No eres mi primer amor.

Capítulo 27. Entraste en mi corazón como si fuera tu casa

—¡SARA, ARRIBA! —gritó aquella voz.

Abrí los ojos de golpe y me incorporé en la cama.

Era Norah.

—Maldita sea, Norah, ¿qué está pasando? —murmuré, aún medio dormida y molesta, mientras miraba a mi alrededor.

¿Por qué estaba ella aquí? ¿Y por qué había pétalos de rosa esparcidos por toda la habitación y el suelo?

No entendía qué carajos estaba pasando, pero desobedecer a Norah no era una opción; podía llegar a ser peligrosa.

Salí del baño después de una ducha rápida. Al mirar la mesita de noche, el reloj marcaba las cuatro de la madrugada.

—No me jodas, ¿Qué carajos estamos haciendo? ¿Dónde está Aaron?—pregunté al notar que su lado en la cama estaba vacío.

—Mira, tú solo cállate. Está a punto de pasarte la cosa más hermosa que te puede ocurrir en la vida —respondió mientras empezaba a peinarme—. Si no fuera algo bueno para ti, como tu mejor amiga lo evitaría a toda costa —añadió mirándome a través del espejo—. Así que deja de quejarte y déjame hacer mi magia.

—Confío en ti, pero te odio por sacarme de la comodidad de mi cama— murmuré, dejando que Norah hiciera lo suyo. Me peinó, y luego me puse el vestido y el abrigo que había traído. Me sentía como toda una diosa empoderada.

—Te ves fabulosa— mencionó mi mejor amiga.

—Gracias, aunque no entienda qué está pasando.

—Ahora sigue el camino de rosas, por favor —dijo, abriendo la puerta y revelando un largo sendero.

—Está bien, pero si me ataca un asesino, un animal o algo así es tu culpa—advertí. Ella soltó una carcajada.

—Tú solo cállate y vete, te están esperando.

Seguí el sendero, y mi corazón comenzó a latir con fuerza al ver que los pétalos formaban un camino hasta la puerta que daba al lago. En la entrada, Hunter y Noah me esperaban, firmes, como si fueran mis guardaespaldas personales.

—Buenas noches, señorita Daniells —saludó Noah con una sonrisa. Lo miré, confundida.

—Señorita, para esta ocasión, necesitamos que se ponga esto, por favor —añadió, tendiéndome una venda para los ojos.

Aún intentaba entender lo que ocurría cuando ya me la habían colocado. No protesté; dejé que cada uno me tomara del brazo y comenzamos a avanzar. No sabía qué tramaban, pero me divertía oírlos discutir sobre quién debía guiarme para que no tropezara.

Cuando llegamos al muelle, me quedé sin aliento. Decenas de velas se alineaban con cuidado a lo largo del borde, su luz temblorosa reflejándose en el agua y bañando el camino de pétalos que se extendía desde la casa hasta el final del muelle. La escena parecía sacada de un sueño. Entonces, al acercarme un poco más, distinguí una silueta esperándome al final.

Hunter y Noah me dejaron sola, diciendo que debían preparar "la sorpresa final". Seguí el camino de pétalos hasta el final del muelle, donde Aaron me esperaba con un tulipán rojo entre los dedos. Sobre una manta rodeada de cojines había un enorme peluche de pingüino con un gorrito y, junto a él, mis gomitas favoritas. Ahora todo cobraba sentido: su comportamiento extraño durante los últimos días tenía una explicación. Una sonrisa involuntaria se dibujó en mis labios.

El aire estaba impregnado con el aroma dulce de las velas, creando una atmósfera muy romántica.

—Sorpresa —murmuró Aaron, sacándome de mi trance mientras me tendía un tulipán—. Ven, siéntate.

Me acerqué a él y nos sentamos sobre la manta. Todavía no podía creer lo que estaba ocurriendo.

—Sé que estás procesando todo esto —dijo, con una sonrisa que casi me desarma—, ¿te parece si hablo primero?

Asentí con la cabeza, así que él continuó.

—L-lo que quería decirte era que... bueno, la verdad es que yo... —rió con nervios, respiró hondo y volvió a hablar—. Sara, estoy aquí porque quiero ser completamente honesto contigo, quiero decirte que me gustas, me gustas de una manera que no tienes idea, me encanta absolutamente todo de ti. Sé que el amor, tarde o temprano, duele. Es inevitable. Pero si quien me lastima eres tú, no me importaría. Si tú fueras quien me rompiera el corazón, sería un maldito privilegio; lo que quiero decir es que estoy dispuesto a lo que sea, pero solo si es contigo. Eres tan entrometida que entraste en mi corazón como si fuera tu casa, hiciste que me enamorara de ti sin siquiera darte cuenta, así que me encantaría preguntarte: ¿Me harías el honor de dejarme ser tu novio? —habló para después tomar mis manos entre las suyas y hacer que nuestras miradas se encontraran.

Lo escuchaba hablar, completamente atónita. Mil pensamientos se agolpaban en mi cabeza; no estaba preparada para este momento. Pero justo entonces, mi corazón y mi mente hicieron clic: ambos querían lo mismo. Querían quedarse aquí, con él.

—Sería todo un honor romperle el corazón al gran Aaron Miller —bromeé, sonriendo—. Claro que quiero ser tu novia.

Me incliné hacia él y lo besé, despacio, sintiendo cómo todo a nuestro alrededor desaparecía.

—Qué honor decir que Sara Daniells es mi novia —dijo, con una sonrisa radiante.

—Quisiera decir lo mismo —susurré, sintiendo un nudo en la garganta.

—Auch, te escuché grosera— respondió llevándose la mano a su pecho— pero debes admitir que es un honor ser novia de este ser tan guapo.

Reímos, comimos y observamos cómo el amanecer pintaba el lago con tonos dorados y rosados. Era como si el cielo también celebrara con nosotros.

—Así que fuiste tú —exclamé, fingiendo indignación.

—Tenía que acercarme de alguna forma —respondió, con una sonrisa culpable.

—¿No podías invitarme una cerveza como una persona normal? —reí —algo más común que chantajear al DJ de la fiesta.

—Debes admitir que fue romántico— dijo él— y hablando de cosas románticas, sé que tu sueño eran mil tulipanes rojos, solo te di uno, así que faltan novecientos noventa y nueve— dijo él extendiéndome su mano— así que es momento de una sorpresa más.

¿Una sorpresa más?

Decidimos entrar y ver cuál era la otra sorpresa. En cuanto entramos los chicos estaban en la sala esperándonos.



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En el texto hay: amor, amor adolescente

Editado: 09.01.2026

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