SARA.
—¡Fondo, fondo, fondo!— cantábamos mientras veíamos a Aaron tomarse un enorme tarro de cerveza como si fuera agua.
Estábamos en casa de Aaron con la intención de estudiar, pero la situación se nos fue de las manos. Llegamos al mediodía, repasamos un rato los apuntes y, cuando nos dio sed, salimos por comida y cervezas. Ya sabes cómo es estudiar con amigos: la "sesión de estudio" termina convertida en juegos y charlas. Apenas ojeamos los libros. Cualquiera diría que podíamos dejarlo para la mañana siguiente, pero había un detalle pequeño... y mortal: el examen era mañana temprano. Y no cualquier examen, sino el de admisión a la universidad.
Todos sabíamos la nota que necesitábamos obtener y pensábamos que estudiar juntos sería productivo... pero estábamos rotundamente equivocados.
—Chicos, en serio deberíamos estudiar— murmuró Norah, agotada.
—Bueno, ya estuvo— dije, quitándoles la cerveza a cada uno.
—Ey, no seas amargada— se quejó Hunter.
—¿Son conscientes de que mañana presentan el examen que define su futuro?— solté, cruzándome de brazos.
Los tres se quedaron callados.
—Son las 10 de la noche y el examen es a las 8 de la mañana, así que tenemos solo un par de horas para estudiar, ¿listos? — continuo mi mejor amiga.
—Sí, señora— susurraron los tres.
—¡NO LOS ESCUCHO!— rugió Norah como una sargento.
—Si capitán estamos listos— gritaron los tres.
—Perfecto a estudiar ya, corran, corran— finalizo Norah golpeando varias veces un libro que tenían en la mano.
Todos nos pusimos a estudiar, intentando absorber algo de información en las pocas horas que nos quedaban. Noah y yo fuimos a practicar un rato y luego volvimos con los demás a estudiar con los libros. Nuestra preocupación era enorme y sentíamos que el tiempo avanzaba más rápido de lo usual.
Estábamos completamente jodidos.
—Ya vamos por la página cinco, vamos bien— anunció Hunter.
—Perfecto, solo faltan cuatrocientas treinta y cinco— murmuró Aaron con sarcasmo.
—Aguafiestas.
Después de un par de horas, mis párpados pesaban toneladas. El cansancio me arrastraba y los ojos se me cerraban solos y cada vez era más difícil mantener los ojos abiertos y sentí como el cansancio se apoderaba de mí y mis ojos se empezaban a cerrar poco a poco.
—Sara, arriba— escuché una suave voz.
—Cinco minutos más— respondí sin despertarme del todo.
—¿Cinco minutos? ¡Ni loca! ¡Son las siete y media!— estalló la voz.
LAS SIETE Y QUE.
Mierda, mierda, mierda.
Salté de la cama como si me hubieran electrocutado.
—Vamos tarde, vamos muy tarde— dije y corrí directo al baño.
Tras darme una ducha rápida, subí a la habitación de Aaron en busca de algo de ropa y luego salimos apresurados para subirnos a su auto. El camino hacia la escuela fue silencioso, tenso. Nadie decía nada; solo intercambiábamos miradas nerviosas. Todos estábamos nerviosos por lo que podría suceder ese día, y nos lanzábamos miradas de vez en cuando. El camino parecía interminable, pero al mismo tiempo, sentía que el tiempo pasaba volando y que no íbamos a llegar a tiempo.
Al llegar a la escuela, vimos a un montón de alumnos en la entrada. Todos deberían estar dentro, presentando ya. Mi estómago cayó al piso, oh mierda será que el examen no era hoy, yo revise la fecha varias veces y podría ser lógico que eso me pase a mí.
—¿Qué está pasando? — pregunto Aaron.
—Vamos a ver qué pasó— dije, tragando saliva.
Cuando nos acercamos al gran grupo de personas que había apareció el director frente a todos. Había murmullos por todos lados y todos tenían una historia diferente.
—Alumnos, lamento el retraso— anunció el director — pero los representantes de cada universidad ya están aquí para que puedan presentar su examen.
GRACIAS DIOS, hoy corrimos con suerte.
—Cada universidad tiene salones asignados. Verifiquen el tablero antes de entrar— añadió
Todos los estudiantes entramos y comprobamos el tablero. me sentía demasiado nerviosa en medio de toda esta gente, sentía que queria salir corriendo y no podía faltar el vacío en mi estomago que me dificultaba avanzar.
—Salón 102— dijo Aaron.— ¿Y ustedes?
—404 y el teatro de la escuela— respondí.
—Tengo que ir al campo de soccer— siguió Noah— y luego al salón 205.
—301— continuo Hunter.
—203— dijo Norah.
—Bien chicos, suerte, nos vemos al final del día— mencioné.
—Mucha suerte— dijo Aaron dándome un corto beso— demuéstrales que eres la mejor.
—Suerte— respondí en cuanto nos separamos del beso.
Camino al salón, mi mente no dejaba de correr. El vacío en el estómago se hacía más grande con cada paso, otra vez, era emocionante saber que voy a presentar el examen, pero la expectativa es realmente aterradora. El simple hecho de anhelar algo con todo tu ser que al final no se realice, es aterrador.
Entramos al salón y la instructora explicó cómo sería el examen: tiempos, sesiones, reglas. Cuando nos dio la orden, abrimos el libro.
Bien, aquí voy. Yo sé que puedo, sé que lo voy a lograr.
La primera pregunta apareció frente a mí:
Un individuo tiene 120 acciones que valen 60 cada una. La corporación declaró un dividendo de 5%, pagadero en acciones. ¿Cuál es el número de acciones con que cuenta ahora?
Genial. Empezábamos fuerte.
Virgen de lo que sea, ayúdame, por favor.
Tranquilízate, Sara. No es como si este examen fuera a definir todo tu futuro o a cambiarlo de alguna forma, ¿verdad? Bueno, en realidad sí lo hará. De todos modos, echemos un vistazo al salón. Vi a algunos usando reglas y otras calculadoras. Esa sensación es la peor cuando se trata de un examen. Pero ahora no es momento de pensar en eso. Necesito concentrarme y recordar lo que estudié ayer.
Mi mente insistía en recordar chistes y cervezas, no fórmulas.
Maldita cabeza.
Libros, Sara. Libros.