Hace unas semanas volvimos a la escuela y, aunque descansé bastante, no tenía ganas de regresar. Pero bueno... nada que hacer, aquí estamos otra vez. Debería aprovechar: es mi último año, y ni siquiera sé cómo debería sentirme.
Una parte de mí quiere estar aquí y disfrutar al máximo, porque como dice mi mamá, en algún punto de tu vida vas a extrañar la escuela. Pero la otra parte solo quiere quedarse en casa, dormir hasta el mediodía, ver los amaneceres con Aaron, jugar Xbox con mi hermano hasta que salga el sol y tener llamadas eternas con Noah y Norah.
Cosas que ahora ya no puedo hacer, porque si no duermo bien y encima debo levantarme temprano... mi sistema simplemente no conecta.
El ciclo escolar estaba a unos meses de terminar, y todos estábamos buscando una universidad que se ajustara a nuestras necesidades: económicas, por distancia o por la carrera que queríamos estudiar. Por eso estábamos ahí, en el patio de la escuela, en la feria de universidades. Solo venían hoy, así que teníamos que visitar tantas como fuera posible e intentar encontrar la mejor opción.
Norah quería estudiar periodismo.
Noah quería seguir con el fútbol.
Mi hermano quería administración de empresas.
Aaron, derecho.
Y yo... la mejor academia de danza.
Norah insistía en que encontráramos una universidad donde pudiéramos estar todos, o al menos la mayoría. Pero solo estaba evitando lo inevitable. Somos buenos amigos, sí, pero no podremos evitar separarnos en algún punto de nuestras vidas.
Llevábamos días hablando del tema, y siento que algo le pasa, pero no quiere decirnos qué es. Todos hemos estado revisando universidades, pero cuando Norah se dio cuenta de que ninguna quedaba cerca, entró en pánico y empezó a buscar alternativas desesperadamente.
Caminábamos sin rumbo entre las carpas universitarias cuando una llamó mi atención:
la Universidad de Carolina del Norte, una de las mejores academias de danza.
Me acerqué por simple curiosidad. Quería saber qué tenían para ofrecer.
—Hola, ¿qué carrera te gustaría estudiar? —me preguntó una chica con una sonrisa de oreja a oreja, sacándome de mis pensamientos.
—Danza.
—Entonces estás en el lugar indicado —dijo mientras me entregaba un folleto—. La Universidad de Carolina del Norte es ideal para estudiar danza. Tenemos un plan académico muy completo.
—Muchas gracias —respondí, tomando el folleto antes de volver con mis amigos.
Empecé a revisar el folleto sin muchas expectativas, pero me sorprendió encontrar información interesante. La Universidad de Carolina del Norte quedaba relativamente cerca de casa, tenía instalaciones preciosas y ofrecía un plan de pagos para estudiantes. Era perfecto.
Cuando llegué a las gradas donde los chicos me esperaban, subí y me senté a su lado.
—¿Cómo te fue? —preguntó mi hermano.
—Encontré una universidad maravillosa —respondí, aún mirando el folleto.
—Dime por favor que es cerca de California. La universidad que quiero está ahí —pidió Norah con esperanza en los ojos.
—No, amiga... es en Carolina del Norte.
Noté cómo el pecho de mi amiga comenzaba a subir y bajar rápido, como si le costara respirar. Se quedó en silencio unos minutos antes de finalmente hablar.
—No puedes ir ahí... —susurró.
Su comentario hizo que todos nos miráramos entre sí, confundidos. No entendía a qué se refería con que yo no podía ir ahí.
—¿Por qué no? Me queda perfecto —pregunté, confundida—. Incluso mira, Noah... también tienen deportes y se especializan en fútbol, como quieres —añadí, entregándole el folleto.
—Wow —exclamó después de darle una ojeada al folleto—. Tienes razón, está genial. Qué suerte, no había encontrado ninguna que me llamara realmente, pero esta... esta es genial.
—¿Tú también te vas a ir? — pregunto Norah, con los ojos cristalizados.
Ninguno entendía qué estaba pasando. El ambiente se volvió tenso de inmediato; todos compartimos la misma expresión de confusión. Norah detesta llorar frente a alguien —prefiere cualquier cosa antes que mostrar sus puntos débiles—, por eso su reacción nos sorprendía aún más.Lo detesta con el alma. Que alguien vea sus puntos débiles la aterra, y lo aprendió por las malas cuando era más joven, cuando su padre intentó usar sus emociones para quitarle la custodia a su madre.
—Monstruo, es una gran oportunidad. Además, están ofreciendo becas —dijo Noah, acercándose a ella—. Mamá no tendría que pagar dos universidades, sería una gran ayuda económica.
Norah se levantó de golpe y salió corriendo sin decir palabra. Hunter quiso ir tras ella, pero lo detuve. Le pedí que la dejara respirar, que necesitaba un momento para calmarse. No sé muy bien que estaba pasando con ella, pero esto no lo voy a dejar así, algo le duele y siento que esto va más allá de escoger una universidad, hay algo que no nos quiere contar.
—Hay algo que no nos está contando —murmuró Aaron.
—Pensé lo mismo.
—Tú lo piensas y yo lo digo— respondió, guiñándome un ojo.
Le dedico una sonrisa en respuesta.
Sacudí la cabeza.
—No es momento para coquetear —dije, volviendo en mí.
—¿Qué les parece si activamos un código doble N? —propuso Noah
—Recuérdenme qué es un código doble N, por favor —pidió Aaron mientras se levantaba.
—Es cuando alguno de los hermanos Smith esta en crisis— explicó Hunter.
Así que esperamos a que terminara la escuela porque no nos dejaron salir antes, aunque Norah supo cómo escapar de nosotros. Cuando sonó la campana que indicaba el fin de la jornada, nos dirigimos al auto de Aaron y él nos llevó a nuestra primera parada: el supermercado. Nuestra intención era hablar con ella y, dependiendo de cómo transcurriera la conversación, planear una noche de películas o cualquier otra actividad que ella quisiera para sentirse mejor.
El ambiente se sentía pesado; todos pensábamos en Norah.