que, a partir de ahora, solo van a besarme a mí.

—¿Estás tan seguro de eso? Técnicamente, me besaste cuando tenía novio... podría repetir la historia —dije mientras Aaron me atraía hacia él.

—Eso fue distinto —respondió sonriendo—. Tenías que besarme para darte cuenta de que soy el amor de tu vida. Ahora que lo sabes, ya no hay razón para besar a nadie más.

—Por cierto, la canción, ¿cómo conocías esa canción?

—Te dije que había anotado tu película favorita en mi lista de cosas que jamás olvidaría —respondió—. Así que me tomé la molestia de aprenderme la canción solo para ti.

Mientras hablábamos, unos sonidos bastante peculiares comenzaron a colarse desde la habitación de al lado.

—Espera... ¿Hunter y Norah están...?

—Sí —dijo Aaron entre risas—. Están teniendo relaciones.

—Pude habr vivido sin escuchar eso —Respondí entre risas

MARTES

Esta mañana desperté con la sorpresa de que solo Norah y yo estábamos en casa. Ninguna sabía dónde se habían metido los chicos ni qué estaban tramando.

Después de un rato, mientras preparábamos el desayuno, los vimos entrar y salir un par de veces, tan ocupados que ni me molesté en preguntar. Tampoco quise mencionarle a Norah lo que había escuchado anoche; no era mi asunto.

Más tarde quise entrar a mi habitación, pero los chicos estaban ahí y Noah no me dejaba entrar.

—Solo quiero agarrar unas cosas, Noah —protesté empujando la puerta.

—¡Que no! Estamos haciendo cosas de hombres. Las chicas tienen prohibido el paso —respondió desde el otro lado.

—Mentiroso, vi a Norah entrar hace cinco minutos.

—¡Porque a veces puede ser medio macho! —gritó Aaron desde adentro.

Segundos después, se escuchó un quejido.

—No es cierto —rectificó Aaron rápidamente—. Norah está aquí porque la adoramos y es maravillosa.

Alguien recibió su merecido, al parecer.

—Bien.

JUEVES

Para mi sorpresa, hoy los chicos sí estaban y en este caso estaban preparando el desayuno.

—Tengo mil razones para creer que esto es una trampa —dije inspeccionando mi plato con sospecha—, pero yo quería hacerles mis fantásticas quesadillas.

—Mi querida bailarina —habló Aaron—, no te ofendas, soy tu fan número uno, pero comerlas dos días seguidos ya es suficiente.

—Un tercer día no le hace daño a nadie —respondí, fingiendo indignación.

—Esto me costó muchos tutoriales de YouTube, así que cállate y come .

Debo admitirlo: los waffles estaban deliciosos. Aunque me resultó raro que los chicos comieran tan rápido y salieran sin decir nada.

Más tarde, ya en la sala, estábamos todos recostados hablando de todo y de nada cuando sonó el timbre.

—Yo no voy —dijeron todos al unísono.

—Los odio —bufé levantándome con pesadez y caminando hacia la puerta.

Era raro; estamos en medio de la nada y no habíamos pedido nada. Cuando abrí, un repartidor me miró con una sonrisa y diez cajas gigantes detrás de él.

—Buenas tardes —saludó—. Traigo un paquete para el señor Noah Smith.

Estoy en shock, son demasiadas cajas; mal contadas, serían casi 10 cajas.

—¿Qué es? —pregunté, curiosa, intentando abrir una caja.

Mientras él hablaba, yo aún procesaba lo que estaba frente a mí.

—Son unos tuli...

—¡Pantalonetas! —interrumpió Noah, apareciendo de repente—. Y deja de revisar mis cosas, chismosa.

—¿Y para qué necesitas tantas pantalonetas? —pregunté girándome hacia él.

—No es tu asunto. Y deja que un adulto reciba el paquete —dijo, empujándome.

—Tenemos la misma edad, idiota —repliqué, dándole un golpe en la cabeza.

VIERNES

Este viernes ha sido una locura. Los chicos han estado aquí todo el día, lo cual ya empieza a parecer sospechoso después de tantas desapariciones, llamadas secretas y paquetes misteriosos.

—¿Quién quiere ir al lago un rato? —propuso Hunter con una sonrisa pícara, lanzándole una mirada a Norah—. Muero por ver cómo te desenvuelves en el agua.

Norah fingió molestia, aunque todos sabíamos que le encantaba el agua, solo que no era precisamente la mejor nadadora.

Finalmente, todos aceptamos. Norah, Noah y Hunter se metieron al lago, mientras Aaron y yo nos quedamos en la orilla.

—Este es mi lugar favorito —dijo él, con la vista fija en el reflejo del agua—. Aún está intacto en mi memoria.

—¿Intacto? ¿A qué te refieres? —pregunté.

—A que aquí no hay malos recuerdos —respondió con calma—. Solo cosas buenas... vacaciones, risas, familia. Ningún arresto, ninguna amenaza.



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En el texto hay: amor, amor adolescente

Editado: 09.01.2026

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