SARA.
Aaron consiguió quedarse un día más. He estado como loca, corriendo por todos lados para demostrarle cuánto lo quiero; solo falta ultimar un detalle: cerrar de una vez ese estúpido trato. Pensé que podríamos al menos ser amigos, pero si eso significa llegar al final de mi relación con Aaron, no estoy dispuesta. No quiero su amistad, no la necesito.
Hace unas horas le mandé un mensaje a Aaron diciéndole que se arreglara. Planeaba llevarlo a nuestro restaurante favorito, darle la noticia de que ya había mandado a Marco a la mierda y contarle un par de cosas más que tenía pensadas. Pero para concretar el plan llamé a Marco; le dije que debía hablar con él y no debe tardar en llegar.
Quería hacer todo esto con la idea de que, si Aaron se iba, al menos fuera en buenos términos. Después de pensarlo mucho, no puedo negarle la oportunidad de hacer sus prácticas en Colombia, pero quiero que se vaya con nuestra relación en su mejor punto y conmigo como un apoyo para que cumpla todo lo que desea.
Después de unos minutos de espera, la puerta de mi habitación se abrió, dejándome ver a Marco con una sonrisa de oreja a oreja.
—Cuéntame Sara ¿Que querías hablar conmigo?, ¿Te diste cuenta de que aún me amas? —preguntó él lanzándose sobre mi cama.
Tome una gran bocanada de aire y hable.
—No, no es eso. Marco, yo lo siento mucho. Intenté hacerte nuevamente parte de mi vida, pero veo que tú nunca vas a cambiar. Aaron ya es parte de la firma, así que no puedes seguir chantajeándome. Aquí se acaba el estúpido trato.
La mirada de marco se volvió vacía.
—En serio quería evitar hacerte más daño, pero tú tampoco me ayudas — dijo él.
—Evitar hacerme daño, ¿De qué hablas? — pregunte. Estaba bastante confundida.
—En serio, eres más estúpida de lo que pareces. Felicidades, tu noviecito entró. Ahora, si quieres que se quede y pueda hacer las prácticas sin ningún problema, seguirás con el trato. De lo contrario, puedo llamar a mi padre ahora mismo y decirle que elimine a Aaron de los candidatos. Piénsalo bien: el futuro de tu novio está en tus manos —comentó—. Voy a estar abajo en la sala, te dejaré pensarlo.
Y sin decir más, Marco salió de mi habitación. Me dejó completamente helada. No sé qué hacer. No quiero terminar con Aaron, pero tampoco puedo permitir que le haga eso.
Maldita sea la hora en la que pensé que hacerme amiga de mi ex iba a funcionar. Soy una imbécil. Por un lado está mi felicidad, pero por el otro está el futuro de Aaron. Dios mío, cada vez se me dificulta más respirar.
AARON.
Logré asegurarme de quedarme un día más, ya que parece que me necesitan con urgencia. Después de esa conversación con Sara, debo admitir que la decepción todavía me pesa. La chica que siempre está con Marco, que corre detrás de él para atenderlo, no es mi bailarina.
Hace mucho tiempo dejé de fumar, pero con la llegada de Marco y después de tantos tragos amargos, el deseo de encender un cigarrillo volvió a mí de forma inevitable.
Terminé de darle una última calada a mi cigarrillo y lo arrojé al suelo, aplastándolo con el pie. Hace unas horas, Sara me envió un mensaje pidiéndome que me arreglara y esperara su siguiente mensaje.
No tengo idea de lo que está pasando por su cabeza, pero sé que me voy esta noche y que esta será la última vez que nos veamos antes de partir. No sé qué está planeando, pero esto podría ser un arma de doble filo: podría cortar el hilo de nuestra relación o fortalecerlo como un nudo imposible de desatar.
Mi celular vibró en mi bolsillo sacándome de mis pensamientos.
AMOR DE MI VIDA.
Ven a mi casa, te espero en mi habitación.
Apagué mi celular, subí a mi moto y me dirigí hacia la casa de Sara. Mientras recorría las calles de la ciudad, reflexionaba sobre todo lo que habíamos vivido juntos en este lugar.
Aquí, en medio de tantas experiencias, encontré al amor de mi vida. Aunque ahora todo parece un dilema, no quiero renunciar a ella. Sé que Sara cuidará mi corazón como nadie más lo haría, y yo haría lo mismo por ella.
Estacioné la moto frente a su casa. No sé por qué me siento nervioso; no es nuestra primera cita y ya llevamos varios años, ese nerviosismo debió desaparecer, pero parece que siempre permanece ahí, oculto entre mis emociones.
Madura y entra de una vez Aaron.
—¡Sara! —grité, asomando la cabeza por la entrada principal.
Sin respuesta
¿Qué decía su mensaje?, que me esperaba en su habitación.
—Sara —repetí una vez más al entrar en la casa. Me detuve en seco cuando mi mirada se clavó en aquel chico sentado en uno de los sofás.
—Sara te está esperando arriba —comentó, dedicándome apenas una mirada antes de volver a hojear unas revistas sobre la mesa.
Cómo lo odio.
Cuando llegué a su habitación Sara se veía realmente preciosa, pero no era el momento, sin decir nada, me senté en una silla que estaba cerca a la puerta, no dije nada y espere a que hablara.
—Aaron, yo... —tomó una gran bocanada de aire— debo dejarte ir. No es justo que te quedes a mi lado si mi corazón le pertenece a Marco.
¿De qué mierda está hablando?
—¿Cómo que tu corazón le pertenece a Marco?, ¿Qué mierda está pasando?—exclame. Tenía mil preguntas, yo no esperaba que esto terminara así, ni mucho menos por él.
—Como lo siento, yo pensé que podía llegar a amarte tanto como lo amo a él—explicó ella.
Me quedé aturdido por lo que acababa de confesar. No podía creerlo. Sentía cómo mi mundo se quebraba a mi alrededor. No podía seguir ahí, en esa habitación, escuchando esas palabras.
Un nudo se formó en mi garganta, dificultándome la respiración. Mis ojos empezaron a cristalizarse con lágrimas que amenazaban con salir. Sabía que debía irme antes de desmoronarme por completo.
Sin decir más, solo salí de la habitación, La furia se apoderó de mí y no me molesté en decir nada más, creo que era bastante claro lo que estaba pasando. Baje rápidamente a la sala, escuchaba los pasos de Sara detrás de mí, pero aún estaba atónito por lo que acababa de confesarme, en cuanto lo vi no me contuve más, tome a Marco por los hombros y lo gire en mi dirección para que quede frente a mí.