Acabábamos de salir de los exámenes y, dios mío, sentía la cabeza a punto de estallar. Los pies me ardían después de tantas horas bailando, y aunque tuvimos algunos recesos, no alcancé a ver a los chicos porque iban en horarios distintos. Por fin habíamos salido de todo... ahora solo quedaba la parte más agobiante: esperar los resultados. La incertidumbre me estaba comiendo viva. Ojalá pudiera tenerlos ya.
Al llegar a la entrada, los chicos ya estaban ahí, como si llevaran un buen rato buscándome con la mirada.
—Hey chicos, ¿cómo les fue? —preguntó Hunter apenas me acerqué.
—Diría que bien... creo —respondió Noah rascándose la nuca.
—¿Y tú? —preguntó Aaron mirándome directamente.
—No tengo idea. Solo espero haberlo hecho lo suficientemente bien como para entrar a la universidad.
Aaron sonrió de lado, confiado.
—Aparte de entrometida, eres muy inteligente. Y una bailarina espectacular. Te va a ir bien.
—¿Y si esperamos a que publiquen los resultados? —propuso Norah entusiasmada.
—Sería una idea maravillosa si no fuera porque los publican en dos días —se quejó Noah—. Y no pienso quedarme aquí todo el fin de semana, lo siento.
—Agg, es verdad... —bufó Norah— mi cerebro dejó de funcionar después de ese examen. Quiero saber mi maldito resultado ya.
—¿Y si vamos a celebrar un rato?— propuso Hunter.
Todos aceptaron sin dudarlo, como si la palabra celebrar les devolviera el alma al cuerpo. Yo, en cambio, ya no podía más.
—Yo prefiero irme a casa —murmuré mientras caminábamos por el pasillo.
—Sa... yo quiero estar con ellos, pero no hay quién te lleve, y no vas a irte sola a esta hora —reclamó Hunter.
—Algún día te cortaré la lengua si sigues llamándome así— exclamé.
—Yo la llevo —intervino Aaron—. Si Sara quiere descansar, eso hacemos.
Hunter suspiró resignado.
—Bien, pero te vas a quedar sola, mamá vuelve hasta el martes, ¿Recuerdas?
—No te preocupes por eso, estaré bien.
—Para que estés más tranquilo, yo me quedo con ella —añadió Aaron, pasándome un brazo por los hombros.
Quiero ir a casa no solo para dormir, quiero pensar, quiero recapitular todo este examen y toda la presentación en mi cabeza, quiero sentir que lo hice bien o que al menos tengo la nota suficiente para pasarlo.
—No sé si me tranquiliza que ustedes dos se queden solos en casa, pero si Aaron quédate con ella o si no sus pensamientos la consumirán viva— soltó Hunter.
—Okay, entonces vamos.
Los chicos se fueron en la camioneta de Noah, en cuanto el taxi se fue nos dirigimos nosotros a la camioneta de Hunter. Antes de que ellos se fueran, mi hermano me había dado las llaves.
Al subir al auto, lo primero que vi fue la sonrisa triunfante de Aaron.
—Admítelo —dijo—, soy el mejor novio que has tenido.
—No lo creo... —hice un gesto pensativo—. El más egocéntrico, quizá.
Él soltó una risa suave.
Obviamente, era el mejor novio que había tenido, pero nunca se lo diría.
—Pero sigo siendo el mejor en algo, y eso cuenta.
—Idiota— respondí sonriendo.
Al llegar a casa subí a cambiarme por algo cómodo. Cuando bajé, Aaron estaba en la cocina revolviendo gabinetes como si buscara algo.
—¿Te ayudo?— pregunté entrando en la cocina.
—Solo dime dónde están las cosas. ¿Tienes hambre?
—Yo siempre tengo hambre.
—Ni sé para qué pregunto... —respondió girándose con una media sonrisa—. ¿Qué te parecería una deliciosa lasaña?
—Suena delicioso amor, pero el horno no funciona.
—Dos cosas: primera, me enamoro más cada vez que me llamas "amor". Y segunda, puedo hacerla en la estufa.
Mis mejillas ardieron instantáneamente, cosa que él notó al vuelo, regalándome otra sonrisa victoriosa.
Amo demasiado a este hombre y el ambiente de tranquilidad que se genera junto a él.
—¿Eso se puede?— pregunté levantando una ceja.
—Tú solo siéntate y aprende— respondió él levantándome del suelo y sentándome en las sillas de la cocina, paso siguiente busco en YouTube como hacer una lasaña en una estufa.
Y justo cuando pensaba que ya no podía estar más enamorada, la vida me sorprende diciendo: "Sí, querida, todavía puedes". Allí me encontraba, observando cómo el chico más maravilloso preparaba una deliciosa lasaña para mí, con la esperanza de que fuera tan exquisita como había prometido. Por fin, la vida me muestra que merezco un amor hermoso, alguien que esté dispuesto a darlo todo por mí, alguien que me haga sentir especial. No merezco menos, y en realidad, nadie debería conformarse con menos.
Decidí pedir unas malteadas para después. Sabía de memoria el número del lugar favorito de Aaron. Mientras él terminaba de cocinar, salí un momento a llamar. Me dijeron que llegarían en unos 10 a 20 minutos.
Cuando regresé, Aaron se giró hacia mí con esa sonrisa que siempre me derrite.
—Estará lista en veinte minutos— mencionó él.
—Gracias.
—Esperaba algo más que un simple "gracias"... —dijo levantando una ceja.
Sin pensarlo dos veces, me acerqué y lo besé suavemente. Él tomó mi rostro entre sus manos, profundizando el beso con una delicadeza que me dejaba sin aliento. Sus manos bajaron por mi cintura hasta mis muslos, presionándolos con cariño antes de levantarme. Enrollé mis piernas en su cintura y el beso se volvió más intenso, más cálido.
Cada vez que lo beso comprendo que no quiero volver a sentir otros labios que no sean los suyos sobre mí, me llevó a la sala y me recostó en el sofá, sin dejar de besarnos, nos separamos un momento por falta de aire.
—Eres tan hermosa —susurró entre jadeos, dejando besos suaves en mi cuello.
Aaron empezó a dejar besos húmedos en mi cuello.
Estábamos por volver a besarnos cuando el maldito timbre sonó.
—No vayas— dijo Aaron mientras dejaba besos en mi cuello.
—Debo ir.
—Bien— soltó él de mala gana haciéndose a un lado.