Lunes otra vez... y mis nervios estaban a flor de piel. Las palmas me sudaban, el corazón me retumbaba tan fuerte que parecía querer escaparse de mi pecho. En cuanto Noah llegó por nosotros, casi salimos volando hacia la camioneta.
—¡Vamos, Noah, acelera! —le exigí mientras cerraba la puerta de golpe.
Él no respondió, solo pisó el acelerador. Miré a los demás: todos tenían la misma ansiedad dibujada en la cara, incluso peor. Íbamos inclinados hacia adelante, como si eso pudiera acortar la distancia. Era absurdo... pero hoy se definía todo.
Llegamos tan temprano que apenas estaban abriendo las puertas. Corrimos los cinco por los pasillos con los nervios disparados, como si cada paso nos acercara al posible desastre. A unos metros del tablero de anuncios, frenamos de golpe. El director acababa de colocar la última hoja. Lo vimos alejarse con calma, entrar en su oficina... y entonces reinó el silencio. Nadie quería ser el primero en romperlo.
—Bueno, es ahora o nunca —dijo mi hermano mientras nos empujaba suavemente—. Si no vamos ahora, no vamos a tener el valor en todo el día. Hay que saberlo ya.
—Vamos —susurró Norah, tomando mi mano y la de Noah al mismo tiempo.
Dios... esto podía ser el inicio de algo increíble o el fin de un plan casi perfecto. No quería sonar dramática por un examen, pero pensar en todo lo que podría venir me encendía el pecho. Cada paso hacía que el corazón se me atascara en la garganta.
—Vas a entrar, ya verás —dijo Aaron, acercándose un poco más a mí y obligándome a volver al presente.
—Eso espero... —murmuré, soltando el aire que llevaba conteniendo desde hacía minutos.
Frente al tablero, nos detuvimos un segundo que se sintió eterno. Caminamos hasta las hojas donde estaban los nombres de las universidades. Las listas eran sorprendentemente cortas...para la cantidad de gente que presentó. Sentí un vacio en mi pecho, pero con la poca valentía que me quedaba, Noah y yo dimos el último paso y comenzamos a buscar nuestros nombres.
—¡Eso, carajo!— gritó Norah empezando a dar brincos—¡Primer lugar!
La felicitamos entre risas mientras ella se hacía a un lado. Yo acerqué los dedos temblorosos al papel, recorriendo línea por línea hasta encontrarlo.
Sara Daniells.
Mierda...
550.
—¡LO LOGRÉ! —grité, lanzándome a abrazar a Norah con todas mis fuerzas.
Después de esto, Hunter y Aaron se unieron a nosotras. Noah fue el último en mirar sus resultados.
—Mierda... —murmuró antes de caer de rodillas dramáticamente—. No lo puedo creer...
Cuando nos acercamos a ver, busqué su nombre y al ver el resultado mi corazón dio un vuelco.
500.
—SOY EL PUTO AMO— grito levantándose del suelo.
Todos se acercaron y vieron la hoja.
—¡Noah, no me digas que no pasaste!— se quejó Hunter.
—Amigo, estuve a un punto literalmente de no pasar, déjame hacer mi drama.
—Saben qué quiere decir eso— dijo Aaron con una sonrisa.
—¡Somos oficialmente universitarios!— gritamos todos, saltando y celebrando en el pasillo mientras los demás estudiantes llegaban y comenzaban a revisar sus resultados.
En medio de toda la euforia, Aaron me rodeó la cintura con fuerza y me besó con esa intensidad que me desarma cada vez. Fue un instante suspendido entre risas, gritos y emoción pura. Gritamos todos, saltando y celebrando en pleno pasillo, mientras los demás estudiantes llegaban y comenzaban a revisar sus resultados.
Alguien interrumpió el momento que se aclaró la garganta detrás de nosotros.
—Jóvenes — dijo aquella voz, llamando nuestra atención — Los felicito por aprobar, pero les recomiendo que se controlen. Estoy intentando trabajar y esas muestras de afecto están prohibidas dentro de la institución, por favor.
Abrimos los ojos algo sorprendidos e intentamos aguantar la risa.
—Sí, señor— respondimos todos al mismo tiempo.
Una vez dentro de su oficina, continuamos nuestra celebración en silencio, manteniendo las sonrisas contenidas para evitar llamar su atención nuevamente.
Tras la celebración silenciosa en su oficina, nos tocó enfrentar lo peor del día: el profesor de química. Detestable era poco. Siempre caminaba como si la escuela le perteneciera y nosotros fuéramos un estorbo. Nadie entendía de dónde le nacía tanta superioridad. Pero bueno, algunos maduran a temprana edad y otros nunca lo hacen.
En cuanto él entró al salón, el silencio se volvió sepulcral, camino hacia su escritorio y dejó sus libros sobre esta girándose hacia nosotros.
—Supongo que la mayoría de ustedes ya sabrá sus resultados y por las caras de muchos veo que no fue lo que esperaban— hablo recostándose en su escritorio— no se preocupen, siempre se necesita personal de aseo aquí en la institución o personas que limpian las calles.
Me tiene que estar jodiendo, di un pequeño vistazo a todas las personas que hay a mi alrededor y algunos dejan caer un par de lágrimas sobre sus escritorios. Realmente los entiendo si no hubiera aprobado yo estaría igual que ellos.
—Me tiene que estar jodiendo... —solté, poniéndome de pie antes de poder detenerme.
—¿Disculpe? —dijo él, con la vena del cuello marcándose—. No permitiré ese vocabulario.
—¿En serio insinúa que alguien no cumplirá sus metas solo por no entrar a la universidad al primer intento? Y peor aún: está menospreciando el trabajo de servicios generales. Eso sí es una mente cerrada, imbécil— esa última palabra la pensé, pero no la dije.
—Si no entran ahora, no lo harán nunca— aclaró con firmeza—. Y para trabajar limpiando, no hace falta haber estudiado tanto, ¿verdad?— añadió con una sonrisa irónica.
—Qué comentario tan vacío, profesor. Pero está claro que solo habla desde su perspectiva egoísta. Todos aquí sabemos que sus padres le compraron el cupo en la universidad. Si hubiera presentado los exámenes como nosotros, dudo que hubiera podido ingresar, ni ser el profesor que es hoy en día. Esas personas que trabajan en servicios generales son mejores personas que usted, y estoy segura de que son mucho más inteligentes — respondí — aunque me abstendré de mencionar lo que realmente pienso sobre usted y su título que tanto presume, dado que su comportamiento deja mucho que desear.