No eres mi primer amor.

Capítulo 40. En la cuerda floja.

MARCO

Pobre Aaron, en serio llegó a creer que podía contra mí.

Y toda esa bola de idiotas, sé cómo manejarlos; ya he lidiado con ellos.

Mi plan para recuperar a Sara va exactamente como lo imaginé. Todo comenzó con una pequeña pelea en casa de Aaron: nada demasiado grave, nada que los rompiera del todo... pero lo suficiente para sembrar la duda, para mantener a Sara alerta.

Ahora finjo interés por sus estupideces: el teatro, sus historias, su vida universitaria. La escucho hablar mientras asiento, mientras aparento atención.

La verdad es que me aburro.

Odio cuando empieza a hablar de Aaron y de lo felices que son. Esa felicidad no les va a durar.

Tengo un plan... Y, por si algo sale mal, tengo un as bajo la manga.

Estábamos en su cuarto.

Ya que ella planea llevar algunas cosas de aquí a su habitación de la universidad, intentó explicarme por qué llevar esas cosas es importante para ella y bla-bla-bla; en realidad, hace tiempo perdí el hilo de la conversación.

La pantalla del celular de Sara se encendió, llamando mi atención.

Recordatorio: aniversario con el engreído.

17 de junio.

Qué apodo tan ridículo.

Leí la notificación y puse el celular boca abajo.

Así que mañana es su aniversario; vamos a ver cómo sacar provecho de la situación.

—Sara.

—Dime—respondió ella sin despegar la mirada de lo que recogía del suelo.

—¿Quieres ir mañana a dar un paseo?

—Mañana es mi aniversario con Aaron, lo siento, Marco, pero puedes revisar en mi celular solo para confirmar si es mañana, por favor.

Fingí revisar su celular con extremo cuidado, como si realmente buscara algo importante.

—No tienes nada mañana —dije con calma—. Estás completamente libre.

—¿Seguro? —preguntó, y me arrebató el celular—. Aquí dice que es mi aniversario.

Mierda.

Nunca usa el cerebro, pero justo ahora descubrió que tiene uno. No quería tener que jugar esta carta ahora, pero bueno, no me dejó otra opción.

—Mira, Sara, no quería tener que decirte esto, pero no tienes otra opción: o sales conmigo o tu novio lo paga.

Su boca formaba una perfecta o con sus labios; pude ver en su expresión que no entendía muy bien lo que pasaba.

—Por si no lo sabías, tu noviecito mandó una solicitud para una firma de abogados en Colombia—continué— y, para tu información, mi padre es uno de los dueños de esa firma y, a menos que quieras que Aaron se pierda esa oportunidad, saldrás conmigo mañana. No está de más aclarar que no le vas a explicar por qué; es sencillo, tú decides.

Vi cómo su mirada se apagaba.

El suspiro que soltó fue pesado, casi se podría decir que derrotado.

—Está bien—soltó—. Saldré contigo mañana.

La primera vez que volví a ver a Sara, nunca imaginé que terminaría aquí.

Inicialmente, solo quería ser su amigo, pero al escucharla hablar de Aaron y ver lo felices que eran, algo cambió dentro de mí.

Me invadió un deseo intenso de recuperar lo que habíamos perdido, de ser parte de esa felicidad. Sin embargo, conforme pasaban los días a su lado, su compañía, sus libros, su danza, todo me parecía aburrido y desesperante. A pesar de todo, no puedo evitar seguir deseando tenerla a mi lado, como si fuera un trofeo que no puedo dejar de perseguir.

SARA

17 de junio.

Salimos de casa con Marco y, curiosamente, no había nadie alrededor.

Dejé mi celular en casa porque Marco no quería que nada interrumpiera nuestra salida.

Me sentía terriblemente mal; debería estar con Aaron ahora, pero en su lugar estoy con Marco. Una de las condiciones de Marco fue que jamás le contara esto a Aaron, y como el futuro de mi novio está en sus manos, no tenía más opciones que aceptar.

A Marco se le ocurrió la idea de ir por un puto helado de nitrógeno, lugar que visita toda la ciudad, así que en cuanto llegamos, la fila era realmente larga y mis ganas de matarlo son mayores.

—¿Esperamos o prefieres volver a casa y ver una película? —pregunté.

Quiero aprovechar cada oportunidad que tenga para volver a casa; no quiero estar aquí.

—No, siempre estamos en casa, podemos esperar—respondió él sonriendo.

Lo odio.

La fila tardó mil años y cuando por fin era nuestro turno, Marco tardó otros mil años en elegir un sabor, así que se nos fue todo el día en solo pedir un simple helado. Luego decidió que quería ir a ver una película que se acababa de estrenar; imaginarán la fila que había. Lo peor de todo es que se dormía por pequeños momentos; cada vez que me movía, él se despertaba.

Cuando terminamos, ya era bastante tarde, así que Marco me llevó a mi casa, me dejó y se fue; ambos estábamos demasiado cansados, no quería estar cerca de él ni un minuto más.

Antes de entrar vi que las luces de la sala estaban encendidas; claro, él se va y me deja todo el show para que lo enfrente yo sola.

Era hora del show.

El ambiente era bastante tenso, lo podía cortar con una tijera; se me hacía difícil respirar y la mirada de ellos tres sobre mí hacía que todo fuera aún peor.

—¿Dónde mierda estabas? —regañó Hunter en cuanto me vio entrar.

—Salí con Marco por un helado.

—¿Lo olvidaste? —preguntó Noah un poco menos enojado.

No, no lo olvide.

—¿Olvidar qué? —pregunté, frunciendo el entrecejo.

Qué asco doy.

—Sara —dijo Norah—. Hoy es 17 de junio.

En cuanto Norah me dijo esas 6 palabras, sentí un frío recorrer mi espalda; el sentimiento de culpa se hizo presente en mi pecho.

Había querido ignorar ese sentimiento de culpa todo el día, pero en ese momento era inevitable. El nudo que se había formado en mi garganta me hacía más difícil hablar.

—Carajo, lo olvidé, mi celular no me avisó que era hoy y se quedó sin batería —expliqué.



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En el texto hay: amor, amor adolescente

Editado: 04.03.2026

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