El día por fin llegó a su fin y yo terminaba de guardar unas cosas en mi casillero cuando, por el rabillo del ojo, vi a los chicos acercarse con esa energía que siempre anuncia caos o diversión.
—Vamos a celebrar —anunció Noah, como si fuera la noticia más importante del día.
—Por una vez sí tengo ganas —respondí cerrando el casillero con un leve golpe—. ¿A dónde vamos?
—Una de las animadoras hará fiesta en su casa —informó Norah—. Varias escuelas fueron invitadas.
Hunter pasó su brazo por los hombros de mi mejor amiga con familiaridad.
—Pues vamos —dijo, como si ya hubiéramos decidido todos a la vez.
Regresamos a nuestras casas para cambiarnos por ropa más cómoda, esas prendas que uno elige sin pensarlo demasiado pero que igual te hacen sentir lista para cualquier cosa. Antes de salir, mamá me detuvo en la puerta. Tenía esa expresión de "ya vi demasiadas noticias peligrosas".
Me pidió que tuviera cuidado y mencionó un caso horrible que había visto en la televisión. Yo traté de tranquilizarla, diciéndole que estaría bien. Ella asintió, aunque sus ojos no parecían del todo convencidos.
Al llegar a la fiesta, la casa estaba tan llena que parecía respirar por sí sola. Luces de colores, música retumbando contra las paredes y un montón de caras conocidas mezcladas con desconocidos que se movían como si el mundo fuera perfecto por un rato.
Nos acomodamos en un sofá y apenas estábamos entrando en ambiente cuando un chico alto dejó una bandeja de brownies frente a nosotros. Su mirada se detuvo en mí unos segundos más de lo normal, acompañada de una sonrisa demasiado confiada.
Mis amigos tomaron uno. Yo... varios. Estaban deliciosos, como si hubieran sido hechos para que no pudiera parar.
La música cambió a una de mis canciones favoritas y algo dentro de mí hizo clic. Me levanté con un poco de torpeza y me dejé llevar hacia la pista. Las luces parpadeaban, creando un mundo donde el tiempo iba más lento.
Me abrí paso entre la gente hasta quedar en el centro. Bailé hasta sentir que el resto del mundo se disolvía. Era como soltar un peso sin saber que lo llevaba encima. Quizá era la cerveza. Quizá solo yo.
Sentí unas manos sujetarme por la cintura y asumí, sin pensar, que era Aaron. Pero al girarme, me encontré con un extraño.
Un escalofrío me recorrió entera. Su mirada no tenía nada que ver con la fiesta, y cuando intenté apartarme, mi cuerpo no respondió como siempre. Algo estaba mal. Muy mal.
Busqué a mis amigos entre la multitud, pero la pista se sentía inmensa y ellos parecían haberse evaporado.
Él se empezó a inclinar hacia mí y susurro en mi oído algo que apenas logre entender.
—No dejes de moverte así, la estamos pasando muy bien.
El miedo se estaba apoderando de mí y mi respiración se estaba empezando a volver bastante irregular, ya que yo no respondí, él no tuvo problema en seguir hablando.
Intentó acercarse más, murmurando que deberíamos ir a un lugar más "tranquilo".
—No... gracias —logré decir, aunque mi voz sonó como si viniera de otra persona.
¿Qué demonios me está pasando? No tengo ni idea de lo que estoy haciendo y me siento terrible.
Él frunció el ceño y su agarre se volvió más firme.
—Vamos, no te hagas la difícil. Mis amigos están afuera esperando —dijo mientras me arrastraba hacia la salida, su voz tenía cierto enojo.
Intenté frenarlo mientras me llevaba hacia la salida, pero mi cuerpo estaba demasiado lento, como si mis piernas ya no fueran mías. Todo estaba borroso.
Afuera, el aire frío me golpeó el rostro. Por un instante pude moverme mejor y logré zafarme. Pero él me sujetó de nuevo, esta vez con rudeza, obligándome a girarme hacia él.
—Mira, vamos a ser claros, te vas conmigo y mis amigos, sin quejarte y todo será perfecto— me exigió él— no tiene por qué ser difícil.
—Yo... no quiero —balbuceé.
Mi muñeca ardía bajo su mano. La fiesta quedaba lejos, y nadie parecía darse cuenta de lo que pasaba.
El poco control que tenía comenzó a desvanecerse.
No sé lo que me pasa, pero esta sensación no me gusta para nada. Siento como si tuviera la boca adormecida.
Cuando respondí él me soltó y me volvió a tomar de la cintura con bastante fuerza.
—Nos vamos ahora— soltó.
Podía percibir la furia en su mirada al ver que no cumplía con sus demandas, lo que aumentaba mi temor. Dirigí mi mirada hacia mi muñeca y noté lo enrojecida que estaba, con la clara marca de su mano impresa en ella. Examiné a mi alrededor y me di cuenta de que la gente estaba demasiado borracha, no parecían tener ninguna capacidad para ayudar. Además, yo misma no estaba lo suficientemente consciente como para pedir ayuda. Estaba intentando retenerlo ahí lo más que podía para que alguien me ayude, pero si esa situación seguía así un par de segundos más perdería el poco control que me queda sobre mi cuerpo.
Él no sabía qué más hacer conmigo y mi control se perdió totalmente, hasta aquí llegué no podía resistirme más, todo a mi alrededor se volvía un poco borroso. Perdería el control total en
3...
2...
1...
—Te voy a dar cinco segundos para que la sueltes si no quieres que te parta la cara— soltó una voz detrás de mí.
Sentí un alivio inmediato, como si alguien hubiera encendido la luz en una habitación oscura, el dueño de aquella voz me sostuvo por la cintura, intentando alejarme del chico sin lastimarme más. Aunque aún tenía sus manos en mis muñecas apretándolas con fuerza.
—¿Tengo que repetirlo? —dijo con firmeza— ¡Déjala en paz, idiota!
—Amigo, no tenemos porqué tener problemas, podemos compartirla.
Mi estómago se revolvió.
—No soy... un objeto— Comente con dificultad. Mi boca seguía algo adormilada
Aaron inspiró hondo, tenso como un resorte comprimido.
—Ya pasaron cinco segundos y no la has soltado— se quejó Aaron torciendo sus labios, se acercó a nosotros y empujo con bastante fuerza al chico mandándolo al piso, haciéndolo soltarme.