SARA.
El primer año.
Por fin llegó el receso de Navidad, ese momento que había estado esperando desde hacía meses: regresar a casa. Extrañaba todo de una forma casi dolorosa. A mi madre, a mis amigos, a mi habitación, a mi novio. Extrañaba incluso las pequeñas cosas que antes daba por sentadas. En resumen, extrañaba todo lo que estaba lejos de aquí. Aunque nuestra relación durante este primer año había sido buena, no estuvo libre de tropiezos. Hubo discusiones, silencios incómodos y momentos en los que simplemente no encontrábamos el tiempo ni la atención necesaria el uno para el otro. La mayoría de las veces era yo quien no lograba equilibrar todo, y aunque intentaba compensarlo, no siempre era suficiente.
Estaba a un par de kilómetros de casa, la idea era reunirnos todas las familias en mi casa, la Navidad pasada fue en la casa de los Smith, así que esta vez nos toca a nosotros y lo más probable es que la próxima sea en casa de Aaron, el camino empezaba a hacerse familiar, las casas, los autos, era mi camino a casa. Cuando el taxi se detuvo frente a la casa, bajé casi de inmediato mientras el conductor colocaba mis maletas a un lado. Me quedé quieta unos segundos, observando. Las casas, los autos, el camino. Todo era exactamente igual, y aun así, todo se sentía distinto. Al abrir la puerta, el aroma a comida casera me envolvió al instante, sintiéndome finalmente en casa.
—SA — grito Hunter acercándose rápidamente a mí.
Sin pensarlo dos veces, corrí hacia él y lo abracé con todas mis fuerzas. El perfume de mi hermano, tan familiar, me golpeó de lleno y, de pronto, entendí cuánto había extrañado este lugar. Cerré los ojos, aferrándome a ese abrazo que había necesitado durante meses.
Un par de horas después, todas las familias estábamos reunidas en la casa. Las risas llenaban la sala mientras compartíamos anécdotas y confesábamos, entre bromas, por qué aún no estábamos listos para vivir completamente solos.
—Y así fue como me di cuenta de que no debo meter aluminio en el microondas—dijo Noah terminando de contar su anécdota entre risas.
—Mi pregunta es cómo carajos creíste que meter aluminio en un microondas era buena idea—pregunto Norah entre carcajadas.
—Porque soy estúpido, a eso me dedico a hacer estupideces.
—Hablando de estupideces —intervino Hunter—, ¿y Aaron? Hace horas debería estar aquí. La cena ya casi está lista.
—Sí, según lo que me dijo debía estar aquí hace unas horas—comente—pero voy a llamarlo seguro debe venir en camino.
Salí de la sala, mis manos temblaban ligeramente mientras sacaba el celular de mi bolsillo, cada paso hacía que la ansiedad y la emoción crecieran dentro de mí. Llamé a Aaron, sintiendo cómo la ansiedad se mezclaba con la emoción. Había esperado tanto para verlo, para sentir su abrazo cálido, para dejar salir todo el amor que había contenido durante este año de separación.
Su celular sonó un par de veces y por fin me respondió.
—Amor, hola, dime— lo escuché decir al otro del teléfono.
—Amor, ¿dónde estás? Ya estamos a punto de cenar—dije, tratando de sonar tranquila pero con un deje de ansiedad en mi voz.
Lo escuché tomar una gran bocanada de aire y soltarla. En cuanto lo escuché tomar esa bocanada de aire sabía que algo malo estaba pasando, pero no me quería centrar en eso ahora.
—Amor, yo... sigo en la universidad —dijo tras una pausa que me heló el pecho—. Tenía que terminar unos trabajos y se me hizo tarde.
—¿No vas a venir?, ¿Cómo que todavía estás en la universidad?
—Yo llegaré en dos días o lo más pronto posible—se excusó él.
—Amor, no te voy a poder ver, yo en dos días tengo que hacer un pequeño viaje para una presentación que haré, esperaba que me acompañaras— hablé suavemente la desilusión era evidente en mi voz.
—Como lo siento—fue lo único que respondió.
Volví a la sala con la mirada de todos sobre mí, a la expectativa de lo que Aaron me había dicho, me quedé en silencio un par de segundos, me ponía muy triste el saber que Aaron no vendría.
La decepción se me instaló en el pecho de forma silenciosa, pesada. No era enojo, era esa tristeza que aparece cuando algo que esperabas con ilusión simplemente no sucede.
—¿Qué dijo Aaron, cariño?—pregunto Lauren.
—Él dijo que no vendrá.
—Como que no va a venir—exclamó mi madre.
—Dijo que aún estaba en la universidad, que aún no había entregado algunos trabajos—explique.
La expresión de decepción en la cara de la madre de Aaron era evidente, pero igualmente Intentamos disfrutar el resto de la noche y cuando por fin llegó la hora de comer el interrogatorio comenzó, ¿Cómo nos había ido?, ¿Qué tan difíciles son las clases? Y demás, estábamos teniendo una charla muy agradable, extrañaba esto, mi celular empezó a vibrar sobre la mesa llamando la atención de todos, dude mucho si contestar, pero al final decido hacerlo.
—¿Hola?—respondí apenas pongo el celular en mi oreja. Sin siquiera mirar quien me llamaba.
—Amor hola.
—Aaron, dime ¿Que paso?—pregunte levantándome de la mesa.
—Tu regalo ya llegó —dijo.
—¿De qué hablas?
—Sal, tu regalo te está esperando afuera y por favor sal rápido que se está congelando—explicó Aaron.
Okay, me gire hacia el comedor y todos estaban mirándome; en sus miradas veía la curiosidad y la incertidumbre de que estaba pasando, les explique rápidamente que debía salir, me acerque al perchero que estaba cerca de la entrada principal para tomar mi chaqueta.
Cuando salí me encontré con el regalo más lindo del mundo.
Aaron.
Él estaba frente a mi casa con una cajita entre sus manos, su nariz estaba roja por el frío de la noche invernal, en cuanto me vio salir, me dedico una sonrisa para después colocar una pequeña manta en el suelo, cuando ya estaba frente a él, se hincó en una rodilla y abrió la cajita frente a mí.
¿Qué estaba pasando?