AARON
31 de mayo
Hoy es un gran día. Se celebra el nacimiento de la mejor persona que ha pisado este planeta.
Sí, hoy es mi cumpleaños.
Esta fecha siempre me provoca sentimientos encontrados. Me encanta cumplir años, pero no soy fan de la atención excesiva ni de los grandes alborotos. No necesito fiestas enormes ni felicitaciones vacías; lo único que quiero es tranquilidad, pasar el día con mi familia y mis amigos, y sentirme... en casa.
—Buenos días, bichito— gritó mi hermana entrando a mi habitación con un pequeño cupcake en sus manos.
—Buenos días, Valerie —respondí mientras me incorporaba en la cama.
—Feliz cumpleaños, asqueroso. Te amo.
—Gracias—respondí dándole un abrazo.
Al salir de la ducha, revisé mi celular y me encontré con un mensaje de la persona menos esperada.
JESSICA
Hola, Aaron, feliz cumpleaños, espero disfrutes tu día. Una vez más, perdón por todo lo que pasó con Sara y todo lo que le hice a tu familia. Felices 20 años.
Me quedé mirando la pantalla unos segundos.
Esto sí no me lo esperaba.
Hacía mucho que no sabía nada de ella... y prefería que siguiera así. Agradecí el mensaje de forma breve, sin abrir la puerta a ninguna conversación, y guardé el celular en el bolsillo.
Cuando bajé al primer piso, me detuve en seco. Frente a mí había tres personas vestidas con pantalones y camisetas camufladas, el rostro cubierto por máscaras negras. Antes de que pudiera reaccionar, se las quitaron.
Noah, Hunter y Norah.
—¿Qué se supone que están haciendo?—pregunté, divertido.
—Venimos a llevarte al campo de batalla —anunció Norah, entregándome un uniforme.
—Ve y cámbiate, no puedes ir así vestido— continuo Noah.
—Pero muévete que ya nos vamos— ordenó Hunter.
Sin entender muy bien lo que estaba pasando, fui y me cambié rápidamente. Cuando volví, los chicos me subieron a la camioneta y me vendaron los ojos.
Durante todo el trayecto, con los ojos vendados, solo pensaba en una cosa: Sara. No me atreví a preguntar por ella. Prefería creer que estaba planeando algo especial, que me estaría esperando al llegar.
No quise pensar en Marco...
Desde que regresaron, pasan demasiado tiempo juntos, y Sara casi no está en casa. Eso me molestaba... pero decidí guardarmelo. No quería otra discusión.
Las ganas de quitarme la venda eran una locura; me sentía nervioso y ansioso cuando llegamos y, al quitarme la venda, no lo podía creer.
Estabamos en un campo de paintball
Tenía emociones mezcladas: nervios, felicidad, adrenalina... pero, sobre todo, gratitud. Estar ahí con mis amigos hizo que, por un momento, todo lo demás dejara de importar.
Mientras avanzábamos yo seguía buscando a Sara con la mirada, mi mirada estaba en cualquier otro lado, menos en el camino, me detuve completamente cuando sentí que choque contra algo, baje mi mirada, había chocado con alguien.
—Como lo siento, venía distraído buscando a alguien más.
—no te preocupes, yo fui la que no me fije, lo siento...—habló aquella chica.
—Aaron, mi nombre es Aaron.
—Lindo nombre Aaron— dijo ella dedicándome una sonrisa—yo soy Kara y lo siento, pero me tengo que ir, ya voy algo tarde, adiós.
No hubo más. Se fue tan rápido como llegó.
—Por si estás buscando a Sara la llamamos, pero estaba con Marco en la pista de hielo, antes de que le pudiera decir lo que íbamos a hacer, se cortó la llamada y luego su celular estaba apagado—explicó Hunter.
—No pasa nada —respondí—. Mejor disfrutemos el día.
Hicimos parejas, éramos Norah y yo contra Hunter y Noah porque dejar a los hermanos Smith juntos no era buena idea, además Norah maneja la pistola mejor que yo. Así que tenerla a ella es una victoria asegurada.
Después de mucho correr y de muchas rondas, como era de esperarse, ganamos Norah y yo hacemos un gran dúo, terminamos de jugar casi a las tres de la tarde, así que de camino a casa pedimos unas hamburguesas y llegamos a casa de Hunter casi a las cinco de la tarde, estábamos charlando y riendo en la sala.
Debo admitir que fue un gran cumpleaños, nunca me habían hecho algo así, tan a mi gusto. Siempre son a menudo fiestas en donde la gente aprovecha para llegar con gente que no conozco, me felicita por razones que ellos desconocen, pero este cumpleaños fue perfecto.
Cuando terminamos de comer oímos como la puerta principal se abría y con ella unas risas hacían eco en la habitación, Sara y Marco entraron juntos, demasiado cómodos, demasiado felices.
—Chicos, ¿Dónde estaban? —pregunta Sara sentándose en un pequeño sofá, haciéndole un espacio a Marco para que se sentara junto a ella.
Su simple existencia me dan ganas de golpearlo.
—Sara, ¿No hay nada que quieras decirle a Aaron?—pregunto Noah.
Su confusión fue evidente
—No, yo le dije que estaría algo ocupada hoy— respondió ella con simpleza.
Sentí el golpe de lleno.
Una patada en la cara dolía menos, no recordó mi cumpleaños y prefirió irse con Marco a hacer cualquier otra cosa que pasar tiempo con nosotros.
Solo me levanté en silencio y estaba a punto de irme, pero la voz enojada de Hunter llamó la atención de todas.
—No puedo creerlo, esto tiene que ser una puta broma—dijo Hunter de mala gana, se puso de pie y salió rápidamente de la sala.
Todos estábamos sorprendidos por su actitud, pero después de eso uno a uno se fueron levantando y prefirieron irse, iba a seguir mi camino sin decir nada y estaba a punto de salir, pero su voz me detuvo.
—Amor—exclamó ella.
Sin decir nada me giré en su dirección. Con una mirada totalmente seria.
—¿Qué pasa? ¿Por qué te vas así?—preguntó ella—¿No te gustaría quedarte esta noche?
—No gracias, prefiero irme, mis padres me tienen una cena de cumpleaños preparada y no puedo hacerlos esperar, con permiso, que tengan buena noche.