No Es Nada Personal

Capítulo 3) El peso del silencio

La mañana después de la tormenta, Niamh despertó con la extraña sensación de haber cruzado una frontera de la que no había vuelta atrás. La casa de campo, bañada por una luz dorada y tranquila que contrastaba con la violencia de la noche anterior, parecía otro lugar completamente distinto al que recordaba.

Se quedó unos minutos más en la cama improvisada del salón, donde finalmente se habían quedado dormidos, cada uno en un extremo del sofá, envueltos en las mantas que Azael había encontrado la noche anterior. Él ya no estaba a su lado. Un rastro de café recién hecho llegaba desde la cocina, y el sonido de sus pasos, familiar ya después de tres semanas de convivencia forzada, resonaba suavemente por la casa.

Niamh se llevó los dedos a los labios, como si todavía pudiera sentir la huella del beso de la noche anterior. "Esto no significa nada." "No es nada personal." Las palabras que había repetido con tanta convicción le sabían ahora a mentira, una mentira que empezaba a resultarle imposible de sostener.

-Buenos días -dijo Azael, apareciendo en la puerta del salón con dos tazas humeantes-. La electricidad volvió sobre las cinco de la mañana. Has dormido como un tronco.

-No dormí bien -confesó ella, incorporándose y aceptando la taza que él le ofrecía-. Tenía demasiadas cosas en la cabeza.

-Me hago una idea de cuáles.

Se quedaron en silencio, cada uno con su café, evitando cuidadosamente el tema que ambos sabían que tarde o temprano tendrían que abordar. El resto del grupo empezaba a despertar en las plantas superiores, y pronto la casa se llenaría de voces, de risas, de la normalidad que haría casi imposible retomar la conversación de la noche anterior.

-Sobre lo de anoche -empezó Niamh, decidida a no dejar que el momento se perdiera en la rutina.

-No hace falta que digas nada -interrumpió Azael, con una calma que a ella le pareció forzada-. Fue la tormenta, el vino, la situación. No tiene por qué significar nada más.

Algo en el pecho de Niamh se contrajo, una punzada de decepción que no esperaba sentir con tanta intensidad.

-Claro -dijo, con una frialdad que no sentía en absoluto-. No es nada personal.

-Exacto.

Pero ninguno de los dos apartó la mirada, y en ese cruce silencioso había más verdad que en todas las palabras que acababan de intercambiar.

***

Las semanas que siguieron al retiro corporativo se convirtieron en un ejercicio agotador de evasión mutua. Niamh se refugió en el trabajo con una intensidad que sus compañeros no tardaron en notar, llegando antes que nadie a la oficina y quedándose hasta bien entrada la noche, como si el exceso de tareas pudiera mantener a raya los pensamientos que insistían en volver a esa terraza, a esa tormenta, a ese beso que se negaba a olvidar.

Azael, por su parte, pareció adoptar una estrategia similar. Las conversaciones entre ambos se limitaron estrictamente a lo profesional, los correos se volvieron formales, y los encuentros casuales en la sala de café, que antes se alargaban en intercambios cargados de ironía, ahora se resolvían en apenas un par de frases corteses antes de que cada uno regresara a su despacho.

-¿Estás bien? -preguntó Ronan durante su cena semanal, observándola con esa preocupación que solo los amigos de años pueden permitirse-. Llevas semanas rara.

-Estoy bien. Solo cansada.

-Niamh, llevo diez años escuchándote decir "estoy bien" cuando claramente no lo estás. ¿Qué pasó con el consultor dramático?

Ella suspiró, revolviendo la comida en su plato sin demasiado apetito.

-Pasó algo. Y luego decidimos que no había pasado nada. Y ahora actuamos como si de verdad no hubiera pasado nada, aunque los dos sabemos que es mentira.

-Eso suena exactamente a lo que predije que pasaría.

-No necesito que me lo restriegues, gracias.

-No te lo estoy restregando. Te estoy preguntando qué vas a hacer al respecto.

-Nada. Termina su contrato en dos meses. Se marchará a la siguiente ciudad, al siguiente proyecto, y todo esto se convertirá en una anécdota incómoda que intentaré no recordar.

Ronan la miró con una expresión que mezclaba compasión y una pizca de exasperación.

-¿De verdad crees eso, o es lo que te estás repitiendo para no tener que arriesgarte?

Niamh no respondió, porque, en el fondo, no tenía una respuesta clara que ofrecer. La verdad era que cada día que pasaba, la distancia impuesta entre ella y Azael le resultaba más difícil de sostener, y la ausencia de sus provocaciones, de sus comentarios afilados, de esa energía particular que solo él parecía capaz de despertar en ella, dejaba un vacío que ningún exceso de trabajo lograba llenar.

***

El momento en que la fachada de indiferencia mutua finalmente se resquebrajó llegó de la manera menos esperada: en una reunión de crisis convocada un jueves por la tarde, cuando un error en la implementación del nuevo sistema de análisis provocó que se perdieran datos críticos de todo el trimestre.

-¿Cómo ha podido pasar esto? -preguntó Whitfield, con el rostro enrojecido de frustración, mientras el equipo técnico intentaba, sin mucho éxito, recuperar la información perdida.

-El sistema no estaba diseñado para gestionar el volumen de datos que se cargó ayer -explicó Azael, manteniendo la calma a pesar de la evidente tensión en la sala-. Necesitamos tiempo para reconstruir la base a partir de los respaldos.

-No tenemos tiempo. La presentación para la junta directiva es en tres días.

Niamh, que había pasado las últimas horas intentando localizar copias alternativas de los informes, levantó la vista de su ordenador.

-Tengo los archivos originales que usé para las verificaciones cruzadas del mes pasado. No están completos, pero podrían servir de base para reconstruir al menos el sesenta por ciento de los datos perdidos.

-¿Puedes tenerlos listos para mañana? -preguntó Whitfield, con una urgencia que no dejaba lugar a negociaciones.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.